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Opinión

En un momento en el que se consumen libros, tanto de manera electrónica como en formato físico, se vuelca un cuestionamiento entre la clase pensante de París: ¿acaso las personas se encuentran leyendo más que nunca o sólo es un pretexto para decir que se vende más la lectura exprés de autores comerciales?

Además, el uso exacerbado del Internet, que también es incentivado por blogs y redes sociales, es el pretexto justo para afirmar que las nuevas generaciones sí están interesadas en la literatura, aunque su déficit de atención sea mayor y los adultos de la generación X están reticentes a adaptarse a las nuevas tecnologías.

Con pensamientos como estos, es como Olivier Assayas llega a cines nacionales con Doble vida, cinta necesaria en la era moderna, en la que Internet no es igual a información, y la hipocresía se vuelve un instrumento de doble filo para tapar la realidad o engañar a sus semejantes.

“La digitalización de nuestro mundo y su reducción a algoritmos es el vector moderno de un cambio que nos confunde y nos abruma implacablemente. La economía digital infringe las reglas, y con frecuencia las leyes. Además, cuestiona lo que parecía más estable y sólido en la sociedad y la realidad que nos rodea, solo para disolverse en el mero contacto”, es lo que declara Assayas de su nuevo largometraje, en un comunicado a medios.

La producción francesa juega con la ironía de la vida, aderezada con el espejo real de la humanidad que se ha vuelto universal: el ghosting como medida de egoísmo personal, la distracción constante en apps de mensajería, el consumir streaming como aliciente a la cotidianeidad, entre más ejemplos que seguramente cualquier lector podrá corroborar y verse reflejado en ellos.

Los aciertos de Oliver Assayas son claros en su ficción, además de tener un reparto sobresaliente, en el que destaca la actriz francesa por excelencia Juliette Binoche, quien curiosamente hace el rol de una mujer que se dedica a la actuación y se cuestiona si es que acaso sus papeles tienen una trascendencia en el arte.

Doble vida llega a ser una reflexión, nunca una crítica, en el tiempo histórico justo que se necesita, es un respiro entre el cine comercial y los estrenos de verano, para debatir que renunciar a nuestra intelectualidad es completamente una opción, no una imposición de los demás.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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