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Opinión

(…) La noche quiere que esta noche olvides

tu nombre, tus mayores y tu sangre,

cada palabra humana y cada lágrima,

lo que pudo enseñarte la vigilia,

el ilusorio punto de los geómetras,

la línea, el plano, el cubo, la pirámide,

el cilindro, la esfera, el mar, las olas,

tu mejilla en la almohada, la frescura

de la sábana nueva, los jardines,

los imperios, los Césares y Shakespeare

y lo que es más difícil, lo que amas.

Jorge Luis Borges

El sueño – La cifra (1981)

¿Quién es aquel, que nunca ha deseado escapar de su presente? Un farsante, un mentiroso, un perdedor, todos en algún momento de nuestra existencia hemos querido ese anhelo, de volverse invisibles, de sólo fugarnos, de simplemente desaparecer, porque la vida se vuelve insoportable y nada podemos hacer para evadirla.

¿Nunca te has detenido a escuchar una conversación ajena? O a ver pasar a alguien por la calle, que te resulta llamativo, y empiezas a soñar en qué podría ser su vida, ¿a dónde camina con tanta prisa?, ¿por qué se aferra a ese cuaderno con tanto fervor? o ¿cuál será su pasado?

A falta de inspiración en su día a día, un escritor frustrado sale a las calles de Londres, y comienza a observar a las personas, las sigue por un rato, cuestiona sus manierismos, pero este pasatiempo pasa de ser un inocente recorrido peatonal, a una peligrosa espiral de intriga que nunca imaginó.

Filmada en blanco y negro durante un año, con un presupuesto de 6 mil dólares, y con este argumento de por medio, fue como Christopher Nolan realizó Following (1998), su ópera prima, aunque su profesión no era ser cineasta, ya que estudió literatura inglesa.

Después de que robaron en su domicilio, Nolan tuvo la idea de hacer esta cinta hace poco más de 20 años, ya que se preguntó: ¿Qué pensaba la gente mientras hurgaban en las pertenencias ajenas?

Y es que en el filme, el pretendiente a literato conoce a Cobb, un ladrón que descubre que es seguido por el autor errante, y juntos empiezan a suponer en torno a la conducta ajena de sus víctimas de hurto, sólo con ver sus posesiones materiales.

Sin tener idea de cómo hacer una película, Nolan sacó adelante este largometraje de apenas 70 minutos de duración, pero fue gracias a este proyecto que se dio a conocer en el mundo del séptimo arte con su estreno en 1999, y ahora es uno de los realizadores más sobresalientes de su generación.

En cierta manera, la desesperación del escritor anónimo por encontrar un motor a sus letras, fue el arrojo que Nolan tuvo para, a su vez, hacer esta ficción, al final ambos buscaban un mismo objetivo, huir del amargo sabor de su realidad.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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