Además de la lucha cotidiana para obtener derechos básicos como seguridad, empleo y acceso a la salud, las mujeres trans enfrentan a nivel mundial la exclusión de grupos autodenominados feministas que no las consideran mujeres porque no fueron asignadas así al nacer.

En Inglaterra, España, Argentina, Chile e incluso México existen partidos y colectivos que excluyen a las mujeres trans porque no las perciben como parte del sujeto político del feminismo: la mujer.

Mar Cambrollé, presidenta de la Federación Plataforma Trans del Estado español, explica que algunas voces antiderechos trans se esconden dentro de las filas del feminismo, pero opina que son minoritarias.

Por ejemplo, el Partido Feminista de España se opone a la Ley sobre la protección jurídica de las personas trans y el derecho a la libre determinación de la identidad sexual y expresión de género.

“El Partido Feminista de España está integrado por dos o cuatro personas. Es un partido minoritario que sólo ha hecho dos congresos en 40 años y se ha caracterizado por mantener un discurso ofensivo y contra los derechos de las mujeres trans”, comenta Cambrollé.

La comisión política de este partido publicó un comunicado el 4 de diciembre pasado en el que menciona que el lenguaje utilizado en los últimos años por una parte de las recién llegadas a las filas del feminismo pretende eludir referirse al sujeto mujer.

“Lejos de esa aseveración, lo que la Ley sobre la protección jurídica de las personas trans pretende es ampliar el concepto mujer en toda su diversidad. Reivindicamos que las mujeres pueden ser negras, blancas, ricas, pobres, lesbianas, bisexuales, heterosexuales y transexuales, con lo cual no queremos eliminar al sujeto mujer, sino ampliarlo en su gran diversidad”, menciona la presidenta de la Plataforma.

La representante del frente español afirma que es significativo que las publicaciones del Partido Feminista Español sean difundidas por partidos de ultraderecha como Vox y asociaciones conservadoras como Hazte Oír.

El fenómeno de exclusión a las mujeres trans no se reduce a España. Cambrollé comenta que existen colectivos y partidos que no las quieren en sus filas en diferentes países como una reacción a que cada día son más visibles, tienen más derechos y una agencia política propia.


Es una reacción al avance que está logrando en este siglo el último grupo más deshumanizado a nivel legislativo y a nivel de atención sanitaria. Esto ha despertado una gran corriente reaccionaria, pero que es un monstruo herido de muerte que no va a tener repercusiones en las legislaciones ni en la sociedad

Mar Cambrollé

Presidenta de la Federación Plataforma Trans del Estado español

Cambrollé enlista los triunfos de la comunidad trans que molestan a los grupos reaccionarios como el hecho de que Argentina creara en 2012 una ley que es considerada el estándar para el reconocimiento legal del género.

Esta norma estipula que cualquier persona mayor de 18 años puede elegir su identidad de género, someterse a un cambio de sexo y revisar los documentos oficiales sin aprobación judicial o médica previa, y los niños pueden hacerlo con el consentimiento de sus representantes legales o por medio de un procedimiento sumario ante un juez.

Además, países como Colombia, Dinamarca, Irlanda y Malta eliminaron en 2015 barreras al reconocimiento legal del género. Por primera vez, la gente comenzó a cambiar su indicador de género en los documentos con solo presentar los formularios correspondientes.

Por otro lado, Nepal fue el primero en incluir una tercera opción de género en su formas de censado. En 2007, la Suprema Corte del país declaró ilegal la discriminación por cuestión de género.

“Cuando se dan las condiciones para que la voz del sujeto trans sea escuchado como un sujeto y no un objeto de estudio, se genera un pánico moral y se empieza a decir que hay borramiento en los espacios políticos de las mujeres asignadas como tales al nacer”, comenta Siobhan Guerrero, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y activista trans.

