Es urgente que los países enfoquen recursos en la adaptación de sus poblaciones a los efectos del cambio climático.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que en menos de ocho años, es decir, para el 2030, se necesitarán entre 160 mil y 340 mil millones de dólares para enfrentar la emergencia climática sobre todo para las comunidades más vulnerables.

Pero a pesar de los constantes llamados de organismos internacionales y especialistas en materia climática en torno a lo impactante que podrían ser los efectos del cambio climático, no se está invirtiendo ni la décima parte de esta cifra tan necesaria.

Si bien, aproximadamente 80 por ciento de los 197 gobiernos que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) ya cuentan con al menos un instrumento de planificación de adaptación a estos fenómenos, sólo un tercio han incorporado objetivos cuantificados y con plazos definidos en materia de adaptación.

Además, el financiamiento de estos objetivos son escasos, advierte el PNUMA en su informe sobre la Brecha de Emisiones 2022 del PNUMA.

“Los compromisos con las cero emisiones netas no significan nada si no se cuenta con planes, políticas y medidas concretas que los respalden. Nuestro mundo no puede permitirse más lavados verdes de imagen, falsos cambios o cambios tardíos” señaló Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, durante la presentación del Informe sobre la Brecha de Emisiones 2022 y a menos de dos semanas de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climáticos (COP27).

De hecho, el líder de la ONU advierte que para la COP27 se debe proporcionar una hoja de ruta clara y con plazos definidos para cerrar la brecha de financiamiento para hacer frente a las pérdidas y los daños del cambio climático, algo que será “una prueba de fuego para el éxito”, de la conferencia que se llevará a cabo en Egipto

El reporte identifica diversas acciones que podrían cambiar los flujos financieros para la transformación sistémica. La primera de ellas se enfoca en aumentar la eficiencia de los mercados financieros a través de proporcionar información ́ transparente y detallada sobre los riesgos climáticos.

La segunda acción que recomiendan es integrar el carbon pricing, que es una herramienta financiera que tiene por objetivo monetizar los costes derivados de las consecuencias que las emisiones de efecto invernadero tienen a nivel económico, social y medioambiental. Actualmente estos esquemas de “impuesto al carbono” cubren el 30 por ciento de las emisiones globales con un precio promedio de seis dólares por tonelada de CO2.

La tercera acción se enfoca en la creación de mercados financieros que estimulen la reacción del intercambio de “nuevos productos” al impulsar la innovación.

La cuarta es una recomendación para que los bancos centrales aborden cada vez más los desafíos de la crisis climática para que se pueden generar políticas públicas para contener este impacto, por ejemplo, el Banco de Bangladesh ha establecido que las instituciones financieras destinen cinco por ciento de los créditos a sectores verdes.

La última de las recomendaciones es establecer iniciativas transfronterizas enfocadas en la transición energética justa.

“La mayoría de los actores financieros han mostrado una acción limitada en la mitigación del cambio climático debido a intereses a corto plazo, objetivos en conflicto y porque los riesgos climáticos no se reconocen adecuadamente”, detalla el reporte.

Impacto del cambio climático en los más pobres

Uno de los señalamientos más constantes que hacen organismos internacionales como la ONU es que el impacto del calentamiento global tiene peores efectos para los más pobres.

Por ejemplo, uno de los efectos del cambio climático que ya se experimenta en muchas regiones del mundo son las migraciones de las personas que habitan en puntos críticos como ciudades situadas en zonas bajas, zonas costeras vulnerables al aumento del nivel del mar y áreas de elevado estrés hídrico y agrícola.

En un escenario pesimista, el número de migrantes internos (dentro de sus países) por motivos climáticos podría superar los 143 millones de personas para el año 2050, sobre todo de zonas África al sur del Sahara, Asia meridional y América Latina, de acuerdo con el reporte “Groundswell” del Banco Mundial.

Los países de ingreso bajo y mediano pierden hasta 18 mil millones de dólares anuales por eventos climatológicos extremos, en tanto que las afectaciones a las empresas y familias ascienden a 390 mil millones de dólares, de acuerdo con cálculos del Banco Mundial.

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