Creemos un deber comunicarle nuestra vergüenza y nuestra cólera. El lastimoso texto de la confesión que ha firmado Heberto Padilla sólo puede haberse obtenido por medio de métodos que son la negación de la legalidad y la justicia revolucionarias” 

Intelectuales europeos y latinoamericanos

Fidel Castro Ruz fue un personaje de claroscuros que despertó sentimientos contradictorios en el mundo intelectual. 

 

Repudiado y amado, el héroe de la Revolución Cubana fue una figura que dividió opiniones, creó enemistades entre los grandes escritores del boom latinoamericano y desató debates encendidos en todo el mundo. 

 

Gabriel García Márquez fue el amigo más cuestionado de todos, pues el Nobel de literatura colombiano mantuvo una relación con el dictador hasta el final de su vida, igual que Julio Cortázar. 

 

Si bien, cuando estalló el escándalo del encarcelamiento del poeta Heberto Padilla, en 1971, el autor de ‘Rayuela’ firmó la primera carta de protesta – redactada por 62 escritores de todo el mundo-, años después se negó a firmar la segunda, encabezada por Mario Vargas Llosa contra el régimen castrista, argumentando que se trataba de “una carta de ruptura”, y que él seguía creyendo en la Revolución Cubana y “el triunfo de su lado positivo”.

 

En ese sentido, el boom quedó dividido, de un lado con García Márquez y Cortázar, y del otro, con Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Jorge Semprún y Juan Goytisolo.

 

Fidel y sus opositores

 

Las primeras deserciones importantes se van a desencadenar tan solo 10 años después de que Castro tomara el poder, cuando en 1971 encarceló a Heberto Padilla, poeta cubano, opositor del cambio de régimen, encerrado por hacer una crítica pública. 

 

Para Sartre, esto fue demasiado. El filósofo francés, junto con otros grandes intelectuales de todo el mundo, co-escribieron una carta abierta denunciando de manera inequívoca los procesos de censura en La Habana. 

 

Fechada el 20 de mayo de 1971, la carta fue firmada por escritores como Susan Sontag, Margarite Duras, Simone de Beauvoir, Italo Calvino, Marguerite Duras, Carlos Fuentes, André Gortz, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Jean Paul Sartre, Jorge Semprún y Mario Vargas Llosa.

 

Octavio Paz, por su parte, fue un intelectual de derecha muy crítico de la Revolución Cubana, y en especial de Fidel Castro. 

 

El distanciamiento de Paz también llegó a su clímax a raíz del encarcelamiento del poeta Heberto Padilla, llegando a decir célebremente: “Simpatizo con Cuba por lo que tiene de Martí, no de Lenin”.

 

A partir de ese momento, los libros de Octavio Paz dejaron de publicarse en Cuba. Y después de las declaraciones críticas de Paz y Vargas Llosa, vinieron las de José Saramago.

 

Un elogio triste a Fidel 

 

El escritor cubano Reinaldo Arenas había escrito, poco antes de su suicidio en Nueva York en 1990, una extraña apología a Fidel Castro, en el que hace una fuerte crítica al régimen revolucionario.

 

Arenas fue un disidente que vivió en carne propia la ausencia de libertades como resultado de la Revolución cubana. Y fue perseguido por una doble razón: por intelectual y por homosexual. 

 

Meses antes de su suicidio, Arenas responsabilizó a Fidel de su muerte, depresión y sufrimientos en el exilio y le escribió un ácido texto titulado “Elogio a Fidel Castro”:

 

“Intelectual lúcido: comprendió que la mayoría de los artistas son víctimas de un ego hipertrofiado. 

 

Castro ha creado premios literarios internacionales y ha promovido a algunos intelectuales fieles hasta las cúspides del Premio Nobel, como es el caso de Gabriel García Márquez”, dice un fragmento de su escrito.

 

Castro, constructor de su propio mito

 

El Comandante y rey del verbo, gran fabricante de epopeyas picarescas logró construir su propio mito poniendo en la escena el ardor de su régimen y logrando esquivar al mundo hasta el final. 

 

Fidel Castro voló al infierno de los dictadores comunistas, y con su muerte se cierra la última página de los sueños de un socialismo con rostro humano. Y sin embargo, entre los terrenales y lo intelectuales se seguirá debatiendo si Catro murió como un héroe o como un villano.