La muerte lo sorprendió en Madrid. Pero Lorenzo Zambrano regresó a su tierra para ser despedido por cientos de mexicanos que reunió en la misa de cenizas presentes celebrada ayer, en la Iglesia de Fátima en Monterrey. 

Antes, en su casa, tuvo un funeral privado solo con la familia y la presencia de la plana mayor del gabinete federal: el presidente Enrique Peña Nieto, el secretario de Gobernación Miguel Angel Osorio Chong, el de Hacienda Luis Videgaray y el de Economía Ildefonso Guajardo. 

Ellos llegaron a la casa del empresario, en Chipinque, bien protegidos por la presencia del Estado Mayor Presidencial y muchos retenes del Ejército. La zona tenía vigilantes hasta dentro de las ramas del boscoso paisaje del municipio de San Pedro. 

Ahí montaron una guardia breve, dieron el pésame a su hermana Nina y sus hermanos Jorge y Hernán. 

Al salir el presidente Peña Nieto dirigió unas palabras a la prensa nacional que lo acompañaba y exaltó las virtudes de Lorenzo Zambrano. 

La visita fue corta y solo el regiomontano Guajardo permaneció en la ciudad para asistir a la misa programada a las 16:00 horas en la Iglesia de Fátima. 

Hasta ahí llegaron puntuales, Marta Sahagún, Josefina Vázquez Mota, Ildefonso Guajardo y diversos capitanes de empresa. Impuntual llegó Vicente Fox, casi a media ceremonia pero a tiempo para comulgar y permanecer de pie varios minutos después en su asiento de primera fila de la iglesia. El expresidente cojeaba un poco y parecía cansado. 

El tributo religioso fue solemne, concelebrado por 10 sacerdotes, entre ellos los primos de Zambrano Alejandro Treviño Noyé y Hernán Zambrano, además del obispo electo que oficiaron entre música de Beethoven y Mozart y un coro que dirigió Fernando Guajardo en el ensamble Consort de Jesús Delgado. 

Como quería su familia, durante la ceremonia se mantuvo el tono familiar, evitando los testimonios empresariales y formales. Al frente estuvieron sus sobrinos para las lecturas del ritual. 

En los tributos y mensajes de obituario los jóvenes tomaron la palabra. Destacaron su participación en deportes, las artes, la educación,  y aseguraron que Monterrey no sería igual sin el trabajo y las aportaciones de su “tío Lorenzo”.   

 Al final, también cuatro de los hijos de los hermanos Zambrano Treviño hablaron del “tío Lorenzo” y lo que había significado en sus vidas. 

Exaltaron al empresario, triunfador, y al buen hijo, hermano, jefe, amigo y sobre todo, al buen mexicano que quiso aportar a su país por sobre sus intereses particulares, y hablaron de gratitud, lo que sentían por las acciones filantrópicas de Lorenzo Zambrano. 

Ian Armstrong Zambrano, el hijo de su hermana Nina, fue emotivo en un mensaje en el que dijo que su tío Lorenzo había sido como un padre para él, y exaltó sus virtudes en todas las áreas en las que participó. 

Del grupo de los 10 de la industria de Nuevo León, entre los que estaba Lorenzo Zambrano, estuvieron Sergio Gutiérrez Muguerza, de Deacero, Armando Garza Sada, de Alfa, José Antonio Fernández, de Femsa, Enrique Zambrano de Proeza y Alfonso Romo.

Enrique Krauze, quien colaboró en proyectos históricos con Zambrano, estuvo presente, igual que el historiador Israel Cavazos y el escultor Jorge Elizondo, quien realizó la escultura de homenaje a Zambrano cuando dejó la presidencia del Consejo del ITESM. 

Al final, el tributo llegó en un aplauso que se prolongó en la iglesia de San Pedro, N.L.

Así terminó, después de casi dos horas, el último tributo al empresario fallecido el martes a los 70 años, en donde reunió a políticos, industriales y familiares que reconocieron su labor y expresaron la gratitud por los proyectos que apuntaló, la sensibilidad que mostró, siempre, y el talento empresarial que lo llevaron a convertir una empresa familiar en un emporio global, que, según dijo uno de sus sobrinos, tendrán cuidado de preservar.