La también doctora en filosofía de la ciencia detalla que las mujeres trans no pueden borrar a las personas asignadas con el género femenino al nacer porque las primeras representan el .5 por ciento del total de la población en México y es imposible que con ese nivel demográfico sustituyan al sector que representa la mitad.

“No es una sorpresa que en un momento en donde estamos viendo un avance de derechos, una mayor visibilización y una normalización de las personas trans, una parte importante haya dicho ustedes aquí no van”, menciona Guerrero.

Aunque tengan más visibilidad y agencia política en algunos países, las personas trans aún son uno de los sectores más vulnerables a nivel mundial. Tres mil 314 personas trans y génerodiversas fueron asesinadas a nivel global entre enero del 2008 y 30 de septiembre del 2019, de acuerdo con los registros del proyecto Transrespect versus Transphobia.

El origen

La activista e investigadora Siobhan Guerrero argumenta que el feminismo que excluye a las mujeres trans tiene su origen en las ideas de Janice G. Raymond, una exmonja que se asumía como lesbofeminista.

Ella hace una crítica a la transexualidad en su libro The Transsexual Empire: The Making of the She-Male.

“Todos los transexuales violan el cuerpo de la mujer al reducir la verdadera forma femenina a un mero artefacto”, expresa G. Raymond en su libro publicado en 1979.

“Con Janice Raymond nace el feminismo radical transexcluyente. En México ya existían voces lesbofeministas que no querían militar con mujeres trans desde los setenta, pero la ola actual nos llega por influencia del Estado español hace tres años y medio”, describe Guerrero.

También en México discriminan a mujeres trans

Aunque los países con grupos transexcluyentes tienen elementos en común, la activista e investigadora Siobhan Guerrero identifica que en cada nación los colectivos o partidos no consideran a las mujeres trans por razones diferentes.

Por ejemplo, Guerrero opina que en el caso de México la intensificación de las violencias misóginas provoca la construcción de sujetos políticos cada vez más cerrados y por eso algunas feministas no consideran a las mujeres trans en sus luchas.

“Hace 15 años teníamos un sujeto político que se desdibujaba y que hacía alianzas con las personas LGBTTTI y sujetos racializados, pero la cantidad de las violencias misóginas generó un discurso donde en vez de enfocarse en una estructura o en un proceso, lo personaliza en la mujer trans como el sujeto portador de esta misoginia”.

Guerrero también identifica grupos transexcluyentes en Inglaterra, España, Argentina y Chile, pero precisa que la diferencia entre ellos es que algunos se mueven en espacios institucionales mientras otros en las calles.

“Curiosamente no se da en los mismos lados, porque en España se da en espacios como los partidos políticos feministas, las academias e instituciones. En Argentina y en Chile se da en los feminismos callejeros y en México es igual. En donde parece que está muy regado es en Inglaterra, pues está en todos lados”.


Los transfeminismos y los grupos transexcluyentes mexicanos pueden coexistir si no caen en actos de deshumanización

Guerrero cree que una posible respuesta a este fenómeno es que las personas trans, los transfeminisos y los grupos transincluyentes coexistan con una agenda en común y el acuerdo de no caer en actos de deshumanización.

“Alguien puede decir que no está de acuerdo con que el sujeto político del feminismo sea un sujeto feminizados, que no fue asignado como mujer al nacer, pero eso no implica caer en prácticas de deshumanización donde se ignore la violencia o los asesinatos hacia las mujeres trans. Para mí ese sería el paso fundamental”.

La activista añade que la discusión sobre los grupos transexcluyentes distrae de otros temas como el avance de la revangelización en América Latina y de otros discursos que discriminan a las personas LGBTTTI.

“El movimiento transexcluyente no se da cuenta de lo mucho que ha comprado el discurso biologicista de la propia derecha. A muchas no les interesa conocer la vida de las personas trans. Hay una mirada desde el prejuicio y una antiintelectualidad en donde no se lee lo que se ha escrito. No hay un acto de escucha y eso es muy triste”.

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