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Reporte
Nacional

JULIOSCHERER

Se acaba la tinta

César Cepeda

Julio Scherer García murió ayer a punto de cumplir 89 años de edad dejando en la orfandad al periodismo mexicano.

Será recordado el fundador de la revista Proceso sin duda como el periodista más incómodo que hayan tenido los poderosos en México y como la principal referencia para una generación de informadores en el país.


Ene 7, 2015
Lectura 6 min

"Sentí un calor interno, absolutamente explicable. La foto probaba la veracidad del encuentro con el capo"

- Julio Scherer

"Si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos…"

https://www.youtube.com/watch?v=qeowF3RRl6E&feature=youtu.be

Julio Scherer García murió ayer a punto de cumplir 89 años de edad dejando en la orfandad al periodismo mexicano.

Será recordado el fundador de la revista Proceso sin duda como el periodista más incómodo que hayan tenido los poderosos en México y como la principal referencia para una generación de informadores en el país.

Scherer siempre se manejó con una ética a veces controvertida su relación con los políticos que lo buscaban para tenerlo de su aliado. Tuvo amigos en el poder, se dejaba cortejar por los poderosos, pero siempre llevó estas relaciones para sacar ventaja como reportero.

“Nadie pudo silenciarlo”, contó alguna vez su amigo y colega Vicente Leñero, subdirector de la revista Proceso por 20 años y fallecido hace dos meses.

Scherer, el periodista, siempre buscó la rigurosidad de la información y de los hechos contados.

“Al periodista lo avalan los hechos. Sin ellos está perdido”, era una de sus frases.

“El periodismo ha de ser exacto, como el bisturí”.

Cultivó un respeto sagrado por la independencia de su editorialistas.

“Ustedes escriban libremente. Yo paro los golpes”, les decía a sus colaboradores del diario Excelsior, que dirigió entre 1968 y 1976.

Scherer enfrentó como director de Excelsior el golpe que orquestó el entonces presidente Luis Echeverría en contra de la línea editorial de este diario que en ese momento era uno de los más prestigiados de América Latina.

La destitución de Scherer se ejecutó el 8 de julio de 1976. 

Con él se fueron periodistas legendarios como Miguel Ángel Granados Chapa, Vicente Leñero y Carlos Monsivais.

Cuatro meses después de su salida de Excelsior, el 6 de noviembre de 1976, Scherer y su grupo de periodistas publicaban el primer número de la revista Proceso, un semanario crítico que se convirtió con los años en una referencia obligada para entender la historia reciente de México.

Uno de sus primeros artículos se titulaba “Libre Expresión: de Excelsior a Proceso”, donde Scherer dejaba claro la línea editorial que tendría su nuevo proyecto periodístico.

“Proceso de los hechos, proceso a los hechos y a sus protagonistas: estas son las líneas de acción de nuestro semanario”, escribió.

“Golpeados por la inquína política en términos que causaron asombro dentro y fuera de México, por la impudicia de la agresión y la relevancia de quienes la concibieron, sus miembros no harán de Proceso un semanario del despecho y el resentimiento. Primero, porque comprenden la naturaleza política de los hechos en que se les ha involucrado.Y en segundo lugar, y sobre todo, porque los conforta y obliga la solidaria generosidad de un vasto número de mexicanos decididos a que el silencio no cubra por completo a esta nación”.

A Leñero en sus entrevistas también le gustaba recordar sus encuentros con el expresidente Carlos Salinas de Gortari para reclamarle la línea editorial de la revista Proceso con su administración.

“Dígale a Julio que ya le pare”, contó Leñero que le dijo Salinas en una ocasión.

Una vez Salinas le propuso a Leñero: “¿Qué hacemos para trascender a Julio Scherer?”.

Leñero le contestó:

 “No hay forma, licenciado, le recomiendo que lo que tenga que decirle a Julio se lo diga directamente” .

Hasta su últimos días Scherer siempre fue reportero.

“Nunca he conocido a nadie tan reportero como Julio”, contaba Vicente Leñero, amigo de Scherer.

“Tiene además una facilidad impresionante para tratar con los poderosos sin doblarse”.

Así era, don Julio.

La entrevista polémica

Polémica fue su entrevista con el narcotraficante Ismael “El Mayo” Zambada, con quien se retrató para utilizar la fotografía en la portada de la edición del semanario.

“Sentí un calor interno, absolutamente explicable. La foto probaba la veracidad del encuentro con el capo”, escribió Scherer en su crónica.

Su trabajo periodístico está recopilado en más de 20 libros-reportajes que escribió a lo largo de su carrera. Nunca publicó un libro de memorias ni autorizó que un colega escribiera una biografía de él. 

Pero en sus libros está reflejada parte de su vida profesional. En el primero de ellos, escrito en 1965, “Siqueiros. La Piel y la Entraña”, Scherer trazó una semblanza íntima del muralista mexicano durante sus días de encierro en Lecumberri.

En “Los Presidentes”, el periodista habla de su relación con el poder de los mandatarios de México.

En “Salinas y su Imperio”, Scherer exhibe a la familia del expresidente Carlos Salinas de Gortari. En “La Pareja” exhibe los negocios del expresidente Vicente Fox y su esposa Marta Sahagún en su sexenio. Entrevistó a la narcotraficante Sandra Ávila Beltrán para su libro “La Reina del Pacífico”.

Uno de sus últimos libros, “Calderón de cuerpo entero”, está basado en el expresidente panista Felipe Calderón.

Como periodista Scherer siempre fue reacio a recibir premios y reconocimientos.

“Mi padre ha insistido, y con razón, que por él habla su trabajo: sus entrevistas, sus reportajes”, escribió su hija María Scherer Ibarra en octubre pasado en  la revista Letras Libres.

“Se ha negado a cooperar cada vez que algún colega obstinado ha pretendido biografiarlo”.

Pero aceptaba los galardones cuando eran otorgados por instituciones ajenas al gobierno. En el año 2002 fue reconocido por la Fundación Nuevo Periodismo, que era encabezada por el escritor Gabriel García Márquez, un amigo querido de Scherer.

Fue galardonado en el 2003 Premio Nacional de Periodismo, reconocimiento que había rechazado años antes cuando era otorgado por el Gobierno mexicano.

El año pasado recibió la medalla John Reed, que entregó el Proyecto Cultural Revueltas, en la ciudad de Torreón.

Scherer que enfrentó con valor admirable el riesgo de ser periodista en uno de los países más peligrosos para esta profesión.

“Me sé vulnerable y así he vivido”, decía Scherer sobre el riesgo de su profesión.

La muerte de Scherer enlutó ayer al periodismo mexicano. Escritores, políticos y periodistas lamentaron la pérdida del fundador de Proceso.

Los servicios funerarios se llevarán a cabo de manera privada a petición del periodista.

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