Conforme el país avanza en su lucha contra el COVID-19 y el número de casos de contagios y fallecimientos disminuye, las necesidades de los héroes de la salud que han peleado la batalla en primera línea contra el virus durante casi dos años vuelven a quedar en el olvido.

A pesar de realizar labores que marcan la diferencia entre la vida y la muerte, de ubicarse entre las profesiones más queridas y respetadas por la sociedad y de representar una necesidad fundamental tanto para la supervivencia de las personas como para la pronta recuperación de las condiciones de normalidad, el personal médico y de enfermería en México se enfrenta a salarios muy bajos y a condiciones de trabajo precarias.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), muestran que el personal médico en México gana en promedio 16 mil 146 pesos mensuales, lo que representa casi una tercera parte del salario promedio de esta profesión en países como Brasil o España.

Mientras que el personal de enfermería obtiene en promedio 9 mil 909 pesos al mes, menos de la mitad de lo que ganan las enfermeras en Chile o Italia.


La realidad que viven día a día quienes integran al personal médico del país se da por diversos factores tanto sociales como económicos

Enfrentar el déficit de profesionales de la salud

Por su parte, el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, en su estudio “Las remuneraciones del personal de la salud en México: entre el amor al arte y los esfuerzos débilmente recompensados”, revela que en el país existen 332 mil 200 personas ocupadas en la medicina, de las cuales el 59.9 por ciento son hombres y el 40.7 por ciento son mujeres. Además, estima que hay 265 mil 248 enfermeras (82 por ciento) y enfermeros (18%).

No obstante, el país enfrenta un déficit de personas que se dedican a esta profesión. Datos dados a conocer por la Secretaría de Salud previo a que iniciara la pandemia de COVID-19, advierten que en México faltan aproximadamente 123 mil médicos generales y 72 mil especialistas.

Mientras que en el caso de los y las enfermeras, se estima que hay una escasez de cerca de 730 mil personas para poder cubrir las necesidades sanitarias del país en condiciones normales, es decir, no en medio de la pandemia más devastadora del siglo XXI.

En México se calcula que hay 2.4 médicas y médicos por cada mil habitantes y 2.9 enfermeras y enfermeros por cada mil habitantes.

Sin embargo, en el resto de los países que integran la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), la tasa de médicos promedio por cada mil habitantes es de 3.3 doctores, mientras que la tasa de personal de enfermería es de 8 profesionales por cada mil habitantes.

Mucha preparación, pocas recompensas

Los bajos salarios y las pocas oportunidades laborales a las que la mayoría de los doctores y enfermeras en el país se enfrentan contrastan con la extensa y estricta preparación por la que deben de pasar antes de poder dedicarse a su profesión.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) elaborada por el Inegi, el promedio de escolaridad del personal médico en el país es de aproximadamente 18 años, mientras que el de las enfermeras es de 14 años.

Esto a su vez lleva a que la edad de la mayoría de los doctores que ejercen ronda los 43 años y el de los enfermeros los 37 años.

Al respecto, la doctora Jéssica González de la Universidad la Salle, comenta en entrevista con Reporte Índigo que esta realidad que viven día a día quienes integran al personal médico del país se da por diversos factores, tanto sociales como económicos.


“El maltrato y las malas condiciones que deben superar estos profesionistas quedan claras desde la formación que se les da. En donde se les exigen horarios extremadamente extensos así como una carga tanto académica como laboral (servicio social) muy superior a la del resto de las carreras. Además de que todo esto se da en un contexto donde la escasez de insumos y la carencia de infraestructura y herramientas para que puedan desarrollarse plenamente siempre son una constante”

Jessica González

Doctora de la Universidad La Salle

La vocación no es una excusa

La doctora Gonzalez explica que uno de los motivos por los cuales a los doctores en el país se les brindan tan pocos recursos y se les remunera tan poco es debido a la equivocada visión de que es una profesión donde la vocación de servicio y de ayudar a los demás está por encima de todo.

“Quienes nos dedicamos a alguna de las áreas de la salud por lo general somos personas que de manera natural queremos ayudar a los demás muchas veces sin importar las condiciones de por medio, entonces terminamos resolviendo con recursos propios, como quienes durante el auge de la pandemia se tuvieron que hacer de su propio equipo de protección, o quienes trabajaron decenas de horas extras atendiendo enfermos sin obtener ninguna ganancia económica de más.

“Sin embargo, esta vocación de servicio no debe ser vista como un hecho o una obligación, pues al final del día, antes que nada es un empleo”.

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