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Hutus

El renacer de Ruanda

Mariana Recamier

El país donde sucedió el peor genocidio cometido en África ahora es líder regional en crecimiento económico e internacional en paridad parlamentaria, sin embargo, aún tiene casos de violación a derechos humanos


Abr 8, 2019
Lectura 6 min
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Hace veinticinco años comenzó en Ruanda una de las peores tragedias de la humanidad, un genocidio que provocó la muerte de 800 mil personas. Un cuarto de siglo después, el país africano ve la luz: ahora es un ejemplo de crecimiento para el continente y poco a poco respeta más los derechos humanos, sin embargo, organizaciones registran violencia contra la oposición.

El sábado pasado se cumplieron veinticinco años del asesinato del presidente ruandés hutu Juvénal Habyarimana, evento que desencadenó en el genocidio de Ruanda, el peor cometido en África.

La matanza fue perpetrada durante 100 días en 1994 y provocó la muerte de entre 800 mil y un millón de personas, la mayoría de etnia tutsi a manos de agentes hutus, de manera planificada, sistemática y metódica, de acuerdo con denuncias de la ONU.

Un cuarto de siglo después de que se cometió esa herida, uno de los aspectos que prueba el nuevo comienzo ruandés es que el país se encuentra entre las diez naciones africanas con mayor crecimiento económico anual con el 7.2 por ciento de aumento del PIB en 2018.

Además, Ruanda es la nación con el organismo legislativo más paritario en el mundo con 65 por ciento de mujeres en su parlamento. En la década de los noventa, las mujeres sólo representaban el 18 por ciento en el poder legislativo. La Constitución de 2003 estableció un cupo mínimo del 30 por ciento para ellas en la política.

Los ruandeses también viven más tiempo después del genocidio. La esperanza de vida ahora es de 67 años, de acuerdo con los últimos datos del Banco Mundial, mientras que en 1994 era sólo de 29.

Ruanda también está más habitado desde entonces. La población del país que cayó a menos de 6 millones de personas durante el genocidio ya logró duplicarse. En la actualidad hay 12 millones de personas en territorio ruandés.

Además, la capital el país, Kigali, es considerada la ciudad más limpia y segura de África. La ciudad fue reconocida por ONU Habitat en 2008 por las medidas encaminadas a “recuperar su gloria perdida”.

El renacer es el resultado de que el actual presidente de Ruanda, Paul Kagame, lanzó programas socioeconómicos para mejorar la situación del país: desde un sistema de sanidad universal a prohibir las bolsas de plástico por sus efectos contaminantes. También desarrolló políticas de impulso de las tecnologías de la información o programas de transporte público.

No todo es progreso

Sin embargo, organizaciones internacionales señalan que en Ruanda aún se violan derechos humanos. La muerte de un asistente del líder opositor ruandés, Victoire Ingabire, provocó en marzo escalofrío entre quienes aún se atreven a desafiar al gobierno.

Según una declaración del grupo político de Ingabire, Fuerzas Democráticas Unidas-Inkingi, el cuerpo de Mutuyimana fue encontrado en un bosque en el noroeste de Ruanda y mostraba signos de estrangulación.

La organización Amnistía Internacional informó sobre posibles desapariciones forzadas, de acuerdo con su último informe sobre el país africano. Hasta ahora no se sabe del paradero de Illuminé e Iragena, integrante de Fuerzas Democráticas Unidas-Inkingi, quien desapareció en Kigali en marzo de 2016.

La organización Human Rights Watch menciona en un comunicado que Iragena fue desaparecida por las fuerzas armadas en una detención gubernamental no reconocida.

Violette Uwamahoro, de nacionalidad británica y esposa de un miembro del grupo de oposición ilegalizado Congreso Nacional de Ruanda, también desapareció durante un periodo después de su llegada en autobús a Kigali el 14 de febrero de 2017.

Había viajado desde Reino Unido para asistir al funeral de su padre. Las autoridades negaron inicialmente tener conocimiento de su paradero, pero luego la policía anunció que la ciudadana británica estuvo recluida en régimen de incomunicación hasta el 3 de marzo.

Ella y su primo, el agente de policía Jean Pierre Shumbusho, fueron acusados de divulgar secretos de Estado, de formar un grupo paramilitar y de cometer delitos contra el gobierno establecido o el presidente.

Uwamahoro negó todos los cargos y, el 27 de marzo de 2017, quedó en libertad provisional después de que una jueza resolviera que no había pruebas suficientes en su contra. Fue autorizada a regresar a Reino Unido el 12 de abril.

Por otra parte, aunque el país cuenta con un parlamento paritario, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer sometió a examen a Ruanda en febrero de 2017 y expresó preocupación por el hecho de que algunas disposiciones legales discriminatorias continuaran vigentes.

Por ejemplo, aunque las sentencias condenatorias por violación conllevaban una pena de al menos cinco años de prisión, el castigo por violación conyugal era sólo de entre dos y seis meses de encarcelamiento y una multa.

Al Comité también le preocupaba que se hubiera agravado la mortalidad materna a causa de los abortos peligrosos. El aborto sólo estaba permitido en situaciones excepcionales, y se requería una orden judicial en los casos de violación, incesto o matrimonio forzado y la autorización de dos médicos si la salud de la mujer embarazada o el feto corría peligro.

Aún no hay justicia

Otro problema es que aún no hay justicia para todas las víctimas de 1994. Según datos de la Comisión Nacional de Lucha contra el Genocidio (CNLG), 25 mil sospechosos de genocidio están escondidos en otros países, y solo 22 personas han sido extraditadas a Ruanda, de las mil órdenes de repatriación que se han remitido.

Para juzgar a quienes cometieron crímenes en ese periodo de la historia de Ruanda, el Gobierno puso en marcha en 2001 los Gacaca, unos tribunales populares comunitarios que juzgaron a casi dos millones de personas hasta que cerraron de forma oficial después de las críticas de imparcialidad de organismos internacionales.

A veinticinco años del genocidio, Ruanda comienza a experimentar un renacer, sin embargo, aún prevalecen algunas violaciones a los derechos humanos. El camino del país africano hacia la paz apenas inicia.

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