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Opinión

¿Estás seguro que estarán aquí día y noche? Le preguntaba hace 100 días a mi amigo, el activista y defensor de los derechos de la comunidad LGBTTTIQ+ en el noreste del país. “Tenemos que estar”, me respondió cortante y a la vez determinante sobre lo que se ha convertido en una noticia incluso internacional: una carpa color blanco que resalta con la bandera arcoíris al frente del Congreso de Nuevo León.

Las semanas han transcurrido y mis dudas se disipan una vez que estando ahí he sido testigo de algo que ya había observado de la participación civil de esta comunidad, pero quizá no había reflexionado tanto como hasta ahora.

Las decenas de historias de amor abiertas y en el clóset de personas cuya preferencia sexual es rechazada porque la cultura nos enseñó que había una exclusivamente “normal” o “natural”. Pero que están dispuestos a estar 24 horas vigilantes de que las iniciativas por las que han luchado durante décadas sean debatidas y, por supuesto, aprobadas bajo el marco del cumplimiento del Estado de Derecho que como sabemos es y debe ser ajeno a la perspectiva religiosa o moral de los individuos.

Tres son las iniciativas: Matrimonio igualitario, registro de hijos e hijas de parejas del mismo sexo e identidad de género. En estos próximos cien días que se cumplirán el martes 13 de febrero, habrán firmado más de 3 mil personas. Una muestra muy significativa de las necesidades no de una minoría, sino del respeto a los derechos humanos de los habitantes de Nuevo León que merecen una agenda legislativa incluyente de derechos llamados emergentes que si bien no todos ocupamos, queremos, demandamos, es el Estado el que debe garantizar que se tienen las opciones que brinden derechos y obligaciones a quienes sí los harán valer ahora o en el futuro.

Reconozco que éste es un tema polémico que en algunas personas causa encono, repulsión o incluso genera sentimientos como el odio ante un escenario social que no es que diste mucho del de hace unas décadas, sino más bien que siempre ha estado ahí pero que no ha obtenido ni la visibilidad ni la aceptación de la intervención del Estado, en este caso del Poder Legislativo.

Más allá de las fobias o de las filias o incluso de la preferencia sexual, esta participación civil debe ser atendida desde el enfoque del respeto a los derechos humanos y al Estado de Derecho.

Una vez otorgadas las facultades en lo público, cada quien tiene la libertad de decidir en su vida privada cómo piensa o siente que deba ser como ser humano, valga el pleonasmo.

En un mundo que se supone debería ser más partidario de tener criterio, perspectiva y análisis ante la nueva y constante información que, por supuesto, podemos poner a debate, lo que se necesita es, precisamente, decisiones en lo público que sean conciliadoras de demandas emergentes, que promuevan la inclusión, la convivencia, la dignidad y el respeto irrestricto por cualquier ser humano no importando, como se dicta en la Constitución Política, cualquier distinción ajena a las garantías individuales.

Mario, Omar, Jennifer, Nadia, Pepe, Alex, Mariaurora y los que pertenecen al Movimiento por la Igualdad en Nuevo León están dando una muestra de participación civil que seguramente abrirá mayores posibilidades de la discusión sobre sus derechos como las que no podremos evadir como la sociedad que somos.

100 días y seguirán ahí, plantados frente al Congreso.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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