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UNIóN EUROPEA

Francia (y Europa) atenta a Macron

Carlos Salazar

A punto de convertirse en el mandatario más joven de Francia desde Napoléon Bonaparte, Emmanuel Macron representa la antítesis de los movimientos populistas de extrema derecha y podría encabezar un cambio en el paradigma político no solo en Francia, sino en el resto del mundo.

En un contexto internacional donde el hartazgo hacia la clase política ha dado paso a un crecimiento de personajes como Donald Trump o de movimientos como el Brexit que rompieron lo establecido, Macron asume el liderazgo de la lucha en contra de la ruptura, de los extremos.


May 9, 2017
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10.5 Millones de votos sumó Marine Le Pen

Macron dejó ayer la presidencia de su movimiento En Marcha!, Catherine Barbaroux asumirá de forma interina la jefatura del mismo, que ahora se llamará La República en Marcha

“En los próximos cinco años haré todo lo posible para que no tengan ninguna otra razón para votar por los extremos”

- Emmanuel Macron

Presidente electo de Francia

A punto de convertirse en el mandatario más joven de Francia desde Napoléon Bonaparte, Emmanuel Macron representa la antítesis de los movimientos populistas de extrema derecha y podría encabezar un cambio en el paradigma político no solo en Francia, sino en el resto del mundo.

En un contexto internacional donde el hartazgo hacia la clase política ha dado paso a un crecimiento de personajes como Donald Trump o de movimientos como el Brexit que rompieron lo establecido, Macron asume el liderazgo de la lucha en contra de la ruptura, de los extremos.

Lo hace desde su propia trinchera, una combinación de matices de izquierda y derecha, una plataforma política alejada de los viejos esquemas, con los que rompió primero dejando el gabinete de Hollande y después fundando su propio movimiento.

Un político que le dio la espalda a los partidos tradicionales, que los sacó del poder tras más de 70 años, y que sin embargo asegura continuidad, no propone la ruptura, sino el fortalecimiento de las buenas políticas y el ajuste de las viejas, no genera temor ante lo desconocido, transmite confianza.

Entre sus propuestas están medidas para liberalizar el mercado laboral, impulsar a los pequeños empresarios, atacar la corrupción y hacer cambios en la ley electoral francesa.

En su ideario no aparecen propuestas como el referéndum separatista, el cierre de fronteras o el endurecimiento de medidas migratorias.

Con la llegada de Macron, Francia podría retomar el papel de país referente en la defensa de las libertades, de la apertura, un rol que históricamente le pertenece desde que fue pionero en las revoluciones sociales del siglo 18.

Con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el desgaste de la alemana Angela Merkel, y cuestionamientos sobre el pacto europeo, la llegada Macron -abiertamente europeísta- le da también un impulso a la alianza continental y modifica los equilibrios de poder.

Aprovechar el impulso

En la actualidad, la canciller alemana Angela Merkel tiene el liderazgo económico y moral de la Unión Europea, sin embargo, Emmanuel Macron tiene todo a su favor para convertir a Francia en el nuevo referente continental, partiendo de la refundación que ha venido proponiendo.

Se espera que una de las primeras acciones de Macron como presidente francés sea una visita a Merkel, donde le planteará los términos del nuevo rumbo de Europa, como la creación de un ministerio de Finanzas y la existencia de un presupuesto común.

Uno de los puntos más conflictivos que se esperan en la negociación es un cambio en la directiva de trabajadores desplazados y del libre movimiento, un tema que parece innegociable para Berlín y que sin embargo en Francia genera preocupación, pues consideran que hay competencia desleal y es perjudicial para la fuerza laboral francesa.

Del éxito en estas negociaciones depende en gran parte el futuro de Francia como factor de poder y equilibrio en la Unión Europea, y el momento para retomar el liderazgo es propicio: Macron llega con el impulso de un mandatario recién electo y Merkel está en la víspera de las elecciones en su país, y su posición no es tan firme como hace algunos años.

El reto político

Recién electo como presidente de la República Francesa y a unos días de jurar el cargo, Emmanuel Macron llega con una agenda de pendientes y buenos deseos -como todo nuevo gobernante- y también con un corto margen de tiempo para lograrlo.

Con una limitada experiencia en la arena política y respaldado por un partido con escasa presencia en el interior, Macron depende en gran medida de que el impulso que lo llevo al Palacio del Eliseo se prolongue hasta las elecciones legislativas del próximo junio.

La composición del parlamento francés es un tema de suma relevancia para el proyecto político de Macron, pues una fuerte presencia de adeptos le asegura un gobierno más propicio, pero si se ve forzado a negociar en desventaja con otras fuerzas, su programa podría frenarse.

En este escenario cobra relevancia la postura de las demás fuerzas políticas, principalmente el izquierdista Jean-Luc Melénchon, quien estuvo cerca de llegar a la segunda vuelta electoral.

Tras los resultados de la primera vuelta electoral, Melénchon se negó a respaldar a Macron en la segunda.

Es una incógnita el papel que tomará Melénchon con su partido Francia Insumisa, si pudiera integrarse a una mayoría de gobierno, buscar negociar acuerdos específicos o colocarse como una oposición directa.

Un país dividido

En los siguientes días, Emmanuel Macron tendrá que definir no solo el nombre de su primer ministro, también deberá enviar un mensaje de fortaleza a su país y al Viejo Continente, que observa atenta el desarrollo de los acontecimientos en el segundo país más importante de la Unión Europea.

Macron tiene de su lado el apoyo que millones de franceses le dieron en las urnas, pero a su vez afronta un país profundamente dividido tras el proceso electoral.

Prueba de ello es que los dos partidos más fuertes fueron relegados en beneficio del movimiento de Macron, pero también trajo fuerte crecimiento de los partidos extremistas.

No es casual que uno de sus primeros mensajes tras conocerse los resultados de la segunda vuelta haya sido dirigido precisamente a los más de 10 millones de votantes de la ultraderechista Marine Le Pen.

“En los próximos cinco años haré todo lo posible para que no tengan ninguna otra razón para votar por los extremos”, dijo el presidente electo.


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