El Gobierno de la Cuarta Transformación parece tener la intención de cambiar de primera a segunda velocidad en materia de electromovilidad, pero todavía carece de la infraestructura necesaria, la transformación en los procesos productivos automotrices e incluso de políticas públicas que impulsen esta evolución.

Esta semana autoridades mexicanas aceptaron la propuesta del Gobierno estadounidense para invertir en el desarrollo de semiconductores y ciencia que directamente impactará en el desarrollo de la electromovilidad en la región de América del Norte, en el marco de la publicación de la Ley de Chips y Ciencia en Estados Unidos en agosto de este año.

Sin embargo, el avance de la producción y comercialización de los automóviles eléctricos en el país es muy escaso, señala Víctor Villalobos, vocero del programa Casa Segura y experto en el tema.

“En México hay alrededor de 50 millones de vehículos, el 0.15 por ciento son eléctricos… pero, en gran medida, el ritmo del posible crecimiento (de la electromovilidad) depende de los puntos de carga, si no hay puntos de suministro eléctrico, o sea las famosas electrolineras no habrá manera de que se desarrolle y con ello se reduzcan las emisiones de efecto invernadero”, detalla en entrevista con Reporte Índigo.

Además, el país se encuentra frente a una disyuntiva; señala el especialista, debido a que es el séptimo productor de automóviles en el mundo y el cuarto productor de autopartes; pero hasta el momento este poderoso sector económico sigue concentrado en la producción de vehículos tradicionales.

La industria automotriz en México aporta cuatro por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y 20.5 por ciento del PIB manufacturero, de acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA). Además, datos de la Secretaría de Economía (SE) revelan que 25 por ciento de las exportaciones del país corresponde a automóviles que se fabrican en el país.

En México se comercializan automóviles eléctricos desde hace poco más de una década, sin embargo, hay una seria ausencia de electrolineras, como se les conoce a las estaciones de carga para vehículos eléctricos. Hasta la fecha la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha desarrollado tres, con puntos concentrados en las grandes ciudades del país, apunta Villalobos.

Pero en este proceso también está participando la iniciativa privada con empresas como Nissan y BMW que han invertido en la construcción de centros de carga alrededor del país a pesar de no ser su negocio principal.

Incentivos para el desarrollo de la electromovilidad

La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) ha buscado gestionar con el Congreso de la Unión modificaciones a la Ley de la Industria Eléctrica para acelerar la construcción de corredores eléctricos, así como incentivos federales y estatales que promuevan facilidades para sumar mayores clientes a la compra de estos autos.

Dentro de los incentivos federales resalta el aumento de corredores eléctricos interestatales, la exención de impuestos en vehículos nuevos, un convenio con CFE para medidores independientes, y los locales impulsan excepciones en pagos de tenencia y verificación vehicular, el engomado E (especial para auto híbrido y eléctrico) con placas preferentes, estaciones de carga gratuita y descuentos en el uso de autopistas.

Villalobos recuerda que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) coordina la Estrategia Nacional de Movilidad Eléctrica de México (ENME) con el apoyo de la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), gobiernos estatales e iniciativa privada.

La estrategia se enfoca en la regulación de normas, incentivos, investigación, modelos de negocios e incluso difusión de las ventajas del uso de automóviles eléctricos e híbridos, entre otras medidas, señala el especialista.

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