Aristócratas afamados, activistas de juguete

El príncipe Guillermo, Duque de Cambridge y heredero de la corona británica ha seguido el ejemplo de su padre, el príncipe Carlos – un reconocido ambientalista - y recientemente se ha pronunciado enérgicamente a favor de un combate frontal contra el comercio ilegal de animales. 

El también presidente de Unidos por la Vida Salvaje alertó sobre la posibilidad de que algunas especies como los elefantes y los rinocerontes se extingan del planeta. 

Sergio Almazán Sergio Almazán Publicado el
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"No puedo imaginar ahora, cómo me sentiría si tuviera que explicarle a mis hijos cómo dejamos morir a los últimos rinocerontes"
GuillermoDuque de Cambridge
y segundo en la línea
al trono del Reino Unido
Después de 5 años de la catástrofe ambiental en el Golfo de México, la petrolera británico-americana British Petroleum (BP) acordó pagar 20 millones de dólares para cubrir los daños asociados al derrame de crudo
"El Ministerio de Asuntos Exteriores Británico ha hecho a un lado los derechos humanos para poder lograr acuerdos comerciales globales"
Sir Simon McDonaldSubsecretario Permanente del FCO

El príncipe Guillermo, Duque de Cambridge y heredero de la corona británica ha seguido el ejemplo de su padre, el príncipe Carlos – un reconocido ambientalista – y recientemente se ha pronunciado enérgicamente a favor de un combate frontal contra el comercio ilegal de animales. 

El también presidente de Unidos por la Vida Salvaje alertó sobre la posibilidad de que algunas especies como los elefantes y los rinocerontes se extingan del planeta. 

Guillermo considera que prevenir esa catástrofe es una batalla que se puede ganar y exhortó a los líderes del mundo a sumarse a esta lucha.

Pero además, en el editorial firmado para el diario Financial Times (FT), el duque fue más allá y se sumó a una conversación más amplia. 

“Vivimos en un planeta cada vez más caliente, que alberga a sociedades cada vez menos equitativas, las cuales se enfrentan a nuevas e inquietantes formas de conflicto y extremismo”, escribió Guillermo, Duque de Cambridge.

La educación comienza en casa 

Amigos cercanos a los Windsor aseguran que Guillermo y su hermano Enrique son amantes de las actividades al aire libre. Juegan polo, nadan y en múltiples ocasiones han sido fotografiados junto a su padre caminando junto a ríos y bosques en la campiña británica. 

Además, y a pesar del añejo activismo ambientalista del príncipe Carlos, recién adoptado por su hijo mayor, los Windsor no están exentos de acusaciones por maltrato animal. 

No es un secreto que Felipe – Duque de Edimburgo, padre de Carlos y abuelo de Guillermo – además de ser conocido por sus declaraciones intolerantes, también disfruta llevar a sus nietos de cacería en los alrededores del castillo de Balmoral, propiedad donde la monarquía descansa en Escocia.

Más al sur, en España – cuna de las controvertidas corridas de toros – otro aristócrata, el rey Juan Carlos, encendió los reclamos de los protectores de la fauna alrededor del mundo al publicarse fotos suyas junto a animales muertos – algunos en peligro de extinción – tomadas durante costosos safaris africanos.  

Se desconoce si Guillermo dejará de dispararle a faisanes o de asistir a la tradicional caza del zorro junto a su abuelo. Su reciente columna en el FT hace pensar que así será. 

Monarquía para las masas

A finales de la década de los noventa la monarquía británica sufría una crisis de popularidad grave. 

El escandaloso divorcio de los príncipes de Gales y la posterior muerte de la Princesa Diana hicieron que los índices de aceptación de los británicos hacia su familia real cayeran drásticamente. Al rescate vinieron los hijos de Diana. 

No fue el ferviente activismo del discreto Carlos o el de su esposa Camila – quienes le dan prioridad en su agenda a causas como el cambio climático o la equidad de género – sino el carisma de sus hijos, presentes en todas las revistas de sociales, lo que logró que los Windsor sean otra vez queridos y populares. 

Las verdaderas prioridades del gobierno británico

En 2010, cuando David Cameron asumió el cargo de Primer Ministro definió tres prioridades para su gobierno: mejorar los servicios consulares (la protección de británicos en el extranjero), la seguridad nacional y la prosperidad de su país.

Todos los que preguntaron  a dónde se habían ido el desarrollo sostenible o los derechos humanos – prioridades durante anteriores gobiernos- fueron informados que ambos estaban incluidos en los apartados de seguridad y prosperidad. 

