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Y tras el maratón… llega a la meta

Imelda García

Andrés Manuel López Obrador finalmente se convertirá en el primer mandatario de México después de 12 años de espera y tres intentos, sin embargo, las decisiones que tomó durante la etapa como presidente electo, han levantado dudas sobre su capacidad para desempeñar el cargo que asumirá el próximo 1 de diciembre


Nov 30, 2018

Andrés Manuel López Obrador comenzó su carrera rumbo a la presidencia de la República con el disparo de salida que marcó el inicio de las campañas electorales del 2006; doce años después, su perseverancia culmina con una victoria.

Este sábado, el tabasqueño tomará protesta como jefe del Ejecutivo tras una transición maratónica e inédita en la historia de México.

Durante sus cinco meses como presidente electo, el exjefe de Gobierno se encargó de realizar dos “consultas ciudadanas”; dictó la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México; se hicieron reformas legales a la medida de sus necesidades y se avanzó en obras y programas sociales

El periodo de transición no se trató solamente de construir el andamiaje de su gobierno, sino de sentar las bases de lo que será su forma de gobernar. Y con algunos golpes en la mesa, López Obrador dio una muestra de lo que será su administración a partir de este 1 de diciembre.

Las opiniones sobre cómo llega López Obrador al cargo que tanto buscó están divididas. Hay quienes ven a un presidente fuerte que ha buscado poner nuevas reglas del juego; y hay quienes consideran que estos meses desgastaron su capital político sin necesidad de hacerlo.

Lo cierto es que a partir de este sábado, las decisiones, los retos, las tragedias y los éxitos pertenecerán al nuevo gobierno. Llegó el momento de la verdad.

Los cimientos del nuevo gobierno

Durante el periodo de transición, el futuro gobierno no sólo marcó la agenda pública, sino que instaló elnuevo tablero de la política mexicana que operará a partir de este sábado.

El apoyo popular que recibió en las urnas, con más de 30 millones de votos, le dio a López Obrador la legitimidad para comenzar a operar rumbo a su gobierno desde el 2 de julio, apenas un día después de ganar las elecciones federales.

Esta legitimidad se vio aumentada por haber ganado también las elecciones para la mayoría en el Congreso de la Unión y en 19 congresos estatales, lo que le abrió a Morena la puerta para comenzar a trabajar desde septiembre en la estructura legal para el nuevo gobierno.

La creación de la Guardia Nacional, de los “superdelegados” y de la Ley que impide a los funcionarios públicos tener un mejor salario que el presidente han sido algunas de las acciones más polémicas y criticadas del tabasqueño

Como presidente electo realizó dos “consultas ciudadanas” fuera del marco constitucional, organizadas, aplicadas y contabilizadas por los propios miembros de Morena.

Con el resultado de la primera de ellas, López Obrador evitó tomar la responsabilidad por la decisión de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, a pesar de que agencias internacionales especializadas en aviación aseguran que el aeropuerto en Texcoco es la opción más viable.

Con la segunda consulta se dio el aval a los programas sociales que pretende impulsar en su gobierno, así como de tres obras de infraestructura, entre las que se encuentran el Tren Maya y la refinería en Dos Bocas, Tabasco.

Ambos proyectos ya han despertado el descontento de expertos y habitantes de la región, que acusan daño ambiental y cambio en su modo de vida.

En el periodo de transición también se decidió no dar autonomía a la nueva Fiscalía General de la República, por lo que seguirá siendo un brazo del Ejecutivo. Esto a pesar de que durante más de un mes, representantes del gobierno electo trabajaron con organizaciones de la sociedad civil para construir una iniciativa que salvaguardara algunos de los principios de independencia de la FGR.

Al final se procesó otra iniciativa que nada tenía que ver con la que trabajó la sociedad civil, que se dijo engañada.

La decisión de crear la Guardia Nacional fue otro de los temas que se definió en la transición a pesar de que algunos sectores de la sociedad civil y de la oposición calificaron la medida como un endurecimiento de la presencia militar en tareas de seguridad.

Para crear la estructura del nuevo gobierno, se aprobaron cambios a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, en donde se define, entre otras cosas, la creación de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, que estará a cargo de todo el tema de la seguridad pública, incluida la prevención; y el establecimiento de las figuras de los “superdelegados” quienes serán representantes personales del presidente en las entidades federativas.

Estos funcionarios tendrán la tarea de manejar los recursos de los programas sociales federales, así como de llevar las riendas de la estrategia de seguridad en los estados.

Frente a esta situación, varios gobernadores de la oposición se han pronunciado en contra de esta figura, pues aseguran que se trata de una violación al federalismo. Incluso adelantaron que ya preparan acciones de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para echar esta medida para atrás.

Los principales detractores son los 12 gobernadores panistas y su homólogo en Jalisco, Enrique Alfaro.

