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mayor fue el riesgo de estar desempleado para un joven que un adulto en el 2011
Con pocas ofertas de trabajo, y algunos presionados por pagar créditos estudiantiles, los jóvenes aceptan empleos de muy bajo salario

En el Día de Trabajo conmemorado ayer, los jóvenes de todo el mundo pueden argumentar que hay poco que festejar, pues alrededor de 300 millones de adultos entre 15 y 29 años no tienen trabajo, aproximadamente el 40 por ciento de todos los desempleados a nivel mundial.

Las tasas de desempleo juvenil son hasta 4 veces más altas en algunos países, incluso superando la marca del 40 por ciento en España y Grecia, tocando niveles nunca antes vistos en la historia de la contabilización de estos datos.

El desempleo juvenil es un fenómeno enorme del siglo 21. Una crisis como pocas en la historia.

Paradójicamente, el paso acelerado de los cambios tecnológicos ha hecho menos rentables como empleados a la generación que mejor los entiende. Los expertos de toda índole concuerdan: algo se tiene que hacer urgentemente.  

A pagos chiquititos…

Para países en desarrollo como México, el problema parece ser más el subempleo que el desempleo por sí solo. En estos países, 536 millones de jóvenes, de acuerdo con datos del Foro Económico Mundial, se encuentran en trabajos donde se paga poco por el grado de conocimiento, y las prácticas profesionales también se han vuelto cada vez más comunes.

En marzo, un reportaje del New York Times habló de la creciente tendencia de empresas en Estados Unidos que buscan un trabajador 22-22-22. Es decir, que tenga 22 años, dispuesto a trabajar 22 horas a la semana por 22 mil dólares al año, un salario 3 veces menor que el esperado de un graduado hace apenas unos años.

En México, existen ya indicios de enfoques parecidos. Por ejemplo, algunos de los corporativos más grandes de Monterrey ofrecen a recién egresados “programas de trainee”, que son esencialmente posiciones de bajo sueldo con contratos de un tiempo limitado.

Con pocas opciones en la mesa, y a veces presionados por la necesidad de pagar el crédito con el que financiaron sus estudios, los recién egresados aceptan la oferta.

Y la urgencia de algunos por obtener un puesto termina por propagar aún más el ciclo hacia abajo. Las empresas, bajo presión por una recesión económica, se han dado cuenta que pueden ofrecer cada vez menos prestaciones, dada la necesidad de muchos recién egresados.

La obsesión moderna por el currículum también ayuda a organizaciones que cuentan con un nombre “grande” en el papel. 

Entre estas están las organizaciones internacionales y las multinacionales. El Banco Mundial, las Naciones Unidas, la OCDE y las embajadas de diversos países, entre otros, ofrecen programas de prácticas extensas, en donde se paga poco o nada por la mano de obra altamente calificada a cambio de poder incluír un nombre más importante en el currículum.

Mejor microempresarios

Pero no se trata solo de prácticas profesionales, el alto desempleo se da también en el marco de otros cambios en educación y actitud hacia los trabajos “tradicionales” en países más desarrollados. 

El modelo de la empresa iniciada en una computadora, y que supuestamente catapulta al dueño hasta convertirlo en millonario, ha ganado mucha tracción entre la juventud en países donde hay escasos puestos de trabajo. 

En países más desarrollados, o para personas con ingresos familiares mayores, los recién egresados, desilusionados por las oportunidades laborales, optan por probar su suerte en empresas nuevas.

Pero el sendero de crecimiento a través de la tecnología, como el que llevó a Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, a volverse multimillonario, es cada vez más difícil de replicar. 

Por una, el modelo requiere de cada vez más conocimientos y talentos especializados, lo que termina por ser una barrera a la entrada para pequeños inversionistas.

De acuerdo con una investigación de la escuela de negocios de la Universidad de Harvard, tres de cada cuatro empresas financiadas mediante inversionistas externos mueren poco después de ser lanzadas.

Aun así, la lotería de la empresa parece ser un juego que están dispuestos a jugar los jóvenes en países desarrollados, por la frustración que puede implicar encontrar un trabajo.

Sin políticas contra el problema

Este problema económico trae consigo retos importantes, pues no existe una política previamente diseñada para lidiar con este caso. 

Es decir, ante problemas previamente enfrentados como falta de liquidez bancaria, alto nivel de inflación o volatilidad del tipo de cambio, ya hay métodos y herramientas relativamente estudiados para solucionarlos.

Sin embargo, mejorar las condiciones de empleo para jóvenes es algo más difícil, en particular porque es un reto cambiar los incentivos empresariales sin causar que prefieran dejar de contratar jóvenes. 

Retomando la cuestión de que gran cantidad de los recién egresados de las universidades aceptan trabajos con salarios bajos sin pensarlo mucho, debido a las becas de crédito que tienen que pagar, podemos ver una similitud con el problema de la falta de seguro de desempleo en general.

Los adultos que se encuentran sin trabajo aceptan empleos con salarios muy bajos debido a que no pueden pasar mucho tiempo sin generar ingresos, por lo que las empresas se benefician teniendo costos de nómina más bajos; esto lo evitaría un seguro de desempleo, aunque también puede generar incentivos perversos más a futuro. 

Si se resolviera de alguna manera el problema de la necesidad de pagar las becas de crédito, los recién egresados podrían buscar empresas que paguen salarios más altos que les permita vivir sin depender de sus padres. 

Eso soluciona un problema, sin duda, el de los bajos salarios. Pero el problema de desempleo tiene tantas facetas que la solución está solamente apenas en su etapa juvenil.