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CALDERóN

Se justifica y culpa a los países ricos

Alicia Guzmán

Felipe Calderón habló por última vez como presidente de México ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y aprovechó la ocasión para justificar a su gobierno del principal problema que aqueja al país: la inseguridad y el crimen organizado.

El presidente abrió su discurso frente a los 193 representantes de los Estados miembros de la Asamblea General en la sesión 67 resaltando la participación y desempeño de México en temas de cooperación económica internacional.


Sep 26, 2012
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Hasta utilizó las mismas palabras que ofreció en su último informe: ‘Y lo hemos hecho con valentía y coraje’

Felipe Calderón habló por última vez como presidente de México ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y aprovechó la ocasión para justificar a su gobierno del principal problema que aqueja al país: la inseguridad y el crimen organizado.

El presidente abrió su discurso frente a los 193 representantes de los Estados miembros de la Asamblea General en la sesión 67 resaltando la participación y desempeño de México en temas de cooperación económica internacional.

Resaltó el papel del país como líder del G20 y la reunión sostenida en Los Cabos en junio pasado donde México “logró reconciliar intereses opuestos de países desarrollados y en vías de desarrollo,” debate que se centró en acciones concertadas para reactivar la economía mundial.

Señaló que en los meses anteriores a la reunión de Los Cabos, el clima financiero mundial era sombrío y que se dudaba inclusive, la viabilidad del euro como moneda.

En este contexto el más grande logro de esa reunión: conseguir que los Estados miembros contribuyan con 450 mil millones de dólares, el monto más grande de recursos en la historia del bloque económico, destinado al rescate financiero de países en crisis.

La versión de sus logros

En un tono y estilo de segunda lectura de informe de gobierno, Calderón mencionó logros en vivienda, educación, (3 millones de aulas construidas), asistencia social (6.5 familias pobres reciben compensación a través del programa Oportunidades), medio ambiente (1.3 billones de árboles plantados en los últimos seis años). 

Presumió también el objetivo alcanzado de cobertura universal en salud y educación primaria.

Y tras abordar el tema del cambio climático, en el que “México es pionero”, entró en aguas más turbulentas.  

Inició el tema con una justificación sobre la escalada de violencia que ha vivido México en el último sexenio, describiendo su política de combate al narcotráfico como “un imperativo moral y ético”.

Y utilizó las mismas palabras que ofreció en su último informe:“ Y lo hemos hecho con valentía y coraje”.

Defendió su estrategia, pero culpó a otros, argumentando que Naciones Unidas no ha asumido con “suficiente responsabilidad de acuerdo a su dimensión y gravedad,” el tema del consumo de drogas y el tráfico de armas.

Calderón dejó claro que el consumo de drogas es uno de los más grandes retos a nivel mundial, que está cobrando la vida de miles y miles de jóvenes en países de producción y tránsito, generando niveles de violencia “que la gente no se merece”. 

Pero la culpa no es solo nuestra, fue el mensaje. “Los países consumidores no han hecho lo suficiente para reducir el consumo.

“Por eso, aquí en esta asamblea, quisiera decir claramente que el tiempo ha llegado de que los países consumidores enfrenten si tienen la voluntad y capacidad para reducir el consumo de droga de manera significativa”. 

Y no son solo culpables de demandar cantidades estratosféricas de estupefacientes, sino que proveen de “billones de dólares que financian a las organizaciones criminales”.

Hizo en este sentido su única propuesta real en términos globales. 

“Hoy propongo formalmente que nuestra organización de las Naciones Unidas se comprometa en el tema, que haga una valoración profunda de los alcances y límites del actual enfoque prohibicionista en materia de drogas,” puntualizó Calderón.

Instó así el mandatario mexicano a la ONU, a los países desarrollados consumidores de drogas, léase Estados Unidos, a asumir su responsabilidad en el tema. Es decir, a matizar y repartir la culpa por los 70 mil muertos que ha cobrado el combate al crimen organizado en México.

Y agregó: “si no pueden o no quieren, por lo menos asuman su responsabilidad de reducir el flujo multimillonario de recursos que destinan en la compra y venta de armas y de drogas”. 

Pero en esta convocatoria lanzada, dio a entender que México no cuenta con la capacidad o las instituciones financieras suficientemente sólidas, a pesar de ser la octava economía mundial, para regular los recursos provenientes del narcotráfico. 

Y es que al culpar al vecino del norte, omitió el pequeño gran detalle del reciente escándalo de HSBC, olvidando que en julio de este año, funcionarios del banco británico comparecieron ante el Senado de Estados Unidos, aceptando que por años “hubo significativas debilidades en la infraestructura de controles” en las operaciones de la sucursal del banco en México. 

Se “destapó” así el hecho de que en México se lavan miles y millones de dólares provenientes del narcotráfico a través de instituciones bancarias.

Al final de su intervención, tras repetidos tragos de agua, decidió el mandatario sacarse una nota fuerte al condenar “sin tapujos” y en voz enérgica al régimen represivo de Bashar Al-Assad en Siria, recalcando “la debilidad y franca inacción” del Consejo de Seguridad frente a flagrantes violaciones de derecho internacional. 

Y cerró su discurso en tono más amigable, confesando que se enorgullece de dejar un país más “fuerte, próspero, justo,” que además es amigo de todas las naciones.


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