Es muy probable que en los próximos 10 años el mundo tenga que enfrentar severas crisis por las fallidas acciones climáticas, el clima extremo, pérdidas en la biodiversidad, la erosión de la cohesión social y el deterioro de la salud mental de las personas, pero los esfuerzos por contener estos riesgos serán aislados y las naciones partirán desde un piso disparejo para atenderlas.

La falta de cooperación entre los países para atender estas crisis se deberá al proceso altamente desigual en la recuperación económica de éstos debido a, entre otros factores, la carrera dispareja en la distribución de las vacunas anticovid, advierte el Foro Económico Mundial.


La vacunación y la digitalización acelerada han permitido que algunos países se recuperen rápidamente de la crisis económica generada por la pandemia de COVID-19, pero muchos otros aún luchan por evitar las peores consecuencias, advierte el Reporte de Desafíos Globales 2022 elaborado por el Foro Económico Mundial

Los retos económicos de la pandemia persisten y mientras los casos de contagios incrementan durante las últimas semanas, la capacidad de algunos países para lograr una recuperación sostenida se “sofoca”. El organismo calcula que para 2024 la economía mundial será 2.3 por ciento más pequeña de lo que hubiera sido sin la pandemia y entre los riesgos económicos que más preocupan se encuentra el aumento de los precios en las materias primas, la inflación y la deuda de los gobiernos.

El reporte incluye una encuesta elaborada a más de mil expertos y líderes mundiales que identificaron los riesgos más severos en escala global, de los cuales 41.8 por ciento consideran que en los próximos tres años el mundo será “consistentemente volátil con múltiples sorpresas” y 37.4 por ciento pronostica que los países se dividirán entre ganadores y perdedores debido a las trayectorias fracturadas que se generarán.

41.8

por ciento de los expertos consultados por el Foro Económico Mundial señalan que en los próximos tres años el mundo será “consistentemente volátil con múltiples sorpresas”

Entre los riesgos que identifican para los próximos 10 años están el fracaso de las acciones climáticas, eventos climáticos extremos, pérdida de biodiversidad, erosión de la cohesión social y crisis de medios de vida. La mayoría de estos riesgos han empeorado desde el comienzo de la pandemia por COVID-19, además se agrega el deterioro de la salud mental de las personas.

El escenario económico y social actual provocará que a corto plazo muchos gobiernos sólo puedan enfocarse en las presiones domésticas haciendo difícil atender prioridades de largo plazo y limitará el capital que se destine a situaciones de carácter global, señala el Foro Económico Mundial.

Además, se espera que las disparidades que ya eran un desafío para las sociedades se amplíen, por ejemplo, se proyecta que 51 millones de personas más vivirán en situación de pobreza extrema en comparación con la tendencia previa a la pandemia, lo que provocará mayor polarización y resentimiento entre las sociedades. Al tiempo que preocupa el incremento de tensiones en la economía global.

Inequidades climáticas agravan crisis

Uno de los elementos que podría contribuir a una mayor desigualdad entre los países y la división en la sociedad, así como la creación de barreras para la cooperación, será la transición climática desordenada, advierte el reporte.

En la encuesta del Reporte de Percepción de Riesgos Globales se identifica al fracaso de las acciones climáticas como el desafío más importante en el futuro, sin embargo la crisis económica provocada por el COVID-19 está retrasando los esfuerzos por atacar el cambio climático toda vez que los países se están enfocando en en atender la recuperación económica.

En ese sentido, el Foro Económico Mundial señala que dadas las complejidades de la tecnología, la economía, el cambio social y la naturaleza insuficiente de los compromisos para atender el cambio climático, es probable que cualquier transición que logre el objetivo de cero emisiones netas para 2050 sea desordenado.

Por ejemplo, los países que continúan dependiendo de los sectores intensivos de carbono corren el riesgo de perder ventaja competitiva a través de un mayor costo del carbono, menor resiliencia y la incapacidad para alcanzar innovación tecnológica, aunque por otra parte, alejarse de esta industria también desencadenará volatilidad económica, profundizará el desempleo y aumentará tensiones geopolíticas.

El cambio climático ya se ha manifestado a través de eventos meteorológicos extremos que se registraron en 2021, mismos que provocaron pérdidas económicas e impactos en comunidades enteras sin precedentes y es muy probable que en el futuro cercano los daños sigan en aumento.

Se prevé que con el paso del tiempo el impacto económico por los eventos naturales extremos crezca más que el Producto Interno Bruto (PIB) mundial ante el cambio climático, el aumento de la urbanización y la senda de crecimiento económico del planeta, de acuerdo con estimaciones del Instituto Swiss Re, una reaseguradora multinacional.

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