Estados Unidos enfrenta un severo problema de salud pública que explica, entre otras cosas, la fragilidad del mercado laboral en comunidades afectadas por la automatización y la globalización. Es decir, expone en gran medida el ascenso político de Donald Trump.
Se trata de la crisis de los opiáceos, patente en el creciente número de muertos por sobredosis de heroína y de medicamentos analgésicos de prescripción. De acuerdo cifras oficiales, 100 personas mueren diariamente por el abuso de estas sustancias. Es el dato más impactante de una emergencia sanitaria generalizada: 2 millones de personas son dependientes de los analgésicos y 95 millones de personas utilizan ocasionalmente estos medicamentos de prescripción, un número superior a los usuarios de tabaco.
Alan Krueger, un economista de la Universidad de Princeton, argumenta en un nuevo estudio que la crisis de los opiáceos tiene un fuerte impacto en la economía estadounidense. Su trabajo documenta que al menos un quinto de la caída en la participación laboral de los hombres estadounidenses se explica por el abuso de heroína o analgésicos de prescripción.
La participación de los hombres en la fuerza laboral de Estados Unidos ha caído consistentemente en las últimas décadas, pasando de 93.39 por ciento en 1990 a 88.6 por ciento en el 2017. Esto quiere decir que cerca del 12 por ciento de los hombres en edad de trabajar no tienen trabajo ni lo están buscando. La economía estadounidense presenta la segunda participación laboral más baja entre los miembros de la OCDE.
Krueger, quien fue economista en jefe del Departamento del Tesoro durante la administración de Barack Obama, encontró que esta caída está fuertemente correlacionada con un aumento en el consumo de opiáceos, cuyo uso se ha cuadriplicado desde mediados de los 90.
El estudio, presentado por el Instituto Brookings, detalla que el abuso de estas sustancias es preponderantemente mayor en los hombres caucásicos de clase media baja de comunidades que enfrentan un estrés económico y deterioro social evidente. Los datos de Krueger refieren que las regiones con los índices más altos de alcoholismo, suicidio y sobredosis por drogas cuentan con niveles de participación laboral masculina de alrededor del 73 por ciento, inferior al promedio nacional.
El Premio Nobel de Economía, Angus Deaton, ha estudiado ampliamente este fenómeno y concluye que, ante la decadencia social y económica, estas personas optan por lo que él denomina “la muerte de desesperación”.

México: exportador 
de heroína

México juega un papel fundamental en este fenómeno. Información de la DEA refiere que el país exporta cerca de la mitad de la heroína que se consume en Estados Unidos.
El consumo de esta droga, considerada una de las más letales y adictivas, ha crecido exponencialmente entre los hombres de 25 a 34 años. En 1999, las muertes por sobredosis de heroína para este segmento eran 1.6 por cada 100 mil habitantes, de acuerdo al Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos. Actualmente, la cifra es de 14.8 muertes por cada 100 mil habitantes.
La crisis de los opiáceos es un círculo vicioso que sigue creciendo. Una proporción significativa de quienes abusan del consumo de analgésicos de prescripción transitan al uso de heroína, una droga que tiene una tasa de reincidencia del 95 por ciento.
En el marco de la renegociación bilateral entre México y Estados Unidos, la administración de Peña Nieto cuenta con un elemento de negociación invaluable: ayudar a erradicar una de las crisis humanitarias más impactantes del hemisferio occidental a cambio de un trato diplomático más favorable.