Los Juegos Olímpicos de Tokio, bautizados con un “2020”, pero disputados a mediados de 2021 tras un aplazamiento de un año por el coronavirus, bajaron su telón este domingo con un legado de resiliencia, pero también con dudas para Japón y el mundo en el corto plazo.

Al compás del tema “Mundos que Compartimos”, Tokio entregó la estafeta a París, la sede la cita de verano en 2024. Y así, los Juegos Olímpicos más extraños que se conozcan empezaron a despedirse.

Celebrados en medio de un resurgimiento de la pandemia, con el rechazo de la mayoría de los japoneses y trastornados por meses de problemas administrativos, estos Juegos presentaron una serie de obstáculos logísticos y médicos como ninguno otro.

En ellos, también se dio espacio a una seria discusión sobre la salud mental de los deportistas y estos ofrecieron emocionantes momentos de consagraciones y varias decepciones.

“Ustedes fueron más veloces, saltaron lo más alto y fueron más fuertes porque todos estuvimos juntos, en solidaridad”, proclamó Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) a la familia olímpica en la Clausura los Juegos.

“Esto resultó ser más admirable, dados los muchos desafíos que tuvieron que afrontar debido a la pandemia. En estos momentos tan difíciles, le dieron el más preciado obsequio: la esperanza. Por primera vez desde el inicio de la pandemia, el mundo entero se ha reunido”, añadió.

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Sin embargo, la palabra “juntos” generaba pavor. Se vetó la presencia de público. Una serie de protocolos mantenían a los deportistas con mascarillas y guardando la distancia en las premiaciones, mientras se restregaban sudados en ciertas competencias. Eran riesgos que podrían mitigarse, pero al mismo tiempo se tenía que seguir adelante.

La perseverancia de los atletas fue el foco central. La salud mental captó atención como nunca antes y los atletas revelaron sus relatos y sufrimientos de forma cruda. “Al final de cuentas, no sólo somos entretenimiento. Somos humanos y hay cosas tras bambalinas con las que debemos lidiar”, dijo la gimnasta Simone Biles tras retirarse de la final por equipos en la gimnasia.

¿Y el COVID-19?

Se detectaron algo más de 400 positivos, muy por debajo del dato fuera de la burbuja olímpica, donde el incremento de los casos provocó que el gobierno japonés ampliara el estado de emergencia.

¿Cómo serán recordados estos Juegos?

Eso le corresponderá a la historia, pero hay ciertas pistas. Los preparativos fueron un marasmo. Se compitió con recelo, pero sin incidentes. El gasto, que ronda los 15 mil 400 millones de dólares fue colosal y perdurará en Tokio por mucho tiempo.

Al apagarse el fuego olímpico, Tokio puede decir que sus Juegos no fracasaron. En el corto plazo, otra ciudad y otro gobierno (Beijing y China) se alistan para los Juegos de Invierno, en febrero próximo, y deberán lidiar con la misma interrogante.

Ahora, en Japón, es el turno de los Juegos Paralímpicos.