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Opinión
Índira Kempis

“¿Lo puedes creer?” Es una pregunta que me he hecho. Tras 6 meses de incursionar por primera vez decidida, pero con incertidumbre, en la política y, luego de 3 meses de una campaña intensa por el Senado, tengo la certeza que de mis batallas en lo público (mire que en algunas he expuesto mi integridad física) ésta es la más contracorriente.

En una elección histórica para México en donde participaron más candidatas que candidatos; en donde la izquierda-derecha (y todo a la vez) arrasó bajo el liderazgo político de AMLO después de 12 años en la búsqueda de la Presidencia; en donde la deuda son los contendientes asesinados en la jornada sangrienta. Y en un enorme proceso que puso a prueba a las instituciones; ahí me metí.

En medio de eso, tuve que sortear el ‘maremoto’ que es hacer política con ética. Porque en estos meses me he dado cuenta que si bien la política es compleja, tampoco es producto de la casualidad. Así, por ejemplo, sí es cierto que “amigos” y “enemigos” brotan como por arte de “magia”. A veces hasta en personas que dejaste de ver por años. Entonces, entiendes que el mal político no nace, se hace. Más bajo presión social del “que tanto es tantito” o “nadie se va a dar cuenta”. Hay que tener como dice mi profesor Antanas Mockus, implacabilidad moral incluso con los propios amigos. Con ellos todavía más.

Me pasó que, incluso, algunas personas de la sociedad civil, esparcieron rumores e información falsa y que hubo quienes pidieron que no votaran por mí. Por supuesto, tienen ese derecho. Sin embargo, sí me preguntaba cómo es que ese encono no era igual para los corruptos. Eso me dejó desconcertada, pero no me quitó el sueño, porque a algunas de esas personas no conozco, no me conocen o creen que me conocen.

También, tuve el embate de leer una nota comprada sobre mi compañero de fórmula en donde lo acusaban de cosas que no eran ciertas. Qué difícil fue preguntar esa mañana que se me dijera la verdad.

Vaya, se te presentan los escenarios más adversos en donde importan las decisiones éticas y el buen juicio para no ser arrasado por olas de desconfianza que no permiten construir y que nos dejan, como de costumbre, en situaciones donde el desencanto gana, ¿quién quiere ser parte de eso? Y ahí el problema grave social que tenemos, porque nos hacemos a un lado dejándole las decisiones importantes de lo público. Una vez más, no permití que eso me alejara del propósito que tenía, pero sí reflexionó que tenemos que cambiar la forma de hacer política, no puede seguir siendo una guerra sucia a billetazos. Porque lo que más se lastima no es la credibilidad o imagen de los candidatos, sino la confianza de la ciudadanía.

Para no desfallecer, en esos momentos difíciles, me repetía lo que le aprendí a mi amigo Sergio Fajardo: “La política saca lo peor de las personas, pero nosotros debemos sacar lo mejor”. Lo mejor de mí, lo mejor de los demás.

Así, con gente valiente se armó un equipo de trabajo chiquito pero grandioso que salieron a defender mi lugar, al que les repetía que no tenían la obligación de votar por nosotros, pero que pensaran en lo que nos inspira para cambiar la realidad de Nuevo León. Ahí debe estar la visión sobre las diferencias.

Como mujer, la adversidad fue mayor que la que ví de mis compañeros hombres, adentro y fuera de la política. En un evento universitario tuve que subirme junto con mis compañeras de las otras plataformas para estar en la foto. Porque de por sí no nos habían invitado a participar en el foro, así que en un atrevimiento nos metimos. Desde niña he convivido más con hombres en las áreas en las que soy experta (urbanismo y seguridad), hay más hombres que mujeres, pero estoy segura que ninguno tan machista como la política. La gran ventaja es que se asoman grandes cambios para el país, entre ellos hacer de la paridad no sólo un enfoque de género sino una realidad social.

Gran responsabilidad es ganar una elección por mayoría relativa -por votos-. El reto debe seguir siendo colectivo para lograr los cambios que necesitan mucho más de nuestro esfuerzo como de más gente decidida a involucrarse en solucionar los problemas. Esa es la clave. La decisión más importante es la de crear todos los días el país que soñamos.

Para ser mi primera vez en la política e ir al Senado debe ser personalmente la oportunidad de llevar la agenda de los temas que he trabajado durante 10 años y que considero claves para el futuro de México.

Gracias a quienes leen esta carta. A la ciudadanía que demostró su compromiso cívico el 1 de julio de 2018 que ya es histórico en la fórmula al Senado en Nuevo León. A este medio de comunicación por su paciencia ante mis entregas desfasadas.

Recordemos, cada mexicano, que a nosotros nos toca no querer el cambio, sino hacerlo. Podemos. Siempre podemos.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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