Mancera ingresó a quirófano para corregir un problema de arritmia, pero el procedimiento se complicó y requirió operación a corazón abierto


En julio pasado, el jefe de Gobierno dio un giro de timón a su administración y solicitó la renuncia de todos los miembros de su gabinete legal y ampliado para ejecutar una serie de cambios 

La operación a corazón abierto de Miguel Ángel Mancera Espinosa sacudió todo: provocó una crisis interna en el Gobierno del Distrito Federal (GDF) y se convirtió en caso de Estado.

A un año del “milagro” de la “resurrección” del jefe de Gobierno, quien ya recuperado narró que su corazón se detuvo por ocho minutos durante aquella intervención, algunas cosas cambiaron en el GDF.

Cuando Mancera se reincorporó al trabajo de gobernar la Ciudad de México (18 días después de su operación), todo era incertidumbre. Se hablaba de traiciones, de funcionarios que no estuvieron a la altura de las circunstancias y de si podría salir de la crisis a cuestas que arrastraba por el doble Hoy no Circula, las marchas de la CNTE, el aumento a la tarifa del Metro y el cierre de la Línea 12.

Así terminó el 2014 y siguió durante los primeros meses del 2015, hasta que comenzó la toma de decisiones que cortaron problemas de raíz.

Da el primer golpe

En marzo de 2015 (cuatro meses después de la crisis de salud) el mandatario local despidió al secretario de Obras y Servicios, Alfredo Hernández, por actos de corrupción al señalarse que entregó millonarios contratos para la adquisición de luminarias a una empresa en la que trabajaba su esposa, Erika Sofibeth Molina Barragán.

El ejecutivo local no lo pensó dos veces y lo separó del gabinete, aunque en ese momento la Sobse tenía la responsabilidad de sacar adelante el proyecto de rehabilitación de la Línea 12, que también pesaba en la imagen del mandatario por el perjuicio ocasionado a miles por el cierre.

En junio pasado el GDF enfrentó otro momento crucial: las elecciones intermedias para cambiar a los miembros de la Asamblea Legislativa y a los 16 jefe delegacionales. 

El PRD resultó el gran perdedor de la contienda; Mancera y su entonces operador político, Héctor Serrano, fueron señalados como algunos de los responsables de la derrota.

Para sacudirse el amargo sabor del 7 de junio, en julio de este mismo año, Miguel Ángel Mancera ejecutó otra de las maniobras más contundentes de su administración: solicitó la renuncia a todos los miembros de su gabinete legal y ampliado a fin de reajustar los cargos.

La reestructura del Gabinete

Con los cambios en su equipo, Mancera Espinosa se sacudió de tajo a dos figuras polémicas dentro de su gabinete: a Héctor Serrano Cortés, a quien sacó de la Secretaría de Gobierno, y a Joel Ortega Cuevas, del Sistema de Transporte Colectivo Metro.

Los cambios en el gabinete escandalizaron, quién había ganado, quiénes perdieron, con qué grupos había negociado el mandatario.

Al sacar a Serrano Cortés de la Secretaría de Gobierno y pasarlo a la Secretaría de Movilidad (Semovi),  Mancera desinfló la burbuja de presión que alimentaba Morena, ahora la nueva fuerza en la ciudad, que amenazaba con desconocer al entonces secretario de Gobierno como interlocutor.

Con los cambios en el gabinete el mandatario también resolvió otra presión: la que representaba el entonces director del Sistema de Transporte Colectivo Metro, Joel Ortega Cuevas, a quien muchos actores responsabilizaban de utilizar políticamente el cierre de la Línea 12 para golpear a Marcelo Ebrard Casaubón.

Era el momento para mandar un mensaje claro. 

Así lo hizo al remover de su cargo a una de las funcionarias que se consideraba como una de las más fieles al mandatario.

Rosa Icela Rodríguez dejó la Secretaría de Desarrollo Social y la envió a la casi extinta Secretaría de Desarrollo Rural.

Con ese cambio, Mancera premió a uno de su círculo de amigos, pues nombró a José Ramón Amieva al frente de la Sedeso capitalina, que maneja uno de los presupuestos más grandes de la Ciudad de México.

Además de incorporar a Amalia García a su gabinete y de fortalecer a Patricia Mercado en la Secretaría de Gobierno.

El nuevo gabinete marcó gran parte de la ruta a seguir de Miguel Ángel Mancera, quien no pierde la brújula del 2018, como tampoco la pierden quienes aspiran a sucederlo.

Dentro y fuera del gabinete ya queda claro quiénes levantan la mano para convertirse en los delfines del mandatario local. 

Al interior del GDF incluso se habla de una competencia entre José Ramón Amieva, Manuel Granados, Salomón Chertorivsky y la propia Alejandra Barrales, quien renunció al Senado para convertirse en secretaria de Educación del DF. 

Llegan mejores tiempos

A punto de finalizar el tercer año de su gobierno, el jefe de Gobierno apresuró la apertura de la Línea 12 y abrió cinco de las once estaciones al público que desde marzo de 2014 fueron suspendidas cuando se advirtieron riesgos de descarrilamiento.

Aunque todavía están pendientes las estaciones Tezonco, Olivos, Nopalera, Zapotitlán y Tláhuac.

Hace un mes cuando Mancera viajó a Washington y se reunió con el secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, experimentó un poco de lo que podría llegar a ser…

Después de desayunar con otros alcaldes del mundo platicó con Kerry y se fotografiaron juntos.

Por la tarde se tomó tiempo libre para comer hamburguesas acompañado de Luis Serna, su particular, y de Tanya Müller, titular de Medio Ambiente. El mandatario se veía feliz.

A dos meses de arrancar el cuarto año de gobierno, poco a poco Mancera libera anclas pese a las olas, las más reciente, la de los crímenes ocurridos en la capital adjudicados a reos del Reclusorio Oriente, que protagonizan una pelea por la venta de la droga al interior del penal.