Durante la transición también se crearon leyes a la medida para el nuevo gobierno como el cambio en los requisitos para dirigir el Sistema de Administración Tributaria (SAT), la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, en la que se prohíbe que algún funcionario gane más que el presidente (108 mil pesos) y que ha provocado una ola de amparos por parte de distintos burócratas al igual que acciones de inconstitucionalidad, como la que recientemente admitió la SCJN y fue interpuesta por la CNDH.

Haciendo uso de la mayoría en el Congreso de la Unión y en 19 congresos estatales con la que cuenta su partido, López Obrador pudo comenzar a trabajar desde septiembre en la creación de la estructura legal para su gobierno

Incluso, el planteamiento de algunas iniciativas por parte de la bancada de Morena en el Senado, como la regulación de las comisiones bancarias o de la industria minera, provocaron una caída en la Bolsa Mexicana de Valores y el aumento en el tipo de cambio peso-dólar.

Todas estas medidas, a pesar de que en un principio se pensaron como una avance que facilitaría a Lopez Obrador cumplir con sus promesas de campaña en cuanto llegara al cargo, podrían terminar por traer más dificultades que beneficios ante el enorme número de personas que han mostrado su rechazo hacia ellas.

Opiniones encontradas

El balance del periodo previo a que Andrés Manuel López Obrador y su equipo entren en funciones es mixto.

Las decisiones tomadas por López Obrador como presidente electo dividieron a la ciudadanía, pues algunos creen que desgastó innecesariamente el apoyo que tenía y hay quienes lo ven como una buena forma de establecer sus propias reglas del juego

Por un lado, hay quienes consideran que se trató de meses en los que hubo una especie de “gobierno paralelo” al del presidente saliente, Enrique Peña Nieto, lo que desgastó innecesariamente el apoyo que ganó en las elecciones.

En cambio, otros piensan que el presidente electo usó el periodo de transición para poner sobre la mesa las nuevas reglas del juego político, por lo que fue positivo tomar algunas decisiones antes de asumir el poder.

Para Ulises Corona, analista político y académico de la UNAM, la transición fue un periodo de altibajos y pocas definiciones contundentes, que no dan todavía una idea clara del rumbo que seguirá el país, lo que ha sumergido en la incertidumbre a algunos sectores.

“He visto una transición con chamacadas, con falta de profesionalismo, de madurez, con aciertos y desaciertos; con decisiones que no dan una muestra clara del rumbo que se va a tomar y eso es muy grave”

- Ulises Corona

Analista político y académico de la UNAM

Lo que sí ocurrió en esta transición, comentó el experto, es que la imagen del presidente electo se desgastó innecesariamente con decisiones como cancelar el NAIM mediante una consulta que no cumplía con estándares no sólo legales, sino de seriedad; o como la de crear el cuerpo militar de la Guardia Nacional cuando habla de la paz y la reconciliación; o como el de ofrecer perdón a los corruptos de antes, cuando es un clamor social que haya justicia.

Desde su visión, el presidente electo podría perder el apoyo que ganó en la campaña de un sector que no es su fiel seguidor, pero que está informado y no está de acuerdo con sus decisiones, aunque le haya dado su voto de confianza.

La imagen del tabasqueño se vio afectada con decisiones como cancelar el NAIM mediante una consulta que no cumplía con los estándares legales

En cambio, para Ignacio Martínez, coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (LACEN), la transición fue una oportunidad bien aprovechada por Andrés Manuel López Obrador para poner sobre la mesa un nuevo tablero de operación del gobierno.

“Yo lo pongo en este aspecto, como un presidente que no se deja seducir por las mieles del poder. Y esto se ve en dos grandes escenas: cómo llega a la ceremonia de la Sedena (…) y en la creación de esta figura de un Consejo Asesor Empresarial, que mina la figura clásica, tradicional, del Consejo Coordinador Empresarial.

“Creo que aquí hay un dibujo de lo que puede ser su nuevo gobierno: un gobierno austero, con un desarrollo industrial social; y un gobierno que tiende la mano a los empresarios bajo sus propias pautas, dejando atrás estas figuras tradicionales”, afirmó Martínez en entrevista.

López Obrador: el primer líder social

Formado en la lucha social, Andrés Manuel López Obrador se convertirá este 1 de diciembre en el primer presidente mexicano que no ha sido parte de la cúpula de servidores públicos o políticos del partido en el poder; su desarrollo y ascenso se ha dado en las marchas, en las protestas, en el gobierno sombra, en la oposición.

Este año fue el único candidato que capitalizó el enojo social por los males que aquejan al país: una crisis de seguridad y derechos humanos con miles de muertos y desaparecidos; el incremento en los precios de todos los productos; el aumento en el costo de los combustibles y los escándalos de corrupción y opulencia tanto del Gobierno federal como de algunos estatales.

