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Convirtiéndote en la pareja ideal

En el momento que decidimos tener pareja lo primero que se nos viene a la mente es una lista larga de requisitos y atributos que el otro deberá tener para podernos merecer. 

Pensamos que la pareja nos hará muy felices sin reconocer que el único responsable de nuestra felicidad es uno mismo. Lo más simpático es que la mayoría de las virtudes en la lista ni si quiera las tenemos nosotros, pero somos buenos para exigir.

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¿Quieres ser más atractiva?

Alguna vez te has preguntado ¿por qué estuviste sola tanto tiempo y en cuanto encontraste pareja te llovieron pretendientes? 

Muchos estudios de universidades alrededor del mundo dicen que el 80% de las personas que tienen pareja resultan ser mucho más atractivas que las que no tienen.

Cuántas veces contaste el tiempo que llevabas sin pareja y cuando menos  lo esperabas llegó tu príncipe azul acompañado de un sin fin de pretendientes más.

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Al buen entendedor NINGUNA palabra

Un día me tocó escuchar la conversación de dos amigas, donde una le contaba a la otra que estaba harta de su esposo, que por más que hacía para que la relación mejorara, le era cada vez más difícil. La otra no dudó en decirle “divórciate”.

Siempre hemos creído que cuando alguien nos busca para desahogarse o contarnos un problema es para que nosotros le demos una solución o consejo, y no es así.

Leyendo a Jerry Jampolsky me sorprendió reconocer que estamos más pendientes de dar una respuesta a lo que el otro nos dice que a ofrecerle la escucha que solicita.

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Calladito te ves más bonito

Decir “no se lo digas a nadie” es igual que cuando nos dicen “No pienses en un pastel de chocolate”, lo primero que se nos viene a la mente es esa imagen. 

Cuando tenemos una información en nuestro poder que sabemos que es especial y que no se puede sacar a la luz, la archivamos en un lugar del cerebro al que se accede con mucha facilidad. 

No podemos evitar la tentación de pensar en eso y podemos acabar por revelarlo, justamente porque nos dijeron que era importantísimo no hacerlo.

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Beneficencia o cobranza

Alguna vez escuché la historia de una señora que se enfermó, tuvo una cirugía y debía estar en cama.  Un día no tenía quien le ayudara y de inmediato se ofrecieron dos amigas, una la cuidaba en la mañana y la otra por la tarde. 

La que iba en la mañana llegó acelerada, hablando de lo cansada que estaba y de la cantidad de cosas que tenía que hacer: ir al supermercado, al banco, a recoger a los hijos, hacer la comida y decía que no le iba a dar tiempo para todo pero que como había quedado de cuidarla pues estaba cumpliendo.

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