Un elemento indispensable para disminuir la violencia en contra de las mujeres es empoderarlas para la autonomía económica.

Cuando el matrimonio de Hilda Guzmán (su nombre fue modificado para proteger su privacidad) se disolvió debido a las diferencias irreconciliables con su pareja de más de 18 años; la profesionista de 43 años pagó un abogado para determinar por la vía legal la pensión a la que tenía derecho, se cambió de empleo, se mudó a Querétaro cerca de la casa de su familia, rentó un departamento cómodo para ella y sus dos hijos e inició un tratamiento de terapia para asumir de la manera más sana su cambio de vida.

La ingeniera civil con una carrera profesional de 21 años no reparó en gastos cuando fue necesario reacondicionar diversos aspectos de su vida para alejarse de su expareja que se tornó violento cuando inició el proceso de divorcio, además de proteger a sus hijos de las heridas emocionales que un proceso de separación genera.

Sin embargo, la historia del divorcio de Hilda y su capacidad para salir adelante de una separación con tintes violentos es, en México, una excepción y no una regla.

Organismos internacionales afirman que una mujer independiente en materia económica, es una mujer menos vulnerable a la violencia de género, sin embargo, en México existen diversas barreras para que logren esta autonomía económica.

Autonomía económica: capacidad de las mujeres de generar ingresos y recursos propios a partir del acceso al trabajo remunerado

Este estado se explica como la capacidad de las mujeres de generar ingresos y recursos propios a partir del acceso al trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres, de acuerdo con la definición de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Entre los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres mexicanas para poder alcanzar este estado están diversas barreras para integrarse al mercado laboral, el exceso de carga de labores no remuneradas en el hogar, condiciones de precariedad laboral y la brecha salarial que persiste en el país.

Los datos más recientes indican que en 2020 el ingreso promedio trimestral de las mujeres fue de 14 mil 860 pesos, que es 34.3 por ciento menor al ingreso promedio de los hombres que ascendió a 22 mil 618, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares en 2020 (ENIGH).

En torno a las barreras de ingreso al mercado laboral, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) advierte en su estudio #ConLupadeGénero2022 que 30 de las 32 entidades en el país no ofrecen empleos de calidad y compatibles con las necesidades de las mujeres, aunque también se observa que en todas las regiones del país tienen barreras que frenan la entrada, permanencia y crecimiento de ellas en el mercado laboral.

“Los estados tienen varios desafíos para atraer a las mujeres al mercado laboral, el problema de esto es que están sacrificando un potencial económico enorme a medida que estamos desaprovechando el talento de las mujeres, hay muchos estudios que apuntan por qué es muy importante la integración laboral, empezando por el poder de autonomía económica que da el trabajo, te da libertad para decidir sobre tus recursos y además el trabajo te da mucho más que un ingreso”
Fátima MasseDirectora de Sociedad Incluyente del IMCO

Masse destaca que para generar un ambiente más propicio en la integración de las mujeres al mercado laboral dos acciones son indispensables: establecer un sistema nacional de cuidados y generar incentivos para que las empresas se integren a la Norma 025 en Igualdad Laboral y No Discriminacion.

“Tenemos un desafío como país en donde en todos niveles se pueden implementar acciones que transformen la realidad, entre nosotras las mujeres, las empresas en la familia estamos en el punto en el que se necesitan acciones que tienen que ser mucho más ambiciosas para sumar a más mujeres y en ese aspecto algo que creemos que es importante decir es que los gobiernos pueden jugar un rol muy importante para ser catalizadores de esos cambios”.

De acuerdo con datos recuperados por el IMCO, hasta 2019 las mujeres dedicaban 50.4 horas a trabajos no remunerados en contraste a los hombres que destinan 19.6 horas a a la semana; en tanto que para el mercado laboral ellos dedicaban 47.7 horas y ellas 37.9.

Autonomía económica, un beneficio en común

La integrante del IMCO advierte que incrementar la participación femenina en el mercado laboral siempre tiene consecuencias positivas expansivas, toda vez que ellas tienden a hacer un gasto más social.

El Instituto afirma que si se suman 8.2 millones de mujeres al mercado laboral para 2030 el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del país sería 15 veces mayor del registrado en 2020, es decir, la economía mexicana tendría 3.5 billones de pesos adicionales si la tasa de participación de las mujeres fuera similar al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), del orden de 56 por ciento.

Cabe destacar que en 2019 el INEGI calculó que el valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados era de aproximadamente 5.5 billones de pesos, que representa 23.5 por ciento del PIB del país.

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