Pero lo anterior fue desestimado apenas la semana pasada por el Subsecretario Permanente del Ministerio de Relaciones Exteriores Británico (FCO, por sus siglas en inglés). 

Sir Simon McDonald, el servidor público más importante del FCO, aseguró que su dependencia ha hecho a un lado los derechos humanos para poder lograr acuerdos comerciales globales, incluso con países donde los ciudadanos son constantemente violentados. Simon McDonald asegura que la agenda de prosperidad de Cameron promueve los lazos comerciales a costa de los derechos humanos. 

Hace un par de semanas, en su primer encuentro en el Parlamento con Jeremy Corbyn – nuevo líder de la oposición – el Primer Ministro volvió a dejar claras sus prioridades.  

Dijo que la economía del Reino Unido (RU) es lo primero que deben fortalecer. Después de eso, RU podrá ayudar al mundo, preocuparse por el medio ambiente y por los derechos humanos. 

El ejemplo de México

En 2010 el entonces canciller, William Hague, aceptó que los británicos habían descuidado a Latinoamérica y aseguró que redoblarían esfuerzos para afianzar sus relaciones comerciales y diplomáticas con esa región. 

Al mismo tiempo, Cameron había declarado un periodo de austeridad para salir de la crisis económica mundial. 

Los productos británicos ya no se vendían como antes en Europa, así que evaluar mercados tan grandes como el de Brasil o el de México era un paso lógico. 

El idilio con Brasil duró poco. El país sudamericano probó ser un socio difícil. Y gracias a la inminente reforma energética mexicana, las miradas británicas se concentraron en el vecino sureño de Estados Unidos. 

Cameron visitó México y Nick Clegg, el vice Primer Ministro, lo hizo dos veces.

Ambos gobiernos pactaron duplicar el comercio bilateral antes de 2015 y se acordó organizar, de manera consecutiva, una visita real a México, una visita de Estado de México a RU y declarar a 2015 como el Año del Reino Unido en México y de México en el Reino Unido. 

RU afirma que México es un país atractivo por varias razones, pero su oficina comercial (UKTI, por sus siglas en inglés) solo identifica una oportunidad de gran valor o ‘high value opportunity’ en México: El sector energético. 

Todo parecía ir viento en popa hasta que la relación bilateral tuvo la mala fortuna de toparse con la masacre de Ayotzinapa. 

La revista The Economist había predicho que 2015 sería el momento de México. Un país que había aprobado varias reformas estructurales, entre ellas la energética, y además una ley de cambio climático, le daría la bienvenida al príncipe Carlos en el otoño para estrechar relaciones y asegurar acuerdos comerciales. 

Desafortunadamente, a finales de 2014, cuando sucedió la visita real, el panorama de México era otro. No sólo por Ayotzinapa, sino por sospechas de corrupción al interior del gobierno y otros abusos a los derechos humanos.

Ante la presión internacional el festival literario Hay – el cual se organizaba cada año en Xalapa y es de origen británico – evitó a Veracruz como sede por los múltiples homicidios de periodistas. 

Pero la diplomacia británica prefirió guardar silencio ante los escándalos y seguir buscando su principal objetivo: lograr acuerdos fructíferos en el sector energético. 

La visita del príncipe Carlos sucedió sin mucha controversia, en parte debido a que el miembro de la realeza británica prefiere no hablar de temas políticos a nombre de su gobierno. 

No obstante si se forzó la inclusión de una junta en Campeche, con compañías petroleras británicas y autoridades mexicanas del sector, en el programa del príncipe. 

La oficina de Carlos – príncipe que ha luchado toda su vida por desechar la energía fósil como un primer paso para acabar con el cambio climático – respondió con un inicial ‘no’ a la reunión campechana.

El embajador Duncan Taylor reviró arguyendo que el sector energético y los negocios derivados de éste, eran la prioridad para el gobierno británico en México. 

El futuro rey del Reino Unido tuvo que ceñirse a los intereses de su gobierno a costa de su agenda medioambiental. La reunión se llevó a cabo. 

Aun no se sabe si el objetivo de duplicar el comercio bilateral antes del final de 2015 se cumplirá. Es muy probable que el Año del Reino Unido en México no sea un fracaso. 

La millonaria suma que representa un solo contrato petrolero, asegura la validez total de la inversión británica en México desde 2010. 

Ante el ejemplo mexicano, las palabras del lunes de Sir Simon McDonald no solo resuenan, sino que hacen ver al activismo de Carlos y Guillermo, como un esfuerzo ingenuo, en un mundo donde las decisiones del juego son claramente tomadas por los grandes tiburones corporativos. 

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