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millones de barriles diarioses la producción petrolera promedio estimada para el siguiente año, de acuerdo a cifras de la Secretaría de Hacienda
De acuerdo a la Secretaría de Energía, Pemex recibiría una compensación de 4.6 mil millones de pesos por la inversión que realizó durante años en campos que ahora serán licitados
David Shields, analista de la industria energética, dice que la compañía no realizará nuevas perforaciones por falta de recursos 

A inicios del 2016, Pemex se convirtió en una prioridad para las autoridades económicas del país. El presidente Enrique Peña Nieto removió a Emilio Lozoya Austin de la dirección general y designó a José Antonio González Anaya como sustituto. 

 

Esta fue la primera medida de contingencia para dar un giro de ciento ochenta grados a la administración de una firma que se encontraba en estado crítico. Ocho meses después, la misma pregunta que se hicieron los analistas en febrero de este año aún sigue en el aire: ¿Podrá González Anaya rescatar a Pemex? 

 

La petrolera mexicana cambió radicalmente el enfoque de su administración. González Anaya, cuya tarjeta de presentación fue el saneamiento de las finanzas del Instituto Mexicano del Seguro Social, hizo de la austeridad el principal lineamiento de Pemex. Además, la compañía se abocó a su negocio central de exploración y producción. 

 

Sin embargo, González Anaya ha sido enfático al señalar a la reforma energética como la principal fortaleza y fuente de oportunidad de Pemex. 

 

Los eventos de la última semana ponen en tela de juicio este argumento. 

 

Una ronda para el olvido

 

En un momento en el que Pemex atraviesa por una coyuntura adversa, las nuevas condiciones regulatorias de la Reforma Energética, la apertura del mercado a competidores privados y la complicación de factores externos pesan sobre el desempeño de la firma petrolera mexicana. 

 

La agencia Reuters reportó que Pemex podría perder la mayoría de los 70.6 mil millones de dólares que invirtió en campos que le fueron retirados en la Ronda Cero. 

 

De acuerdo a un documento de la Secretaría de Energía que no se hizo público, Pemex únicamente recibiría una compensación de 4.6 mil millones de pesos por la inversión que realizó durante años en campos que ahora serán licitados al mercado. 

 

Aunque la ley establece que Pemex deberá ser compensado con un “valor económico justo”, la compañía podría dejar de recibir pago alguno si la autoridad determina que es responsable por daños ecológicos, sociales o de infraestructura en estos campos. 

 

Para una firma que reconoce abiertamente que cuenta con un severo problema de liquidez y que su capacidad de solvencia aún no es reconocida cabalmente por el mercado, esta decisión representa una afectación directa a la salud financiera de Pemex. 

 

En condición de anonimato, un directivo de la petrolera mexicana dijo a Reuters que “cada peso que Pemex obtiene es como oxígeno”.

 

Pese a que González Anaya ha dicho que negociarán un acuerdo apropiado con las autoridades, el sentido de urgencia se ha exacerbado por una complicación del entorno. 

 

El consenso de analistas aún se muestra escéptico de que la Organización de Países Exportadores de Petróleo pueda consolidar un acuerdo que impulse el precio del petróleo. Expertos del sector han señalado que el fracaso del cártel de precios implicaría el asentamiento definitivo de la nueva realidad de bajos precios del crudo. 

 

Un reporte del Consejo Mundial de Energía respalda este posicionamiento. La organización proyecta que la demanda petrolera alcanzará su punto máximo en 2030 para dar lugar, posteriormente, a un declive permanente. 

 

En mal momento

 

La apertura energética llegó en un mal momento para Pemex. Los precios petroleros han perdido más del 50 por ciento de su valor desde junio del 2014.

 

La industria energética global, desde los productores estatales de medio oriente hasta las firmas privadas que representan la élite del sector, cambiaron radicalmente su estrategia de negocios. Se desechó el antiguo modelo de acumulación de reservas petroleras mediante inversiones en proyectos de exploración y producción. En cambio, se privilegió  un enfoque de recorte de costos, particularmente en el gasto en capital.

 

Pemex, una firma que además cuenta con una onerosa carga fiscal y con un pasivo laboral de 1.4 billones de pesos, no estuvo exenta de este golpe. 

 

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público determinó un recorte de 162 mil millones de pesos para el gasto de Pemex en 2015 y 2016. 

 

Esta coyuntura se ha vuelto patente en los resultados financieros de la compañía. En el primer semestre del año, Pemex registró una pérdida de 7.7 mil millones de dólares y un pasivo total de 185 mil millones de dólares, del cual la mitad corresponde a deuda financiera. 

 

Uno de los objetivos prioritarios de la reforma energética es el de revertir la tendencia decreciente de la producción petrolera de Pemex, la cual pasó de 3.4 millones de barriles diarios en 2004 a una proyección de 1.9 millones de barriles diarios para 2017. 

 

No obstante, el halo de incertidumbre que rodea a la firma mexicana limita las posibilidades de que esta tendencia descendente pueda ser revertida. David Shields, analista de la industria energética, argumenta que en el futuro próximo, la compañía no realizará nuevas perforaciones en campos petroleros debido a la falta de recursos. Esto se atribuye a la “notoria incapacidad de Pemex para generar nuevos proyectos”, ya sea por sí sola o mediante asociaciones con terceros. 

 

El futuro de Pemex incluso es citado por el Banco de México como una de las razones que abonan a la marcada depreciación del peso frente al dólar. La minuta de la última reunión de política monetaria del banco central muestra que un miembro expresó su preocupación respecto a la falta de información plena sobre el Plan de Negocios de Pemex.