"Si estos resultados se confirman, entre un 55 por ciento y un 60 por ciento de los italianos han votado brutalmente contra el euro, la Unión Europea, Merkel y Alemania”

Enrico Letta

Dirigente de centroizquierda


"La primera es la gran sorpresa que ha dado el Movimiento 5 Estrellas, y la otra es el resultado decepcionante de la coalición de Monti”

Massimo Franco

Columnista del diario Corriere della Sera

La jornada electoral, que terminó ayer a a las tres de la tarde, estuvo reñida especialmente en el último tramo del recuento de votos. Y esto porque Silvio Berlusconi, líder de una coalición de derechas, estuvo a punto de alcanzar a Pier Luigi Bersani, líder de la coalición de centroizquierda, sitúandose a menos de un punto porcentual de este.

Pero finalmente, el ganador, tal y como habían apuntado todos los sondeos, fue la coalición de Pier Luigi Bersani, conformada por el Partido Democratico (PD), Sinistra ecología e libertà (Sel, Izquierda, ecología y libertad), Centro Democratico y Südtiroler Volkspartei (Svp).

Según el periódico italiano La Repubblica, cuando solo faltaba el recuento de cinco secciones de un total de 61 mil 446 secciones, la coalición de Bersani obtuvo 10 millones 46 mil 220 votos (un 29.5 por ciento) y la de Berlusconi, conformada por Il Popolo della libertá (Pdl, El pueblo de la libertad), Lega Nord (Liga Norte), Fratelli d´Italia (Hermanos de Italia) y otras seis formaciones minoritarias de derechas, se quedó en segundo lugar, muy cerca del empate con Bersani, con 9  millones 921 mil 722 votos (un 29.1 por ciento).

Otros que provocaron sorpresa con sus resultados además de Berlusconi fueron Mario Monti y Beppe Grillo. El primero, por no responder a las expectativas y el segundo por sobrepasarlas. La coalición de Monti, formada por Scelta Civica con Monti per l´Italia, Unione de centro (Udc) y Futuro e libertà (Fli), obtuvo 3 millones 591 mil 302 votos (10.5 por ciento). El MoVimiento 5 Stelle, por su parte, 8 millones 687 mil 313 votos (25.5 por ciento).

En cuanto a los resultados del Senado, Bersani obutvo el   31.6 por ciento, Berlusconi el 30.7 por ciento, Grillo el 23.8 por ciento y Monti el 9.1 por ciento. El resto de formaciones no alcanzó los suficientes votos que marca la ley para entrar al Senado o a la Cámara de Diputados.

El problema ahora va a ser formar gobierno. En un principio, se pensaba que si Bersani no contaba con los votos necesarios para formarlo, podía unirse con Monti. Sin embargo, con los resultados obtenidos, esta opción también se complica.

Además, aunque logre hacerlo –ayer ya se especulaba con la posibilidad de convocar otras elecciones–, la representación de Berlusconi en el Senado puede volver ingobernable el país al bloquear las propuestas de ley aprobadas en la Cámara de Diputados, pues aquí el Senado tiene el mismo peso que el Congreso. Habrá que ver los movimientos de los próximos días.

— Bersani y su coalición

Pier Luigi Bersani, quién lidera la coalición de centroizquierda formada por el Partido Demócrata (PD) y por Izquierda, Ecología y Libertad (SEL por sus siglas italianas), es, según El País, un excomunista y un experto en historia del cristianismo que oculta lo primero y menciona lo segundo en su biografía oficial escrita en primera persona y accessible a través de la web del PD.

El periódico español lo califica como un “politico profesional” con un largo recorrido por la política italiana y cuyo perfil es el de un “gestor serio y trabajador, capaz de llegar a acuerdos y enemigo de las promesas vanas”.

La publicación, también española, Diagonal, compara a la formación SEL con la española Izquierda Unida –una aglutinación de varios partidos comunistas y de izquierdas que actualmente es la tercera fuerza política del país y que se sitúa más a la izquierda que el PSOE–, y al PD con el PSOE (Partido Socialista Obrero Español), pero siendo el PD más conservador en el campo de los derechos civiles. 

Esto significa que, a pesar del miedo que quizás genere en algunos sectores que Bersani fuera comunista en su juventud, en realidad es percibido como una izquierda descafeinada. 

