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ARGENTINA

No lloran por Cristina

Jesús M. Badiola

Desde la reelección de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en octubre del 2011, su administración ha buscado tener un control más aprehensivo de la economía, que no aparenta haber dado los resultados esperados. 

La expropiación de empresas, como la petrolera YPF, ha alejado a inversionistas extranjeros e impulsado la necesidad de importar una mayor cantidad de gasolina para satisfacer la demanda. 


Abr 18, 2013
Lectura 6 min

10% es la inflación anual que presenta el gobierno argentino

"La propaganda es atractiva, pero la realidad es inevitable. Hoy, las reservas de la empresa en dólares e hidrocarburos han bajado para cubrir el déficit energético que tanto se le criticó a Repsol"

- Pierpaolo Barbieri

Profesor de Harvard

"Tenemos diferencias ocasionales con Argentina, pero no queremos que eso complique nuestra amplia cooperación en cuestiones económicas, de energía y de seguridad”

- Ben Rhodes

Consejero de seguridad de la Casa Blanca

"La presidenta siempre evita ir a la Catedral de Buenos Aires para no escuchar las críticas de Bergoglio sobre la pobreza”

- Verónica Smink

Periodista de la BBC

"Esta vieja (Cristina Fernández) es peor que el tuerto (Nestor Kirchner)”

- José Mujica

Presidente de Uruguay

Luego de que el gobierno limitó el acceso a capital foráneo y complicó los métodos para las importaciones en el país, los argentinos resienten la incertidumbre sobre el valor real de su moneda y el no poder acceder a productos competitivos del exterior

Desde la reelección de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en octubre del 2011, su administración ha buscado tener un control más aprehensivo de la economía, que no aparenta haber dado los resultados esperados. 

La expropiación de empresas, como la petrolera YPF, ha alejado a inversionistas extranjeros e impulsado la necesidad de importar una mayor cantidad de gasolina para satisfacer la demanda. 

El superavit comercial se ha reducido un 60 por ciento desde el año pasado, lo cual ha empujado a que el Banco Central de Argentina tenga que reducir en 7 por ciento sus reservas internacionales, para pagar sus bonos gubernamentales.  

Además de buscar el control del sector energético, la presidenta ha buscado manejar la política monetaria del país.

Con tal de limitar la fuga de dinero, la presidenta ha anunciado más de 10 medidas para controlar los flujos de dólares fuera del país y ha impulsado a la inflación por encima del 26 por ciento anual; aunque las cifras oficiales sigan marcando la inflación alrededor del 10 por ciento. 

Además, se mantiene la batalla legal con los acreedores que hace más de una década no aceptaron la reestructuración de la deuda argentina de largo plazo, que han sido avalados por un juez en Estados Unidos, ordenando al gobierno argentino a pagar 1.3 mil millones de dólares. 

Se especula que Fernández optará por un nuevo impago, el cual aumentaría más la precaria condición económica.

¿Qué tanto se tardará Argentina en regresar a la prosperidad si la dirección económica impulsada por la mandataria sigue su camino actual?

Los bonos menos rentables

Los bonos del gobierno de una cierta nación pueden fungir como la vindicación para un gobierno en búsqueda de crédito, y su calificación muestra no solo la confianza que se tiene en los moldeadores de política particulares, sino de la perspectiva internacional sobre su desarrollo.

Por lo mismo, es impactante que los bonos argentinos hayan tenido el peor desempeño de entre 13 países en vías de desarrollo, con calificación B en el 2012. Según Credit Suisse, mientras que el promedio de bonos aumentó un 26 por ciento, el desempeño de Argentina aumentó un marginal 5.4 por ciento. 

A la par de esto, tanto la calificadora de crédito Fitch Ratings como Standard & Poor’s redujeron la calificación creditica a CC y B-, respectivamente. Estas calificaciones aumentan la dificultad para encontrar financiamiento barato que venga a solventar su gasto gubernamental. 

Tal situación pudiera venir en respuesta a las acciones que ha impulsado la mandataria argentina con el fin de reducir la salida de capital de su nación.

En principio, propuso la reducción de importaciones para aliviar el superávit comercial que mantiene líquida una importante parte de los pagos de bonos gubernamentales. Pero, ante el aumento necesario de gasolina refinada, esta cuenta se ha ido reduciendo, lo cual incrementa  el miedo de un posible impago futuro. 

Si las posibilidades de financiamiento gubernamental se reducen, ¿como podrá el país solventar su creciente carga fiscal?

Se acaban los aplausos

Aunque la antigua popularidad de la presidenta fue el gran motor de su reelección en octubre de 2011, actualmente el pueblo está teniendo un cambio significativo de opinión.

Entre el alejamiento de inversionistas y el alienamiento de la industria local, como la mala imagen que se está pintando al entrar en un diálogo agresivo con el Fondo Monetario Internacional por su crítica sobre la veracidad de los datos oficiales, la popularidad de Cristina Fernández de Kirchner se va reduciendo. 

Al buscar limitar el acceso a capital foráneo y complicar los métodos para la introducción de importaciones al país, la comunidad argentina ha sentido los estragos de estar inciertos sobre el valor real de su moneda y sus posibilidades de acceder a  productos competitivos en el ambiente internacional. 

La caída de la perspectiva económica argentina llevó de la mano su popularidad con el pueblo argentino. 

Mientras que Fernández ganó su reelección con más del 54 por ciento de los votos, la opinió pública ha cambiado radicalmente ante los crecientes estragos económicos causados por una inflación incontrolable y controles cambiarios. 

En agosto de 2012, el diario El Cronista publicó una medición de los índices de aprobación realizada por la consultora Management&Fitt, en la que el 72 por ciento de los encuestados no aprobaba la administración económica de Fernández. En octubre de 2011 gozaba de un 63 por ciento de aprobación y ganó los comicios con el 54 por ciento de la votación.

El 8 de noviembre del 2012 se organizó el “cacerolazo” más grande en Argentina en más de una década. Más de 2 millones de argentinos se manifestaron en las calles golpeando ollas para demostrar su repudio ante el actual gobierno. ¿Cuándo escucharán el llamado? 


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