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Opinión
Nacional
Índira Kempis

“Esto no es para sensibilizarlos de la discapacidad visual, es para que encuentren su propia metáfora de oscuridad y descubran en ella nuevas habilidades”, así comenzó la cena de anoche en total oscuridad que organizan emprendedores sociales con su proyecto “Diálogos en la Oscuridad”.

Está primera frase impactante me recordó los últimos momentos de angustia, miedo y soledad que he sentido al perder a uno de mis amigos en fechas recientes.

Efectivamente, como si fuera una metáfora de la vida, esa de entrar a un túnel vacío en donde no percibes un rayo de luz.  Pero, entonces, algo debe pasar en el cerebro que se activa para confiar en tu propio instinto.

Terminas por “adivinar” cuidadosamente dónde están los cubiertos, quiénes están al lado de ti, al tanteo, intentas hasta hacer un proceso mental para tomar una uva con el tenedor sin que se resbale.

Supongo que se regresa a tener los cinco sentidos muy despiertos: comes con las manos, escuchas más al otro, tanto que te perturba tanto el silencio como el ruido.

Hay espacios de tiempo en el que quieres escapar como si la claustrofobia apareciera, para después respirar para entender que no estás sola.

En medio de la oscuridad, delegas en las personas con discapacidad visual, que son nuestros anfitriones, la confianza de tu capacidad visual.

Los invitados en cada mesa tendrán su propia versión de cómo pudimos distinguir si era “tu cuchara o la mía”, quién estaba al frente de quién y si de casualidad no tiraste la bebida por la imprecisión de los movimientos.

“Derecha, izquierda, atrás”, alguien se afana en gritar a los que nos hemos animado a bailar el payaso de rodeo a ciegas. Leyó bien. El clásico baile de fiesta con mucha gente en la oscuridad. Lo logramos. Ningún herido.

Y así compruebo que el hombre también tiende, igual por sobrevivencia, a complementar esas nuevas habilidades.

La oscuridad. Tan estigmatizada que no sabemos qué hacer con ella cuando entramos a… Vamos pensando que es mala, que es una tragedia, que no podríamos. Pero cantando al unísono: “vamos al parque, como dos ciegos, Santa Lucía”, entiendo que hay más ceguera en quien no puede ver en la oscuridad.

La luz de los ojos de Bere, Pepe y Mónica es tanta que esta noche nos la han prestado.

Nadie puede saber lo que se siente tener discapacidad visual. Pero podemos saber lo que se siente estar en la oscuridad.  De eso se trata la empatía, de ponernos en los zapatos del otro.

Sobre todo en un país donde las condiciones de accesibilidad en las ciudades son limitadas para confrontar todas nuestras discapacidades. Es el reto pendiente.

Diálogos en la Oscuridad está concursando para obtener fondos pues necesitan su propio espacio para hacer la exhibición que permita la convivencia y despierte la curiosidad, ante la necesidad imperiosa de que este tema sea central.

Si tenemos interés en apoyar basta buscar en Facebook: “Diálogos en la Oscuridad Monterrey” y darle like al último video que vean colgado en su muro.

Sandra Zorrilla fue quien nos regaló los boletos para asistir. Ella me dijo que no volvería a ver igual. Después de esta experiencia, sé que tengo y tenemos un diálogo en mi oscuridad.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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