El expediente por el feminicidio de la médico Mariana Sánchez Dávalos, asesinada en Chiapas, reveló varias inconsistencias por parte de las autoridades que investigan los hechos.

“Era sucia, desordenada, no hablaba con nadie”, figura entre los testimonios recopilados en el expediente que dio a conocer el diario El País.

La pasante de Medicina de la Universidad Autónoma de Chiapas fue localizada sin vida el 28 de febrero en la habitación que ocupaba para dormir dentro las instalaciones de un centro de salud, en la colonia Nueva Palestina del municipio de Ocosingo.

Los forenses establecieron que la joven perdió la vida a las 20:30 horas del 27 de enero y su certificado de defunción explica que la causa de la muerte fue “asfixia mecánica secundaria causada por ahorcadura”.

Según el expediente, el cadáver no tenía rastros biológicos de otra persona ni tenía rastros positivos de toxicología.

“Suspensión incompleta”

En un inicio, la Fiscalía estatal estableció que Mariana Sánchez se había suicidado, pues el cuerpo no tenía rastros de violencia ni abuso sexual y la encontraron colgada de una cuerda. Sin embargo, el cadáver de la joven se encontraba en “suspensión incompleta”, según el propio expediente.

Es decir, el cuerpo de Mariana no estaba completamente suspendido, sino que sus rodillas estaban recargadas en el piso con los brazos estirados y los puños cerrados.

Además, según las fotografías del cadáver, la joven no tenía la soga apretada contra su cuello y el nudo quedó a unos 15 centímetros de su nuca.

Varios testimonios apuntaron que, al encontrarla, Mariana se encontraba de rodillas en el suelo; otros manifestaron que incluso sus manos estaban apoyadas en el piso y un más señaló que, después de verla, pensó que quizá estaba meditando.

“No se bañaba”

Tras el hallazgo, las autoridades judiciales comenzaron a recabar testimonios de las personas que convivieron con Mariana. Entre ellos, en el expediente destacan frases tales como “no se bañaba”.

Otros testigos en la carpeta de investigación también insisten en la versión del suicidio, donde apuntan que se encontraba emocionalmente dañada por problemas económicos y tomaba sedantes como la difenhidramina.

La defensa de la joven sospecha que esos testimonios fueron “manipulados” por las autoridades para reforzar la teoría del suicidio.

“Todos señalan prácticamente lo mismo y no es hasta una segunda declaración cuando mencionan que tomaba un medicamento, difenhidramina, sin que haya prueba de ello”, dijo el abogado Carlos Hugo Tondopó a El País.

Acoso sexual, antecedente del feminicidio

Según el Código Penal de los Estados Unidos Mexicanos, para establecer que una muerte violenta hacia mujeres es feminicidio, los peritos deben considerar no sólo las condiciones del cuerpo, sino también el contexto social de la víctima.

Es decir, no basta con que el cuerpo no tenga signos de violencia o abuso sexual, sino que, entre otras cosas, existan antecedentes de violencia tales como:

  • Antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;
  • Haya existido entre el activo y la vÍctima una relación sentimental, afectiva o de confianza;
  • Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima.

Meses antes de su muerte, Mariana comunicó a su madre que estaba siendo acosada por un médico que trabaja en su mismo centro de trabajo.

La madre, María de Lourdes Dávalos, compartió varios mensajes de WhatsApp donde su hija le dice que se quiere ir de ese lugar por el acoso sexual del que era víctima por uno de sus compañeros de trabajo.

“Ya no quiero ir, mamá”, le dice. “Hay un doctor que me está molestando y toma todo el día. Y llega borracho a tocarme la puerta”.


“Ya no soporto estar aquí. Ayer se metió el doctor en la noche a molestarme. No me dejó dormir”.

En esa ocasión, el sujeto consiguió ingresar al cuarto de Mariana y se subió a su cama para intentar manosearla, pero la joven se resistió y salió huyendo de ahí.

La perspectiva de género en la investigación del feminicidio

Un día antes de su muerte, Mariana ya había preparado sus maletas para ir a pasar el fin de semana a su casa de Tuxtla, como acostumbraba. Así fue la última conversación con su madre, según relata ella misma:


“Estaba muy apurada. Más de lo normal. Tenía mucha prisa y la noté muy angustiada. Me contestó llorando. Insistía en que la estaban acosando y que iba a volver a buscar a la directora. Quedamos en volver a hablar cuando terminara su trabajo, pero ya no pude. Ni siquiera sé si fue esa noche o al día siguiente por la mañana cuando la mataron”.

En 2019, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ordenó a la autoridades investigar con perspectiva de género todas las muertes violentas de mujeres, pues el esclarecimiento de los casos depende de los peritajes.

Es decir: además de analizar las condiciones del cadáver, las autoridades deben determinar si las víctimas estaban inmersas en contextos de violencia.


La sentencia de la SCJN ocurrió tras otro feminicidio, el primero en llegar al alto tribunal en el país por situaciones similares a las de Sánchez Dávalos: en aquel momento se trató del crimen contra Mariana Lima Buendía, donde las autoridades determinaron que se había suicidado cuando en realidad fue asesinada por su marido en 2010.

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