El informe “Atrocidades y eventos de alto impacto registrados en medios 2022”, elaborado por la organización Causa en Común, revela que del 1 de enero al 31 de octubre, se han contabilizado cinco mil 281 atrocidades, siendo los actos de tortura los de mayor incidencia con mil 512 casos.

La cifra observada en los primeros 10 meses del año en curso se acerca al número total de actos de extrema violencia registrados en años previos: en 2021 se tuvo conocimiento de cinco mil 333 atrocidades y en 2020 se registraron cinco mil 380, según los informes anuales de la organización.

Cabe destacar que en 2021 el acto violento que más se reportó en notas periodísticas también fue el de la tortura (mil 151), mientras que en 2020 fue el de fosas clandestinas (mil 350).

En relación a estos actos de violencia y la salud mental, la investigadora de Causa en Común, Nancy Angélica Canjura Luna, expresa que al elaborar estas investigaciones no solamente han intentado poner más énfasis en la necesidad de aumentar la capacidad de asombro de la sociedad, sino también en exponer cómo permean las violencias en la población.

“Siempre tenemos muy presente el discurso de esta violencia generada por el narcotráfico, pero perdemos de vista las otras violencias que tienen que ver con la descomposición social e individual, en donde no se está haciendo nada para atenderlas, tanto la salud mental como la salud de la comunidad en cuanto a la defensa del espacio”, menciona.

Agrega que esto se puede identificar en los resultados del informe al ejemplificar el asesinato de mujeres con extrema violencia o al homicidio de niñas, niños y adolescentes o los intentos de linchamiento, lo cual no necesariamente se vincula a alguna célula delictiva ni se da en un contexto de crimen organizado.

Indica que lo anterior se suma a la falta de interés por parte de las instituciones encargadas de procurar justicia para atender las causas estructurales, lo que no solo abona a la comisión de delitos, también revictimiza a quienes sufren las violencias.

“Ahora en el discurso tenemos estas ideas de nuevas masculinidades, de tener menos tabús acerca de tomar terapia o de tratar temas de manejo de ansiedad y de la ira, que muchas veces están asociadas con conductas comunitarias.

“Pero por otro lado, institucionalmente no hay respuesta para eso, no tenemos más servicios públicos para la atención a la salud mental, los que existen no tienen seguimiento, no hay mecanismos de prevención. Ese es el dilema en el que nos encontramos actualmente”, subraya.

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