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StopHomofobia

En más de 70 países, es delito no ser heterosexual

Mariana Recamier

La comunidad LGBTTIQ+ enfrenta sanciones estipuladas en las legislaciones de más de 70 países, entre las que destacan multas, prisión, castigos públicos y pena de muerte. Esto se debe a que muchos códigos penales se sustentan en normas morales y religiosas


Sep 10, 2018
Lectura 6 min
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Las personas que forman parte de la comunidad LGBTTTIQ+ no pueden expresar sus preferencias sexuales en algunos países porque son consideradas delitos. La discusión sobre estas naciones que estipulan castigos en contra de quienes no son heterosexuales resurge a partir de dos noticias.

Estos países que penalizan la homosexualidad están en la mira gracias a dos acontecimientos que muestran realidades contrarias. La semana pasada, cinco magistrados de la sala del Tribunal Supremo de India decidieron por unanimidad la despenalización de la homosexualidad entre personas adultas en el país asiático.

En la misma semana, dos mujeres fueron condenadas a seis golpes con un bastón y una multa por intentar tener relaciones sexuales en Malasia.

El castigo establecido por un tribunal islámico y puesto en ejecución delante de más de 100 personas fue ser golpeadas públicamente y pagar 800 dólares.

“Los países castigan a los homosexuales porque creen que son un amenaza para lo que ciertas sociedades consideran los parámetros naturales y normales. Sobre todo los perciben como un riesgo a la idea de la familia natural como la que preserva la identidad social”, explica Felipe Gaytán Alcalá, sociólogo de la Universidad La Salle.

Este tipo de situaciones son una realidad en diferentes naciones. Multas, prisión, latigazos, cadena perpetua o incluso pena de muerte son algunos de los castigos que más de 70 países contemplan para quienes mantienen una relación homosexual, según el informe Homofobia de Estado 2017 de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILCA).

“Es una homofobia de Estado en términos de que castiga a estas manifestaciones de una orientación sexual distinta. La homofobia se sistematiza desde el gobierno cuando se supone que es quien debería de garantizar todos los derechos, pero en esos países no”, señala Gaytán Alcalá.

El documento de ILCA también revela que existen 13 países en los que las relaciones entre personas del mismo sexo son castigadas con la pena de muerte.

Esta condena se aplica bajo la ley islámica en Arabia Saudita, Irán, Yemen y Sudán. En muchos de los países en los que se tienen las legislaciones más duras contra las prácticas consideradas homosexuales, las religiones intervienen de forma importante en las decisiones del Estado.

“La homofobia se sistematiza desde el gobierno cuando se supone que es quien debería de garantizar todos los derechos”

- Felipe Gaytán Alcalá

Sociólogo de la Universidad La Salle

De acuerdo con el informe de ILCA, 19 estados tienen normas en sus códigos penales con base religiosa.

“Cuando las leyes morales y religiosas se implican en la política termina siendo una sociedad que se vuelve monocromática, es decir, que obedece los usos y costumbres sólo de una religión. Esto permite o legitima el uso de la violencia para eliminar lo que para ellos es una amenaza o una distorsión”, menciona el sociólogo.

De acuerdo con el informe, la mayoría de las naciones que castigan la homosexualidad están en África. En este sentido, las relaciones sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo son castigadas con 1 a 15 años de prisión en países africanos como Etiopía.

El reporte de ILCA también menciona que Asia es el segundo continente con más países que criminalizan la homosexualidad.

“Los países orientales son los que más castigan la homosexualidad. No solamente los países musulmanes, sino de otras expresiones religiosas y de otras formas de comportarse, sobre todo porque en estas naciones la ley y la política no se han separado del tema religioso”, asegura Gaytán Alcalá.

En varios estados de Malasia, el país asiático donde fueron castigadas las dos jóvenes, la ley islámica está instaurada.

Esta norma tipifica como delito las relaciones sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo, tanto entre hombres como mujeres musulmanas. Los castigos son prisión de hasta 3 años de cárcel y flagelación.

“Malasia es una sociedad que se reconoce pluriconfesional y multicultural, pero la mayoría sigue siendo musulmana y por lo tanto gran parte de la sociedad quiere preservar la moralidad del país a partir de los preceptos de su religión”, comenta el profesor de la Universidad La Salle.

En el caso de la India, la sentencia de la semana pasada supone la abolición de los efectos en contra de la comunidad homosexual que tenía la ley victoriana de 1861.

En la norma se establecía que el “acceso carnal contra natura con un hombre, mujer o animal, será penado con prisión de por vida o con prisión que puede extenderse a 10 años y una multa”.

“En el caso de India fue un gran avance porque es una sociedad muy estratificada por castas, regiones y clases socioeconómicas”, opina Gaytán Alcalá.

Por otra parte, las legislaciones de algunos países están disfrazadas y no prohíben las relaciones entre personas del mismo sexo directamente. Según el documento de ILCA, en algunas naciones existen leyes de promoción o propaganda que regulan la moral y restringen la libertad de expresión en relación de las preferencias sexuales en 19 países, entre ellos Rusia, Lituania, Egipto, Indonesia y Jordania.

De acuerdo con el informe de ILCA, también hay algunos países donde existen las llamadas clínicas que prometen tratamientos de “conversión” o “curar” la homosexualidad.

Para cambiar las cosas

Entre otras estrategias, el sociólogo Gaytán Alcalá afirma que para erradicar las leyes que penalizan a la comunidad LGBTTTIQ+ es necesario que los gobiernos se separen de las religiones.

“Es indispensable una separación entre lo religioso y lo político. Es un proceso de largo plazo porque no es sencillo cambiar los principios morales y religiosos sobre los que se rige una sociedad. Necesitamos cambiar nuestra cultura política y cambiarla significa aceptar la diversidad, el convivir con los otros”, concluye el sociólogo.

En la actualidad, la unión entre religión y Estado provoca persecuciones y castigos en contra de aquellas personas con preferencias e identidades distintas a la norma heterosexual. Ante las violaciones a los derechos humanos, parece que una de las soluciones es que los países se rijan por el principio de laicidad.

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