La región boscosa de Jalisco denominada como “Paisaje Sierra de Tapalpa” presenta múltiples “barreras” que están obstaculizando los desplazamientos de la fauna, poniendo en riesgo su biodiversidad, y entre las cuales se encuentran las zonas aguacateras, de invernaderos, pecuarias, urbanas y de cabañas turísticas.

El “Paisaje Sierra de Tapalpa” es una importante zona turística de Jalisco, pues el municipio de Tapalpa cuenta con la denominación de Pueblo Mágico, sin embargo, el Gobierno del estado acaba de determinar que, desde la arista medioambiental: “el Paisaje Sierra de Tapalpa funge como sitio de comunicación de especies entre las zonas con diferentes formas de protección que la rodean —como Sierra de Quila, Nevado de Colima y Sierra de Manantlán—“.

Por lo tanto, preservar las condiciones de “conectividad” del “Paisaje Sierra de Tapalpa” deberá redundar en la conservación de su biodiversidad, pero también en la de esas tres áreas naturales protegidas con las cuales se encuentra vinculado, según se desprende de los hallazgos del estudio publicado por el Gobierno del estado “Análisis de conectividad estructural y funcional en el Paisaje Sierra de Tapalpa, Jalisco, México”.

Entre las principales “barreras” que fueron identificadas por el estudio, y que están fragmentando el “Paisaje Sierra de Tapalpa”, se encuentran las huertas de aguacate que han estado proliferando en la región sin los controles adecuados por parte de las autoridades de los tres niveles de gobierno.

“El aguacate es el cultivo con mayor dinamismo registrado en el sur del estado de Jalisco, donde las plantaciones empezaron a crecer a partir del año 2000. La superficie cultivada ha incrementado durante las últimas décadas debido a su creciente popularidad y apertura en mercados internacionales. Las condiciones agroecológicas de la Sierra de Tapalpa son propicias para el cultivo eficiente de aguacate”, dice el documento.

En estos momentos, los cuatro municipios que conforman el “Paisaje Sierra de Tapalpa” presentan la siguiente superficie ocupada por las huertas de aguacate: San Gabriel, con 4 mil 020.2 hectáreas; Tapalpa, con 459.4 hectáreas; Chiquilistlán, con 359.3 hectáreas; y Atemajac de Brizuela, con 48.7 hectáreas.

Sin embargo, entre los impactos negativos que generan las huertas de aguacate, se mencionan los siguientes: proliferación de plagas por el cambio de uso de suelo; el uso de agroquímicos produce efectos perniciosos, por ejemplo: desequilibrios en los ecosistemas (“algunos de estos incluso altamente peligrosos”), puede inhibir la protección que ciertos organismos le proveen a los pinos, contaminación del suelo y acuíferos, y daños para poblaciones de flora y fauna (incluyendo polinizadores).

La falta de vigilancia en las áreas forestales, señala el estudio, ocasiona un crecimiento desmedido de aguacateras ilegales y, por ende, cambios de uso de suelo sin autorización mediante prácticas de tala ilegal. Finalmente, estas huertas pueden atraer fauna que queda susceptible a recibir ataques por pobladores.

El documento advierte: “Los procesos de fragmentación en ambientes naturales ocasionados por actividades humanas (barreras) reducen la conectividad al disminuir la calidad de sus hábitats e impedir el paso de las especies en el territorio. Esto constituye una de las principales causas de la pérdida de la biodiversidad”.

Invernaderos y cabañas en Sierra de Tapalpa

Otra “barrera” importante que se detectó en el “Paisaje Sierra de Tapalpa” la están generando los invernaderos para la producción de berries que también han proliferado en esa región de Jalisco:

“En los últimos 10 años, en el sur de Jalisco, las parcelas destinadas a la producción de berries han aumentado en tamaño, alcanzando un total de 5 mil 337 hectáreas en el 2019. A lo largo del 2018, la producción de aguacate y berries significó el 31.8% de la producción agrícola regional (…). El municipio de Tapalpa es el único con registros oficiales de cultivos de berries, teniendo un monto de 65 invernaderos, los cuales suman un total de 577 hectáreas”.

Entre los impactos negativos que producen este tipo de invernaderos, el estudio destaca que la disminución de la calidad del agua subterránea y sobreexplotación de acuíferos; la proliferación de plagas y enfermedades (pues los tiempos de siembra son continuos y no hay periodos para el descanso de la tierra); la pérdida de la superficie forestal por el cambio de uso de suelo; y los efectos que derivan del uso de agroquímicos (desequilibrios en el ecosistema y contaminación del suelo y acuíferos).

La industria turística de la región, y en específico sus cabañas, también fungen como una “barrera”: “De entre los efectos negativos de las cabañas con respecto a la conectividad ecológica se encuentran el desplazamiento de fauna y cambios en su sistema reproductivo por la iluminación y ruido generado en estos complejos, contaminación por el mal manejo de residuos, generación de incendios, erosión del suelo por el uso de caminos y terracerías, entre otros”.

También se identificaron como “barreras” en la región las zonas pecuarias (la ganadería reduce zonas forestales para la producción de forraje y pastoreo, contamina cuerpos de agua, emite Gases de Efecto Invernadero y erosiona suelos, entre otros efectos); la expansión urbana y la construcción de nuevas vías de transporte; y los bordos de retención de agua pluvial principalmente para producir aguacate y berries (propician el ahogamiento de fauna silvestre particularmente en las ollas que se recubren con geomembrana):

La conectividad

Uno de los principales hallazgos del estudio fue que “se logró apreciar la función de conexión que brinda el Paisaje Sierra de Tapalpa dentro de un conjunto de áreas protegidas. Aunque es cierto que el territorio ha sufrido cambios importantes en las últimas tres décadas, tanto por actividades turísticas como productivas, sigue siendo un elemento muy relevante para la conectividad en la región”.

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