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Opinión

A 67 días de iniciado el cerco sanitario, de que esto se declarase como emergencia de salud pública, al fin (sí así es)me hice de mi primer mascarilla que realmente tiene un uso fidedigno contra el coronavirus, la N95 fabricada por 3M.

Quienes me conocen, saben que hasta ahora, salía a la calle sin taparme el rostro, cuando se me exigía cubrirme, bastaba con un simple pañuelo rojo, porque a estas alturas, ya es más que bien sabido, en el sentido respiratorio NADA nos defiende contra el covid19, más que una mascarilla con un debido filtro, el N95.

Y pues como cada vez más se prohíbe la entrada a ciertos espacios, permitiendo solo a los portadores de una careta ridícula inservible o el dichoso “cubrebocas”, pues al menos  voy a hacerme de la única medida que pretende funcionar.

Pasamos de Fase 3 a Fase roja (¿Juat?) y porque tercer mundo, los mexicanos siguen en las calles, evidentemente aquí los panoramas desérticos que predominaron en miles de ciudades extranjeras, aquí jamás se vivió y ni se vivirá, simplemente, mientras escribo esta columna a las 16:09 se escucha el carrito de los camotes circular, veo por la ventana a repartidores en bicicleta sin protección bucal y demás peatones sin temor de dios (sí con minúscula por favor).

Dígase de paso, que ese carrito (desconozco sí sea el mismo) molestaba con su alarido a las 23 horas del día anterior ¿realmente venderá sus plátanos asados con lechera? O ¿será un “punto” móvil para aquellos junkies necesitados de un “alivio” a su estrés?

Volver a la normalidad… ¿realmente alguien quiere volver a ser normal? Después de lo vivido, seguro que habremos millones que estamos viendo esto como una oportunidad de cambio, pero sobretodo de un nuevo bienestar, finalmente el mundo nunca ha sido para los débiles, seguiremos en pié de lucha, quienes logramos sobrevivir y entender la evolución de la vida.

Pero mientras, ¿qué tal? A gastar el dinero que nadie tiene en ventas en línea en un momento catártico para la ciudadanía, esta “venta caliente” espero que no nos deje más en la ruina financiera, ya que de por sí se rumora que las arcas gubernamentales están vacías, todo parece indicar que este seguirá siendo un país de pobres, de jodidos y claro, de personas sin memoria histórica.

La trilogía sucia de Miami (Armas, secuestro y drogas)

Cambiando un poco el rumbo de las recomendaciones semanales, hoy me enfocaré solo en tres películas, las cuales tienen un mismo escenario particular: Miami, Florida, ese lugar paradisiaco, lleno de latinos, palmeras, calor, y por supuesto también comparten estupefacientes, mafiosos y negocios en opacidad, por si fuera poco, están basadas en historias de la vida real.

Amigos de armas (2016) película de Todd Phillips conocida como War dogs en inglés, fue una mezcla hilarante entre acción, corrupción y la amistad de dos chicos que se conocen desde adolescentes, pero que ahora siendo adultos, se adentran a venderle todo el armamento posible al pentágono.

Y esta es la historia, pongan atención, de cómo su vida se transformó, cambió de arriba abajo como nunca pensamos y llegaron a ser príncipes de todo Miami, bueno algo así, la realidad es que Efraim Diveroli (Jonah Hill) alega que Amigos de armas ficcionaliza gran parte del argumento en donde él y su cuate David Packouz (Miles Teller) logran las licitaciones de equipamiento para el ejército, en fin, véase como lo que es, una película y a divertirse.

Para dar continuidad a que “el crímen no paga”, tenemos Sangre, sudor y gloria, largometraje a cargo de Michael Bay (¡¿Qué?!) sí así es, el mismo director de Transformers (2007-2017) donde narra cómo es que una triada de fisicoculturistas con mucho músculo pero poco cerebro, cree que secuestrar a un empresario de medio pelo, cumplirá todos sus deseos.

La historia real ocurrió circa 1994, cuando Daniel Lugo (Mark Wahlberg) un hombre con cero dinero, pero mucho espíritu emprendedor, decide raptar a uno de sus clientes en el gimnasio Sun, para ello platica con sus compinches Adrian “Noel” Doorbal (Anthony Mackie) y Paul Doyle (Dwayne Johnson) para ejecutar el plan, que sale completamente al revés de cómo lo tenían contemplado, el periodista Pete Collins recopiló lo sucedido y lo publicó de manera serial en el Miami New Times en 1999, para posteriormente hacer un libro en 2013.

Y cerrando el círculo de lo que denomino La trilogía sucia de Miami, tenemos a Scarface (1983) este ahora clásico de Brian De Palma, que debemos recordar, no solo como una gran adaptación, ya que es un refrito de otro filme del mismo nombre de 1932, sino como el ejemplo que muchísimos realizadores luego siguieron para curtir el género de la narco-ficción.

El cubano Antonio “Tony” Montana, no existió en la vida real, tampoco Tony Camonte, el nombre del personaje de la primera versión de Scarface, sin embargo, de este último sí hay una reminiscencia directa hacia el más grande capo estadounidense, que incluso llegó a pisar la famosa prisión de Alcatraz: Al Capone, que dicho sea de paso, ya está lista una versión fílmica del “Big Al”, estelarizada por Tom Hardy y de la que no se tiene fecha de estreno por la pandemia global.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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