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El frenón de EU

A pesar del pesimismo causado por el colapso en los precios petroleros y la veloz apreciación del dólar, cifras preliminares publicadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran que la economía mexicana creció 2.5 por ciento en 2015. 

Esto significaría una mejora sobre las tasas de 1.3 y de 2.1 por ciento alcanzadas en 2013 y 2014, respectivamente. Además rebasaría marginalmente las expectativas del Banco de México, de entre 1.9 y 2.4 por ciento, y se alinearía con las de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, de entre 2 y 2.8 por ciento.

19%
crecieron las ventas de automóviles en México, señal del fortalecimiento del mercado interno
El modelo mexicano de crecimiento basado en las exportaciones vuelve al país altamente dependiente de su primer socio comercial: Estados Unidos

A pesar del pesimismo causado por el colapso en los precios petroleros y la veloz apreciación del dólar, cifras preliminares publicadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran que la economía mexicana creció 2.5 por ciento en 2015. 

Esto significaría una mejora sobre las tasas de 1.3 y de 2.1 por ciento alcanzadas en 2013 y 2014, respectivamente. Además rebasaría marginalmente las expectativas del Banco de México, de entre 1.9 y 2.4 por ciento, y se alinearía con las de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, de entre 2 y 2.8 por ciento.

Sin embargo, la tendencia positiva en el crecimiento mexicano podría pronto toparse con un obstáculo: la desaceleración económica de Estados Unidos, el principal socio comercial del país.

En 2015 el Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos creció 2.4 por ciento. Esta tasa sigue siendo considerablemente superior al promedio de las economías desarrolladas, pero los datos del último trimestre fueron decepcionantemente bajos y levantan preocupaciones acerca de la salud económica del país para el 2016.

Las preocupaciones estadounidenses se contagian hacia México, que ha convertido la exportación de manufacturas hacia su vecino norteamericano en el principal eje de su economía y en un elemento distintivo contra otros mercados emergentes.

Consumo al rescate

El modelo mexicano de crecimiento basado en las exportaciones vuelve al país altamente dependiente de su primer socio comercial: Estados Unidos.

Sin embargo, pese a la desaceleración de la economía estadounidense, el fortalecimiento del mercado interno de México ha contrarrestado la baja en la actividad del sector externo.

El INEGI reporta que las exportaciones no petroleras crecieron apenas 0.8 por ciento en el 2015 respecto del año anterior. Esto representa la cifra más baja desde la recesión global de 2009.

El sector automotriz, comúnmente identificado como la industria mexicana de exportación por excelencia, mantuvo su ritmo de producción debido al crecimiento del consumo local. Las ventas de automóviles en México se incrementaron 19 por ciento en el 2015. El avance fue el de mayor magnitud en los últimos 10 años.

Por otra parte, la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) destacó que las ventas minoristas crecieron 7.4 por ciento en términos reales en noviembre de 2015 frente al mismo mes del año anterior.

Además, si se remueve al sector extractivo de la ecuación, la economía mexicana muestra una mejor perspectiva. Aunque la industria petrolera representa únicamente el 6 por ciento del PIB mexicano, la magnitud del desplome del crudo representa un lastre para el crecimiento económico en general.

Luis Videgaray, secretario de Hacienda y Crédito Público, declaró esta semana que, excluyendo al sector petrolero, la economía nacional ha mostrado una tasa de expansión superior al 3 por ciento durante los últimos cuatro trimestres.

Expansión anémica

A una tasa anualizada de 0.7 por ciento, la expansión económica estadounidense en los últimos tres meses del 2015 fue menos de la mitad de la registrada en el trimestre anterior, y colocó el crecimiento total del año en 2.4 por ciento – un nivel idéntico al del 2014.

El crecimiento se vio arrastrado hacia abajo por el efecto negativo de la fuerte apreciación del dólar, el cual vuelve menos competitivas las exportaciones estadounidenses contra las de otros países, vuelve más atractivas las importaciones, y reduce los ingresos de las empresas multinacionales al tener que traducirlos desde divisas extranjeras depreciadas.

Otro lastre se presentó debido al declive que los precios del petróleo y otras materias primas sufrieron el año pasado, ya que esto redujo la inversión fija bruta de las empresas del sector extractivo.

Al igual que en México, a Estados Unidos lo salvó su mercado interno. El gasto en consumo alcanzó su mayor nivel en una década, y la confianza de los consumidores se ha mantenido sólida debido a la baja inflación y a la caída del desempleo.

“La economía quizá no es tan fuerte como pensábamos que era – claramente hay algunas áreas muy débiles, pero hay cimientos fuertes para el crecimiento”, dijo Nariman Behravesh, economista en jefe de la consultora IHS, en entrevista con Bloomberg.

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