La inflación y la pandemia acentuaron el desperdicio de comida, lo que aumenta la desigualdad alimentaria, alertan especialistas invitados al Foro de Bienestar para Reporte Índigo.

“El tema del hambre se ha vuelto transparente tristemente, pero se agrava con la pandemia y con la inflación, simplemente el problema que atendemos, que le llamamos el problema gemelo, que vemos los bancos de alimentos: el hambre y el desperdicio, se vuelven más crudos, más fuertes hoy en día y ameritan acciones de todos”, explica Tere García, directora del Banco de Alimentos de México.

Datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) indican que en la actualidad tres mil millones de personas en el mundo no pueden costear comida saludable, lo que representa que casi 38 por ciento de la población tenga el riesgo de padecer las enfermedades crónicas

En el proceso inflacionario mundial, los altos costos provocan que la gente deje de comprar los alimentos y estos se desperdician.

Un estudio publicado a finales de 2013 en Estados Unidos encontró que las dietas más sanas cuestan alrededor de 1.5 dólares más que aquellas menos sanas.

“La gente a menudo dice que los alimentos más saludables son más caros y que esos costos limitan en gran medida los mejores hábitos dietéticos. Hasta ahora, la evidencia científica de esta idea no se ha evaluado sistemáticamente, ni se han caracterizado las diferencias reales en el costo”, menciona en el estudio la autora Mayuree Rao.

Los autores sugieren que las dietas poco saludables pueden costar menos porque las políticas alimentarias se han centrado en la producción de productos básicos “económicos y de gran volumen”.

El problema es mundial y tiene que haber coordinación entre los países para que se pueda atender paso a paso, además de que tiene que participar la industria alimentaria.

“Ahora es el momento en el que es más caro comer. En tiempos de alta inflación, lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo”, explica el subdirector general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué.

En tanto, cada quien, desde sus casas, puede aportar su granito de arena para solucionar el problema.

“Sí tenemos nosotros en nuestra casa como consumidores un rol importante. ¿Quién no tira fresas que se echan a perder? ¿Comida de dos o tres días que ya nadie va a consumir? En nuestros hogares desperdiciamos mucho alimento. El primer paso es tener conciencia de ese desperdicio para mejorar”, explica el doctor Guillermo Arteaga Mac Kinney en el Foro de Bienestar.

Darle valor a la comida y evitar el desperdicio

Teresa García, directora de la Red de Bancos de alimentos de México, explica que el desperdicio de comida en buenas condiciones es una constante en nuestro país.

“El problema del desperdicio de alimentos es gravísimo. Hablamos de unos 24 millones de toneladas de alimento que llegan a la basura tan sólo en nuestro país al año, unos 42 mil kilos de comida consumible en promedio por minuto, teniendo esto un doble impacto negativo, el primero es el económico, tirar comida es tirar dinero; el segundo es el social, al mismo tiempo que tiramos comida tenemos personas que mueren de hambre en el país”, explica la especialista.

Además, el desperdicio de comida también incide en la contaminación y dióxido de carbono que se arroja a la atmósfera.

“Tirar comida contamina al generar más de 36 millones de toneladas de CO2 más la huella hídrica, es un problema grave pero que tiene soluciones”, explica la experta, quien afirma que el movimiento mundial de los bancos de alimentos evitan que comida en buen estado llegue a los basureros”
Teresa GarcíaDirectora de la Red de Bancos de alimentos de México

Teresa García hace un llamado a darle el valor a la comida, ya que asumimos que por tener comida en un plato la podemos desperdiciar.

Además de planificar la alimentación de la familia en busca de que todo se aproveche, es importante tener un cambio de hábitos para no desperdiciar.

“Debemos acostumbrarnos, si vamos a un restaurante preguntar qué viene de guarnición y, si no me gusta, pedir que no la coloquen en el plato. Hacer estos pequeños cambios muy al alcance y empezar a difundir que el problema del desperdicio tiene un impacto muy importante creo que es lo que está más a la mano de los consumidores”, explica la experta.

La Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX) está compuesta por 54 sedes con 30 años de operaciones y calcula que cada año rescata 135 millones de kilos de comida consumible que, de otra forma, se hubieran desperdiciado

Con esto se puede alimentar a casi dos millones de personas de forma recurrente e implica rescatar menos del 1 por ciento de toda la comida que se tira al año en México.

“Hay bancos de alimentos cercanos a ustedes donde pueden ser voluntarios, compartir tiempo, talento, difundir la causa, sensibilizar y no hay ayuda pequeña porque esta causa nos compete a todos, así que quiero invitarlos a tener actividades en contra del desperdicio de alimentos”, expresa dice Teresa García.

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