El Paseo de la Reforma ha pasado a ser el Paseo de los antimonumentos, debido a los reclamos sociales sobre las tragedias recientes que han ocurrido y a las cuales se podrían sumar muchas otras, en forma de estructuras.

Estos antimonumentos tienen algo en común: han sido colocados sin permiso de las autoridades, precisamente porque son grupos de víctimas que buscan transgredir y reclaman la omisión del Estado para resolver los sucesos trágicos.


En 2015, las familias de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero, colocaron una escultura metálica en Reforma

El Paseo de la Reforma es un lugar simbólico del país. La larga avenida de más de 14 kilómetros ha sido un espacio para celebrar logros nacionales y donde las imponentes marchas han encontrado un camino, también alberga a parte de los poderes políticos y empresariales más influyentes. Ahora también es una vitrina de los antimonumentos, esos símbolos que pretenden que las tragedias no sean olvidadas.

La Diana Cazadora se ubica muy cerca del imponente Ángel de Independencia, dos emblemáticos monumentos del país. En otra zona de la avenida conviven a unos metros Cuauhtémoc y Cristóbal Colón, dos personajes de polos opuestos en la historia. Más adelante, justo en el cruce de la Avenida Reforma y Bucareli, hay un “+43” rojo de más de tres metros de altura.

El 26 de abril del 2015 ese número se convirtió en el nuevo huésped del Paseo de la Reforma. Las familias de los 43 normalistas desaparecidos, quienes fueron atacados por corporaciones policiacas en Iguala, Guerrero, en octubre de 2014, colocaron la escultura metálica en el lugar, ellos lo bautizaron así: antimonumento.

“Si un monumento remite a un acontecimiento del pasado que es necesario aprehender (en latín momentum significa “recuerdo”), el proyecto +43 es la construcción de un Antimonumento porque no aspira a perpetuar el recuerdo, sino a alterar la percepción de que un hecho es inamovible”, justificaron en esa ocasión los padres de los estudiantes que agregaron que lo denominaron de esa forma porque es un reclamo al Estado que quiere olvidar.

El 5 de junio de 2017, padres de las niñas y niños que fallecieron nueve años antes en un incendio en una estancia infantil en Hermosillo, Sonora, acudieron a las oficinas centrales del IMSS, sobre Paseo de la Reforma, y colocaron una escultura con colores rosa, azul y verde, en el que se lee: “49 ABC ¡nunca más!”.

Las familias de David y Miguel, jóvenes secuestrados en el 2012, que pese a haber pagado un rescate no volvieron a casa, colocaron el 5 de enero del 2018 una estructura en Reforma en forma de “T” para representar la media silueta de dos personas.

“Pedimos permiso a las autoridades, por ley teníamos permiso a un memorial para representar a nuestras víctimas, lo que nos respondieron fue que esos espacios eran para monumentos históricos, el memorial habla de la verdadera historia que está pasando en México, como nunca nos autorizaron entonces pusimos nuestro propio monumento”, relata en entrevista Deborah Ramírez, hermana de David.

Ella explica que la idea de instalar la estructura es invitar a la sociedad a colocar candados que simbolicen una exigencia de seguridad, para que nadie más tenga que desaparecer en el país, porque no sólo sus familias están viviendo ese problema son miles de casos.

El 18 de febrero pasado, frente a la Bolsa Mexicana de Valores, deudos de los 65 mineros que murieron en una explosión en Pasta de Conchos colocaron un antimonumento. La exigencia es recordar a las víctimas frente al lugar donde Grupo México y otras compañías dedicadas a la minería cotizan sus acciones.

Javier Caballero, investigador y profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, ve en los antimonumentos la forma de apropiarse de la memoria que el Estado se niega a recordar, además explica que su nombre también viene de la irrupción del espacio, la acción de colocarlo sin permiso de la autoridad.

El arquitecto explica que aunque no es la práctica más viable, ya que pueden ser retirados, sí deben invitar a generar espacio para otras protestas y lo ejemplifica con lo que ocurrió en el +43, cuando un grupo feminista realizó una pinta sobre su estructura. Caballero indica que esa acción está incluida en el antimonumento porque debe de ser reproducido, modificado y apropiado por la sociedad.

Distintos a los memoriales

“El memorial no busca ocupar el espacio público, es un espacio público. Mientras el antimonumento sí es fijo y sí ocupa un espacio. El antimonumento es un objeto en medio de una plaza y está ocupando el espacio y el memorial es la plaza donde puede darse un mensaje distinto acompañado de la memoria trágica”, explica en entrevista. Beltrán agrega que respeta la acción de colocar los antimonumentos en el Paseo de la Reforma, pero cree que no es la mejor forma para evitar que continúen las tragedias.


La avenida de más de 14 kilómetros es un espacio que alberga a parte de los poderes políticos y empresariales más influyentes. Ahora también es una vitrina de los antimonumentos

“De cierta forma es una imposición de los familiares de las víctimas colocar esos objetos en Reforma. Es legítimo; lo critico, pero lo entiendo porque son un grupo de personas a las que no se les ha permitido tener un espacio, en un contexto como México, las primeras cosas que haces es de cierta forma imponerte para que tu voz sea contemplada y escuchada, es complejo pero no es la respuesta seguir llenando la Avenida de antimonumentos”, expone.

El experto explica que existe un fenómeno de antimonumentos sobre Reforma, los cuales podemos intuir que se seguirán colocando sobre todo con la dinámica de violación a los derechos humanos que existe en el país; pero invita a estudiar el fenómeno para tratar de convertirlos en espacios de reflexión, donde el objetivo sea recordar lo que ocurrió, la tragedia que trata de no olvidarse y con el propósito de que no se repita.

Un paso a la reflexión

El arquitecto Sergio Beltrán explica en entrevista que los memoriales deben cambiar la lógica, abonar a la prevención de tragedias por medio de espacios para la reflexión. El experto en el tema ha trabajado en proyectos de este tipo relacionados a tragedias como el News Divine y la Guardería ABC, y ahora es parte de grupo que trabaja en el proyecto del Memorial Álvaro Obregón, que surgió tras el sismo del 19 de septiembre.

El también activista explica que en el proyecto que surgió tras el derrumbe de un edificio se ha comenzado a debatir sobre en qué debe consistir el memorial, sobre todo para darle un sentido útil.

“El gobierno quiere hacer un parque y un recuerdo a las víctimas, eso habla de placas. En el 85 se construyó un memorial, a un lado de la Alameda, se construyó un espacio con manos y un asta, ese memorial no ha hecho nada para prepararnos mejor ante un sismo”, recuerda.

Beltrán agrega que el proyecto debe incluir un espacio para poder organizar contingentes en caso de ocurrir una tragedia, donde los rescatistas puedan entrenar y capacitarse, un museo para recordar la vida de las víctimas y un almacén permanente de herramientas en caso de derrumbes, entre otras cosas. “Un lugar que oriente, porque no queremos que vuelva a pasar este sufrimiento”, concluye.