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Vivir en un campamento

Luego del sismo del 19 de septiembre la vida de 13 familias de la Colonia Narvarte quedó al descubierto, sin poder regresar al edificio para recuperar sus pertenencias los habitantes contemplan desde una casa de campaña lo que alguna vez fue su hogar

Atres semanas del fuerte sismo que azotó a la Ciudad de México, la incertidumbre de quienes perdieron todo sigue latente, están conscientes de que no podrán acceder a los créditos ofrecidos por el gobierno local y tendrán que seguir viviendo en campamentos improvisados en la calle.

En la esquina de las calles Yacatas y Concepción Beistegui en la Colonia Narvarte, la tragedia se hace presente, la vida de 13 familias quedó al descubierto.

El sismo del pasado 19 de septiembre dejó a la vista de peatones, paseantes y vecinos retratos familiares, los muebles, la ropa, los sueños, temores y manías de quienes ahí vivían.

El edificio no cayó en su totalidad, no hubo muertes que lamentar, pero quedó completamente vencido, inhabitable, ni siquiera se permitió que los habitantes entraran a recoger sus posesiones más preciadas.

Ahora, todos los días, los habitantes y locatarios de Concepción Beistegui 1503 tienen que ver desde una casa de campaña en un campamento improvisado todo lo que perdieron y no pueden recuperar.

Para unos, lo más deseado son un par de zapatos, otros reniegan de ya no tener identidad ni ningún documento que los acredite, unos más se lamentan del esfuerzo de toda una vida y que tuvieron que gastar más de 20 mil pesos en pintar todo el edificio apenas hace dos meses.

Jorge es un pensionado de 67 años, tiene 35 años viviendo en ese edificio, ahí crecieron sus dos hijos, en ese departamento peleó y amó a su esposa, en su closet tiene más de 20 pares de zapatos, al menos 10 chamarras, las escrituras de su casa y los recuerdos de su boda.

“Toda una vida de trabajo se quedó ahí, nos salimos con una mano atrás y otra adelante porque no tenemos cosas ni nos dejan sacarlas. Yo nunca pensé en ponerme ropa de otra persona o unos zapatos que me regalaran, o esta chamarra que me dieron porque estaba temblando de frío, eso es lo que nos duele mucho, tener todas nuestras cosas allá arriba y no poder sacar nada”, comentó con impotencia.

Jorge agradece la ayuda de los vecinos a los que cariñosamente llama “familia”, ellos son quienes los provén y los mantienen con vida, para él, el gobierno no los está ayudando, han ido un par de veces a dejarle unas latas de sardina y una hoja en donde se anuncian los créditos de hasta 2 millones de pesos que presentó el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, para apoyar a los damnificados.

Para quienes soliciten estos préstamos tendrán que pagar hasta 18 mil pesos mensuales durante 20 años, otra vida de trabajo para la cual Jorge ya no piensa vivir.

“Nos dicen que nos van a investigar para ver si tenemos dinero, pues ¿dónde lo tenemos?, si somos de la tercera edad, yo estoy jubilado desde hace 8 años. Ya no está uno en edad para trabajar, para hacer, comprar o pagar créditos”, agregó el hombre que recibe una pensión de 3 mil 700 pesos mensuales, con los cuales se mantiene él y su esposa.

La situación de Jorge es similar a la de su vecina que trabajó con un diputado o al exprofesor universitario que nunca se casó. Cada uno de los habitantes de los ocho departamentos son personas de la tercera edad con pensiones que no sobrepasan los 6 mil pesos mensuales.

La gentrificación de la Colonia Narvarte ha ocasionado que las rentas se disparen en la zona, difícilmente se encuentra un departamento a menos de 7 mil pesos, a 4 mil si es cuarto de azotea, por lo que la ayuda de los 3 mil pesos mensuales para que los damnificados vivan en un lugar provisional tampoco es opción.

“Nos llegaron unas hojitas donde nos decían que nos prestaban con el 9 por ciento y los 3 mil pesos para la renta, pero ¿dónde consigues un departamento? Si aquí las rentas son de 6 mil, 7 mil pesos, ni para dar una renta alcanza, entonces, estamos en la vil calle, preferimos quedarnos ahí en el campamento y no pagar eso.

“Lo malo es que nos estamos quedando aquí y hace un frío de la fregada y luego está lloviendo a cántaros, el otro día que llovió estábamos nadando con los colchones, parecía que estábamos en la alberca”, dijo Jorge intentando tomar la anécdota de forma graciosa.

“Toda una vida de trabajo se quedó ahí, nos salimos con una mano atrás y otra adelante porque no tenemos cosas ni nos dejan sacarlas. Yo nunca pensé en ponerme ropa de otra persona o unos zapatos que me regalaran”
JorgeDamnificado por el sismo

‘Aquí se acabó todo’

Debajo de los 8 departamentos había cinco locales comerciales: una estética, una fonda, una tintorería y hasta una abarrotera.

Aunque los dueños de los negocios tengan donde dormir, también perdieron el patrimonio de una vida.

Jorge Alejandro Garibay Cárdenas de 64 años es conocido por los demás habitantes como “Algaca”, como el nombre de su abarrotera que tuvo abierta por 26 años. Esa tienda era su sustento y el sismo lo dejó sin trabajo, sin ingresos, sin nada.

“En cuanto se cimbró nos atravesamos a la esquina y desde ahí me tocó ver como se movía el edificio, se fracturó todo y antes de que terminara el temblor, unos segundos antes, en el último jalón se colapsó, cuando vi que se cayó dije aquí se acabó todo”, recordó “Algaca”.

El tendero sabe que el apoyo ofrecido por el jefe de Gobierno de la Ciudad de México no será para ellos, no tienen las condiciones para poder pagarlo.

“Es una locura, 9 por ciento anual de intereses, nadie lo va a poder pagar, menos nosotros, era un edificio de 8 departamentos y 5 locales, todos adultos mayores, pensionados o jubilados con cantidades irrisorias quizás en algunos casos”, se quejó Jorge.

Los damnificados de Concepción Beistegui de alguna manera se sienten privilegiados, su edificio será de los primeros en ser demolidos, el lunes comienzan a tumbar lo que el sismo no pudo. Están conscientes de que derribando todo será más fácil comenzar de nuevo.

3,000
Pesos mensuales es la ayuda que el gobierno capitalino ofrece a los damnificados para pagar una renta
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