Por primera vez en años el mote que le endilga el gobierno del presidente Hugo Chávez al partido liderado por Capriles se hizo más patente que nunca: la oposición “escuálida” de votos sólo consiguió tres de las 23 gobernaciones venezolanas en los comicios regionales del domingo.

Los opositores, de quienes Chávez destaca su flaca representación, perdieron bastiones clave como el estado petrolero de Zulia y el de Carabobo.

La única piedra que sigue en el zapato del chavismo es Henrique Capriles, el líder opositor que ganó la relección en el estado central de Mirand al candidato del gobierno y ex vicepresidente Elías Jaua.

Con el mapa venezolano teñido de rojo, el color que tradicionalmente ha identificado a los seguidores del presidente Chávez, la gran pregunta ahora es que hará la oposición venezolana para sobrevivir y enfrentar una eventual nueva elección presidencial.

Las razones de la derrota opositora, según los analistas, están principalmente en que la alta abstención favoreció a los candidatos del gobierno que están más organizados para movilizar a sus simpatizantes. 

A ello se sumó la falta de un mensaje claro alternativo al chavismo, mientras la campaña oficialista centró en los últimos días su discurso en que una victoria sería el mejor regalo y medicina para Chávez.

“Hay que revisar toda la estrategia” opositora, dijo Carlos Blanco, profesor de la Universidad Central de Venezuela. “Sería una pésima (estrategia) atribuir a los electores la culpa… Yo creo que en todo caso la dirección opositora debería plantearse por qué no logró no sólo reunir la misma cantidad de electores que reunió hace pocos meses, sino incrementarlos”, agregó.

David Smilde, profesor de sociología de la Universidad de Georgia, dijo que los candidatos del presidente se vieron favorecidos por la incertidumbre de los venezolanos sobre el futuro del país sin Chávez.