#GracoRamírez

Graco: Con mano izquierda

Un político que no sigue líneas y que ha sido definido como una demócrata de izquierda. Ahora como gobernador de Morelos recibe una estado que se disputan los cárteles de la droga. Es conciliador y reconoce a Enrique Peña Nieto como presidente. Conoce a este perredista que piensa diferente

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"Los tenemos localizados, hemos detenido a las bandas sin ningún acto de violencia y confrontación. Lo llamo estrategia de paz y no de guerra. Y de reconciliación social. Aquí la estrategia se fundamenta en la paz"

“No somos monarcas. Eso de los palacios es para reyes, aquí somos servidores públicos. Ésta es la casa de la gente, de la ciudadanía”. El 1 de octubre, Graco Ramírez inició su administración como gobernador de Morelos con una acción tan simple como significativa: renombrar al Palacio de Gobierno como “Casa Morelos”. Fin de la monarquía, bienvenida la república.

Y así, sin haber gastado millones en publicidad, cambia la jugada completa en la mente de los morelenses. Pero hay más. 

Impidió que su equipo de seguridad retirara las cruces a la puerta de su oficina, porque significa una manifestación que recuerda a las víctimas de la violencia, e impide las operaciones de una compañía canadiense en una mina de oro en Xochicalco, pues antepone el carácter histórico y ecológico del enclave. 

Para él, añoso militante de la izquierda mexicana, los gobiernos panistas que lo antecedieron fueron superficiales. 

En su opinión, el de Estrada Cajigal (2000-2006) fue cómplice de los narcos, “con quienes convivía”, y el de Marco Adame (2006-2012) fue alejado de los ciudadanos, “autista y ausente”, por usar sus propias palabras. No había, comenta, ni red telefónica en la Casa Morelos para comunicarse con el gabinete. Ni Adame asistía mucho a ese edificio tampoco.

Ya no se diga la opinión que le merece el último gobierno del PRI, a cargo de Jorge Carrillo Olea (1994-1998), a quien su movimiento logró tumbar de ese trono e inhabilitar por 14 años, por estar relacionado con bandas de secuestradores. 

Ahora es ese mismo Luis Graco Ramírez Garrido Abreu –que tiene 63 años de edad y nació en Tabasco y se define como un “demócrata de izquierda”, que ha sido diputado federal y senador, que estudió leyes en la UNAM, que participó en el movimiento de 1968 y en el PST y en el PMS–, el que ha llegado al poder y quien ha integrado un gabinete, “no con amigos”, sino con gente capaz, y plural. 

Despertando de una pesadilla

Pareciera que se ha preparado para este puesto los últimos 30 años y que de memoria sabe lo que debe hacer, luego de haberse reunido y de dialogar con miles de morelenses a lo largo de las décadas de su lucha. 

No ha sido nunca mesiánico ni violento su estilo. Y ahora menos. Pero tampoco débil, sino de conciliación e incluyente. Sin embargo, caminará cuesta arriba en temas como la seguridad, a la que muchos expertos calificaron durante el sexenio de Marco Adame como “un desastre”.

Es justo en Morelos donde balaceó la Policía Federal a dos americanos y un marino, donde asesinaron al hijo de Javier Sicilia y a otros estudiantes, donde presuntamente el General Ricardo Escorcia bajaba cocaína en un aeropuerto, donde la Marina asesinó a Arturo Beltrán Leyva, alias “El Barbas”, donde pareciera que sigue siendo el principal territorio de lo que queda del cártel con su nombre.

También en Morelos es donde Juan José Esparragoza Moreno alias “El Azul”, deambula como si nada, donde vivía a sus anchas “El Señor de los Cielos” Amado Carrillo, y donde el Ponchis y el Christian, dos adolescentes, se convirtieron en sicarios antes de los 15 años… 

En suma, los renglones han estado muy torcidos hace al menos tres administraciones en materia de seguridad en Morelos, y eso lo sabe Graco. 

Y por ello dispara las respuestas como en metralla, y en este caso, son integrales: va por la educación con todo, por el empleo, por la cultura. Por la restauración del “tejido familiar”. Va por una Policía Única, con cinco mandos municipales. Va por una “estrategia para la paz” y la reconciliación. 

Va por que su gobierno persiga el narcomenudeo, “le entre” al tema, no cierre los ojos ante el fenómeno. Instalará dos mil cámaras de videovigilancia y creará una Plataforma de Seguridad Regional que acordará con los gobiernos vecinos del DF, Estado de México, Puebla, Oaxaca, y Guerrero. Todos ellos, sus amigos.

Para hacer realidad toda la locomotora cuenta con un presupuesto de 26 mil millones anuales y unas elecciones ganadas con legitimidad y respaldo social, en las que se presentó como el “candidato de la gente y la seguridad”. 

Tiene en contra el recibir una deuda del gobierno anterior de mil 600 millones de pesos, la herencia panista y priista de una inseguridad aguda y la falta de creatividad política y soluciones realistas que tenían a los morelenses en la desesperanza política y en la depresión.

En cuanto a su relación con el gobierno federal –el actual y el que llega–, Graco no tiene pelos en la lengua para tratar con ellos. 

Dice que le entregó a Calderón hace poco un estudio del estado real de Morelos, del que también el presidente se sorprendió. Y con Enrique Peña Nieto no quiere “tomarse la foto”, sino tener un diálogo útil y provechoso para sus paisanos.

Graco es un añejo miembro de Nueva Izquierda –corriente del PRD conocida como “Chuchos”– que se viste como un profesor universitario: Camisas a cuadros y saco con parches en los codos. Habla en voz baja, modulada, discurso articulado, y hoy su mente es un festival de proyectos educativos, ambientales, de seguridad, de ciencia y tecnología, agrícolas, de infraestructura.

Acaba de beber un café Punta del Cielo y una botella de Perrier. Recibe a Reporte Indigo en su oficina del primer piso del expalacio de los reinados panistas y del PRI, donde hay óleos de Morelos, Zapata fumando puro, una foto muy pequeña de Calderón, un mapa orográfico de la entidad, una bandera, alfombra mostaza, aire acondicionado y un avioncito del Escuadrón 201, al que perteneció su padre. Tiene un hermano –José Domingo– que es general del Ejército Mexicano, y una esposa –Elena Cepeda de León–, que fue parte del gabinete de Marcelo Ebrard.

¿Su frase de batalla?: ‘Nueva visión’ 

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