Lo que no quita que, ya en el gobierno, trate de corregir algunas de las reformas de Monti suavizando los recortes al Estado social e impulsando la creación de empleo.

— Beppe Grillo entra en escena

El cómico y crítico bloguero convertido en líder politico ha entrado definitivamente al terreno del juego de la política formal en estas elecciones.

De hecho, si se toman en cuenta solo los resultados por partido, el de Beppe Grillo, el Movimiento Cinco Estrellas (M5S), sería el que más escaños habría obtenido en el senado, ya que ni Berlusconi ni Bersani contendieron solos.

Grillo, al que muchos calificaron de populista, logró sumar adeptos mediante una crítica de los partidos tradicionales después de que estallaran varios escándalos de corrupción.

Sin embargo, como señala la publicación Le Monde Diplomatique en su número de octubre en el artículo “Otro hombre providencial para Italia”, aunque Grillo haya tratado de identificarse con movimientos como el de los “indignados” en España u “Occupy Wall Street”, la diferencia entre estos últimos y Grillo es que el cómico no cuestiona el sistema, sino que simplemente considera que este ha sido corrompido por politicos inmorales. 

El artículo remite a la página de presentación de uno de los comités locales para explicar que el M5S se considera a sí mismo un “movimiento líquido”, una “asociación libre de ciudadanos” que funciona sin una estructura jerárquica, sin secciones ni carnet de militante y cuyo único lugar de referencia es el blog Beppegrillo.it. Además, según AP, Grillo no puede tener un cargo porque fue hallado culpable de homicidio no premeditado.

— La derrota de Monti

La coalición de Mario Monti, en teoría con tendencias de centro, la conforman Futuro y Libertad (FLI) y Unión de Democristianos y de Centro (UDC) y se agrupa bajo el nombre Scelta Civica. 

Sin embargo, hay que recordar que Futuro y Libertad fue creado por los seguidores de Gianfranco Fini –actualmente presidente de la Cámara de Diputados– en julio de 2010 como una escisión del partido de Berlusconi y que Fini comenzó en política dirigiendo el Movimiento Social Italiano (MSI), un partido neofascista fundado en 1946 por seguidores de Mussolini. El Mundo lo describió como un “posfascista reconvertido en moderado”.

Sin embargo, la particularidad de Monti es que, a pesar de liderar la formación, no aparecía en las papeletas de voto para no perder su condicion de senador vitalicio, lo que puede interpretarse como una maniobra más para no abandonar el patio politico de un país al que ya entró de forma inusual –sin pasar por las urnas–.

Los malos resultados obtenidos son una muestra de rechazo a los dogmas de austeridad impuestos por la Unión Europea. 

Y es que si bien el ser fiel cumplidor de éstos le hizo ganarse el respeto en el exterior de dirigentes afines, en el interior de Italia –dónde al igual que en España, Portugal o Grecia las políticas anticrisis de privatización y recortes de lo público no han hecho más que empeorar la situación– esa actitud no contribuyó a dotarle de una legitimidad que compensara su nombramiento.

— La última jugada de Berlusconi: la ley electoral

Uno de los motivos de la disminución de la participación con respecto a las últimas elecciones italianas celebradas en Italia quizás se explique por la ley electoral.

Se suponía que el gobierno tecnócrata de Mario Monti la iba a cambiar, pero al final no lo hizo.

La actual ley que regula los comicios fue aprobada por el gobierno de Silvio Berlusconi a menos de seis meses de las elecciones de abril de 2006.

El principal problema de esta ley es que, en el Congreso, el partido ganador, aunque sea por un voto, obtiene al menos el 55 por ciento de los escaños (340 sobre 630), pero en el Senado, se premia al ganador en función de los resultados de cada región.

La consecuencia de esto es que es muy complicado obtener una mayoría suficiente que impida que la oposición no bloquee todos los proyectos de ley en una cámara, el Senado, que en este país tiene el mismo peso politico que el Congreso.

Además, según el diario vasco Gara, la “ley porcata”, como se la conoce, estipula que para entrar en la Cámara de Diputados los partidos deben conseguir el cuatro por ciento de los votos nacionales, y, para entrar en el Senado, el ocho por ciento, lo que en la práctica ha significado que en elecciones precedentes partidos de izquierda se quedaran sin representación. También niega el derecho a votar por candidatos ya que el voto se emite  indicando un partido.