El primer caso de COVID-19 en México se registró el 27 de febrero de 2020. Un mes después, el 27 de marzo de 2020, fue publicada la versión final de la norma para definir los lineamientos del nuevo etiquetado frontal.

<Hasta antes de la pandemia de coronavirus en el país, los sellos octagonales en alimentos y bebidas preenvasados eran la principal discusión en materia de salud pública. El Poder Legislativo, el Poder Ejecutivo y la Iniciativa Privada (IP) eran las principales voces.


“Me queda claro que intervienen muchos protagonistas en la decisión que se tomó sobre el etiquetado frontal pero evidentemente en donde primero se tenía que ver un efecto era en la salud pública y hasta el día de hoy no se ha visto una mejora. Desafortunadamente, la determinación sólo se tomó desde una perspectiva, que fue de mercadotecnia y publicidad”

Arianna Omaña Covarrubias

Maestra en Nutrición Clínica e integrante de LabDO

La aplicación de la NOM-051 tiene tres fases de acuerdo con la última versión publicada en el DOF. La primera empezó el 1 de octubre de 2020 con el etiquetado de nutrimentos críticos añadidos y continúo el 1 de abril del mismo año con las restricciones en la publicidad; así se mantendrá hasta octubre de 2023.

“Para este etiquetado venían haciéndose tiempo atrás los trabajos correspondientes para poder entrar en el Diario Oficial de la Federación y fue casual que haya coincidido el tiempo de la pandemia. Sin embargo, ahí es donde vemos que no tuvo un impacto real, ya que la población aumentó el consumo de estos alimentos a pesar de tener el etiquetado frontal”, menciona la maestra en Nutrición Clínica.

En la segunda fase serán más estrictos los lineamientos para establecer el exceso de nutrimentos críticos. Y en octubre de 2025, como parte de la tercera fase del etiquetado frontal de alimentos y bebidas, el cálculo y la evaluación de la información nutrimental complementaria se realizará aplicando íntegramente las disposiciones de la NOM-051.

Guillermo Arteaga MacKinney, doctor en Ciencia de Alimentos, considera que la implementación del nuevo etiquetado frontal de alimentos y bebidas debe distinguirse de su impacto en el consumidor mexicano, pues la primera ya es una realidad mientras que el segundo aún no se ha medido ni cualitativa ni cuantitativamente.

“Creo que la implementación ha sido buena, a la industria de alimentos no le quedó de otra, la gran mayoría de los productos presentan este nuevo formato, aunque la pandemia lo complicó de alguna manera. Ya ahorita que está vigente la norma como tal en su primera etapa, se busca cumplir con el etiquetado”, refiere en entrevista con Reporte Índigo.

El Congreso de la Unión hizo la reforma a la Ley General de Salud. El Gobierno de México se encargó de la normativa. Las empresas ejecutaron la implementación. Pero ¿qué pasó con la población durante la emergencia sanitaria?

“Sabemos que cambió el etiquetado pero eso no significa que hayamos cambiado de hábitos. Comemos los mismos alimentos pero con sellos, independientemente de la pandemia. La parte del impacto es un tanto cuanto más complicada de evaluarla porque como medida de salud pública tarda tiempo ¿quién la está midiendo? ¿Hay un proceso de cuantificación?”, cuestiona el especialista.

Los integrantes del LabDO señalan el impacto positivo y negativo de la contingencia en el consumo de alimentos y bebidas preenvasados.

“La contingencia tuvo un incremento en el consumo de alimentos procesados, justo de los que se esperaba que se evitara su consumo con el etiquetado frontal”, comenta Omaña.

Por una parte, aumentó su ingesta en algunos sectores de la población; por otra, también disminuyó en otros porque el trabajo desde casa le permitió a la gente cocinar.

“La situación de cuarentena que estamos viviendo cambió en gran medida algunos patrones de consumo; es complejo saber si es por el etiquetado. Hubo mucha gente que vio comprometidos sus ingresos, incluso se quedó sin trabajo y sin comer; algunas personas redescubrieron la cocina y empezaron a cuidarse más”, expresa Arteaga.

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