Subestiman a la ciudadanía

Apostarle a una estrategia cuyos mensajes sólo buscan entretener o llamar la atención de los votantes difícilmente resultará en una campaña exitosa, pues al final del día son pocos quienes apoyan a los candidatos que no ofrecen soluciones a sus problemas reales

Con tal de alcanzar el poder, los candidatos que contienden por un puesto de elección popular en este proceso electoral son capaces de cualquier cosa, incluso si eso significa poner en juego su prestigio y su nombre. 

Sin embargo, las estrategias fuera de lo común utilizadas por ellos y sus equipos para buscar apoyos, difícilmente cumplen con su objetivo: conseguir más votos. 

Al realizar campañas que carecen de seriedad y de mensajes bien planeados también existe el riesgo de ofender a la ciudadanía

“Es importante explorar todos los canales de comunicación e innovar para tratar de llegar a más gente con mejores resultados, pero se debe de hacer con inteligencia y sin dejar de lado lo más importante, que es tener un buen mensaje y que lo puedan entender desde las personas de bajos recursos hasta los empresarios, pues no hay peor estrategia que una basada en ocurrencias”, explica el experto en política José Luis Cruz. 

Para el especialista, lo único que se logra con los mensajes que rayan en la burla o en lo ridículo es llamar la atención, un hecho que les ayuda a cumplir su objetivo de posicionarse y darse a conocer entre la ciudadanía, pero que difícilmente les ayudará a posicionarse mejor que sus rivales. 

“La ciudadanía no toma con seriedad este tipo de mensajes porque no responden a las necesidades reales de la sociedad y del país, las cuales son actualmente de índole económico y de seguridad”, comenta José Luis Cruz. 

Y aunque existe una remota posibilidad de conseguir algunos apoyos extras a través de este tipo de acciones, estos serán entre una población poco informada la cual al final no siempre sale a votar, dice el politólogo. 

Lo único que se logra con los mensajes que rayan en la burla o en lo ridículo es llamar la atención

Aunado a esto, existe otro riesgo, el cual radica en que el ciudadano se sienta subestimado.

“No hay que subestimar al electorado, los votantes no son tontos; al final del día no apoyarán a un candidato que implemente hace propuestas irracionales que poco les ayudarán a resolver su problemas del día a día”, concluye

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