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se ha depreciado el peso frente al dólar en los últimos dos años, cuyo efecto no se ha resentido en la inflación, pero sí en un aumento marginal en las tasas de interés de créditos hipotecarios
La tendencia alcista de la tasa de interés de referencia de Banco de México ya se ha visto reflejada en mayores tasas de interés de los créditos hipotecarios.
Con el cambio de rumbo de la política monetaria mexicana, el consenso de analistas proyecta que los días de las tasas de interés de créditos hipotecarios en niveles mínimos han llegado a su fin.
“Calidad significa hacer las cosas bien cuando nadie te está viendo” 
Henry FordEmpresario estadounidense

México es uno de los países más reactivos al cambio en la política monetaria de Estados Unidos. En un momento en el que la Reserva Federal (Fed) ejerce una influencia sin precedentes sobre los vaivenes de los flujos internacionales de capital, el Banco de México ha adquirido una postura a la defensiva.
 
Frente a la eventual normalización de la política monetaria de Estados Unidos, que pretende subir su tasa de interés de referencia desde niveles cercanos a cero por segunda vez en casi una década, las autoridades monetarias mexicanas han tomado medidas precautorias.
 
En un contexto de debilidad de las finanzas públicas y de una fuerte depreciación del peso frente al dólar, Banco de México se ha “echado al hombro” la protección de la estabilidad macroeconómica del país.
 
En ese sentido, el banco central mexicano ha elevado su tasa de interés de referencia en cien puntos base en lo que va del año. La medida, de corte restrictivo, opera en detrimento del frágil crecimiento de la economía nacional.
 
A pesar de que los efectos de esta política se vuelven visibles en el largo plazo, la tendencia alcista de la tasa de interés de referencia de Banco de México ya se ha visto reflejada en mayores tasas de interés de los créditos hipotecarios.
 
Cifras de Banco de México dejan ver que hay un ligero incremento reciente en los tipos de interés de estos créditos. En octubre, cuando se alcanzó un mínimo histórico, la tasa de interés promedio para un crédito hipotecario era de 10.12 por ciento. Actualmente, la cifra se ubica en 10.19 por ciento.
 
Aunque el cambio es marginal, ofrece una señal clara de la dirección que podrían tomar los costos financieros de pedir un préstamo hipotecario en el futuro cercano. El hecho de que estas tasas rondaran los mínimos históricos en el último año es una consecuencia de la laxa política monetaria que implementó el
Banco de México en el periodo posterior a la crisis global de 2008.
 
Entre octubre del 2008 y junio del 2009, las autoridades monetarias recortaron la tasa de interés de referencia en 400 puntos base. Posteriormente, Banco de México continuó con su postura expansionista.
 
Para mediados de 2014, los tipos de interés alcanzaron un mínimo histórico de 3 por ciento, después de una serie de recortes.
 
En este periodo, las tasas de los créditos hipotecarios se comportaron como un espejo rezagado de esta tendencia. Sin embargo, con el cambio de rumbo de la política monetaria mexicana, el consenso de analistas proyecta que los días de las tasas de interés de créditos hipotecarios en niveles mínimos han llegado a su fin.

 

Riesgos latentes

 

Pese a la agresividad con la que el Banco de México ha elevado los tipos de interés este año, las minutas de la última reunión de política monetaria exponen que aún persisten preocupaciones y riesgos latentes para el objetivo de inflación oficial de 3 por ciento: una subsecuente depreciación del peso frente al dólar; la debilidad de las finanzas públicas, patente en la fragilidad de Pemex y el incremento de la deuda; la incertidumbre sobre la normalización monetaria en Estados Unidos; así como las elecciones presidenciales de ese país y “algunos factores externos que podrían agudizarse”.
 
La depreciación de alrededor de 42 por ciento del peso frente al dólar en los últimos dos años aún no se ha registrado la medida general de inflación, la cual se ubica debajo del objetivo de Banco de México.
 
No obstante, la pérdida de valor del peso frente al dólar ha generado disrupciones en la política monetaria que afectan, de manera casi inmediata, variables como las tasas de interés al consumo, incluida la de los préstamos hipotecarios.