La llegada del exjefe de Gobierno a la presidencia de la República marca el inicio de lo que será el primer gobierno de izquierda que regirá al país

Su camino comenzó mucho antes de hace 18 años, cuando el 2 de julio del 2000 ganó la elección como jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, lo que proyectó su imagen y su nombre a nivel nacional.

En esa época, también ganó en las urnas Vicente Fox, el candidato panista que logró por primera vez que la oposición obtuviera la Presidencia de la República; ese día se abrió la puerta a la alternancia.

Hoy, tres sexenios después, López Obrador finalmente se convertirá en presidente de la República tras un camino que incluyó un desafuero, un campamento en Reforma, un “gobierno legítimo”, la descalificación de sus oponentes, una guerra contra su imagen, el abandono de su partido, la construcción de una nueva alternativa y tres candidaturas presidenciales. Ahora, en algunos, la esperanza está vestida de incertidumbre; en otros, de confianza ciega.

Desde abajo

El 13 de noviembre de 1953, Andrés Manuel López Obrador nació en Macuspana, Tabasco, lugar donde vivían sus padres.

En Tepetitán estudió la escuela primaria. Su familia se mudó después a la capital del estado, Villahermosa, donde cursó la secundaria y la preparatoria.

Antes de cumplir los 20 años entró a la UNAM, a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, donde estudio Ciencias Políticas y Administración Pública.

A mediados de los años 70 se afilió al PRI para apoyar al poeta Carlos Pellicer en su candidatura al Senado. Ocupó cargos públicos modestos en su estado y en 1977 fue nombrado delegado estatal del Instituto Nacional Indigenista, desde donde trabajó con comunidades indígenas de Tabasco, enseñándoles nuevas técnicas de siembra

Entre ellos sembró la semilla de su trabajo social, que después le trajo aliados en estas comunidades.

Continuó desempeñando labores en diferentes dependencias estatales y federales bajo el ala del PRI; incluso, llegó a ser presidente del partido en su estado en 1983, pero renunció a ese cargo por diferencias con diversos grupos de militantes.

Volvió entonces a la Ciudad de México y comenzó a involucrarse en las tareas del partido, pero ahora a nivel nacional, hasta que en 1988 se unió a la Corriente Democrática, que después rompería con el PRI para formar el Frente Democrático Nacional (FDN), que abanderaría a Cuauhtémoc Cárdenas como su candidato presidencial.

López Obrador renunció ese año al tricolor y fue postulado como candidato a gobernador de Tabasco por el FDN, pero perdió ante el PRI. Fue nombrado después presidente del recién formado PRD en la entidad y volvió a postularse como candidato a la gubernatura en 1994.

En esa elección perdió frente al priista Roberto Madrazo, a quien acusó de haber cometido múltiples irregularidades en el proceso.

Inconforme con los resultados, el PRD instaló un campamento en la plaza principal de Villahermosa y López Obrador comenzó una marcha hacia la capital del país a la que bautizó como la Caravana por la Democracia. Él y sus seguidores colocaron un campamento en el Zócalo capitalino. Era el año 1995.

Un año después encabezó protestas con comunidades campesinas que reclamaban daños que les había causado Petróleos Mexicanos. Bloqueó el paso a instalaciones petroleras y hay quienes lo acusan de haber incendiado pozos de petróleo, hecho que se ha negado en repetidas ocasiones.

Las protestas fueron disueltas enviando a prisión a decenas de manifestantes; él mismo resultó herido en un enfrentamiento con la policía, como publicó la revista Proceso en febrero de 1996.

Todos estos hechos lo convirtieron en una de las caras más conocidas del PRD en todo el país. Con ese capital político de resistencia, se lanzó a la conquista de la dirigencia nacional del PRD, que disputó contra Heberto Castillo y Amalia García, a quienes les ganó la elección.

Era 1996 y un año después, Cuauhtémoc Cárdenas sería electo como primer jefe de Gobierno de la capital del país por el PRD. Tres años después, en el 2000, él mismo ganaría la elección.

Durante su paso por el gobierno de la capital del país su imagen se proyectó a nivel nacional: la construcción del segundo piso del Periférico y el lanzamiento de programas sociales lo cubrieron de fama. Lo mismo que los escándalos de corrupción de sus allegados.

El camino a la presidencia de AMLO comenzó cuando en el año 2000 ganó la elección al máximo cargo político del entonces Distrito Federal

Vinieron después las dos campañas presidenciales fallidas, en el 2006 y en el 2012. La tercera fue la vencida para el político tabasqueño, que mañana entrará por la puerta grande del Congreso de la Unión para tomar protesta y por la de Palacio Nacional para comenzar su sexenio, que culminará el 30 de septiembre del 2024.

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