Era abril de 2020, apenas unos días después de establecer las medidas de confinamiento para tratar de contener la expansión de la pandemia COVID-19 y la organización Save The Children hizo un llamado al presidente Andrés Manuel López Obrador a desplegar un plan integral emergente para asegurar el bienestar y protección de las infancias ante los impactos socioeconómicos que se avecinaban.

Ha pasado más de un año y este llamado no ha sido atendido, incluso ante la evidencia de que los hogares en los que hay niños, niñas y adolescentes reportaron mayores impactos económicos en 2020 como consecuencia de la pandemia.

Desde la disminución de sus ingresos, pérdida de puestos de trabajo hasta los niveles de seguridad alimentaria, las familias en las que hay infantes reportan las consecuencias más negativas, así lo revela la Encuesta sobre los Efectos del COVID-19 en el Bienestar de los Hogares con Niñas, Niños y Adolescentes en la Ciudad de México (ENCOVID-19), elaborada por la UNICEF y el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE).

Entre julio y diciembre de 2020, 71 por ciento de los hogares con menores de edad señalaron tener un ingreso menor que antes de la pandemia y 40 por ciento señalaron que algún miembro del hogar perdió su empleo o fuente de ingresos. Ambos son porcentajes más elevados que las familias en las que no hay menores de edad, advierte la encuesta.

El estudio también revela que estos hogares han tenido que recurrir a pedir prestado a familiares o amigos en 37 por ciento de los casos, empezar a trabajar o vender algo en 34 por ciento de los hogares y dejar de pagar deudas o tarjetas de crédito en 30 por ciento de éstas.

Otro punto que aborda el estudio es la seguridad alimentaria, entendida como el estado en el que las personas gozan de acceso físico, económico y social a los alimentos que necesitan. En la encuesta se revela que en julio del año pasado, 26 por ciento de los hogares con niñas, niños y adolescentes reportaron este tipo de seguridad y para diciembre de ese mismo año 27 por ciento.


Un programa enfocado en la atención de los menores debería garantizar que estén sanos y bien alimentados, proporcionarles agua e higiene y ayudar a las familias a cubrir sus necesidades y cuidado, dice UNICEF

Entre junio y diciembre el porcentaje de hogares con infantes que declararon inseguridad leve e inseguridad moderada alimentaria disminuyó, pero en el caso de la inseguridad severa fue de 13 por ciento en junio de 2020 a 18 por ciento en diciembre.

Ante este panorama socioeconómico, los programas sociales y apoyo por la pandemia puestos en marcha por el Gobierno federal han cobrado relevancia para las familias con menores. La ENCOVID-19 señala que 67 por ciento de las familias con estas características reciben algún apoyo de este tipo, que representa una cobertura superior a la de los hogares en los que no hay niñas y niños con hasta 33 por ciento.

La atención a las familias mexicanas más desfavorecidas por parte del gobierno de López Obrador se ha centrado en la ampliación de sus programas de desarrollo social insignia y que estableció desde el inicio de su administración entre los que se encuentran Pensión para el Bienestar de Adultos Mayores o Personas con discapacidad, Programa Jóvenes Construyendo el Futuro, Mi Beca para Empezar y Becas Benito Juárez.

La Cepal ha señalado que esta política fiscal tiene un enfoque acertado, sin embargo remarca que asciende a 1.1 por ciento del PIB, debajo del promedio de los países de la región que alcanza 4.3 por ciento.

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millones de estudiantes abandonaron sus estudios para el ciclo escolar 2020-2021

La UNICEF dice que un programa enfocado en menores de edad, debería garantizar que todos los niños estén sanos y bien alimentados, proporcionarles agua, saneamiento e higiene, facilitar su aprendizaje y ayudar a las familias a cubrir sus necesidades y el cuidado de sus hijos, entre otros puntos.

Atención de los menores en la pandemia

Otro impacto económico de la pandemia se refleja en la educación de los menores.

Para el ciclo escolar 2020-2021 desertaron 5.2 millones de estudiantes de entre tres y 29 años, 2.3 millones de ellos porque consideran la educación a distancia poco funcional, porque sus padres perdieron su empleo o no cuentan con un dispositivo para tomar las clases y 2.9 millones no regresaron a las aulas por falta de dinero, de acuerdo con datos del INEGI.

Además con la educación a distancia, la atención de los menores ha sido relegada en gran medida a las mujeres. La ENCOVID-19 apuesta que 67.9 por ciento de los hogares, las mujeres se encargaron de cuidar a los niños pequeños durante la cuarentena, 27.7 por ciento fueron los casos de un cuidado mixto y los hombres se encargaron de la atención en 3.3 por ciento de los hogares.

De acuerdo con datos recuperados por el IMCO, hasta 2019 ellas dedican 50.4 horas a trabajos no remunerados en contraste a los hombres que destinan 19.6 horas; en tanto que para el mercado laboral ellos dedicaban 47.7 horas y ellas 37.9, fenómeno que contribuye al desempleo femenino.

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