El Sistema de Transporte Eléctrico (STE) de la Ciudad de México padeció el rezago durante varios años y está cerca de llegar a un punto sin retorno por los desafíos que enfrenta.

Después de estar olvidado durante la administración pasada, a partir de 2018 se realizaron diversas acciones para renovar la infraestructura del STE y a los dos medios de transporte que lo componen, el Trolebús y el Tren Ligero.

En la administración de Claudia Sheinbaum, al frente de la jefatura del gobierno capitalino, se adquirieron 200 nuevas unidades de Trolebús. Esto significó que la flota aumentó en más del doble.

De acuerdo con la respuesta a la solicitud de información con folio 0322000002520 -tramitada mediante el sistema InfomexDF-, la flotilla del Trolebús existente antes de la adquisición era de 182 unidades.

Además de la compra de nuevos vehículos eléctricos, en mayo de 2020 inició la construcción del Trolebús Elevado en la alcaldía Iztapalapa que recorrerá la avenida Ermita, el 1 de enero este año terminó la segunda fase de la rehabilitación del Tren Ligero y a finales de ese mismo mes se reactivó la Línea 9 del Trolebús que va de Villa de Cortés a Río Churubusco y que había estado ocho años sin funcionar por la falta de autobuses.

Especialistas consultados indican que dichas acciones contribuyen a reducir las emisiones contaminantes y a mejorar el sistema de movilidad de la ciudad. Sin embargo, consideran que el reto es que tenga continuidad y también que haya una transición en la fuente de energía para el STE, pues la mayor parte proviene de la quema de combustibles.

El punto sin retorno del transporte eléctrico

“La estrategia es un acierto para una ciudad global como lo es la Ciudad de México, pero también se convierte en un punto de no retorno hacia una movilidad más limpia y amigable con el medio ambiente”, asegura Víctor Alvarado, coordinador de Movilidad Eficiente del Poder del Consumidor.

El experto afirma que uno de los desafíos más grandes es cambiar la forma en que se genera la energía eléctrica con la que funciona, pues el 50 por ciento de la electricidad que se consume en la capital proviene de la quema de combustibles fósiles.

Para esto, enfatiza, se debe de comunicar entre la población los beneficios del transporte eléctrico, encontrar los esquemas de financiamiento para la compra de trolebuses para que exista continuidad y, principalmente, generar las políticas públicas para tener fuentes de energía renovables y limpias.

Respecto al primer punto, Alvarado señala que las autoridades deben hacer campañas de difusión para promover la electromovilidad con el propósito de que la ciudadanía acepte la transición que está en curso.

En cuanto al segundo, expone que las autoridades deben encontrar la forma, incluso en conjunto con la iniciativa privada, de seguir comprando unidades del transporte eléctrico Trolebús.

Por último, el especialista del Poder del Consumidor considera que aunque la política energética depende en gran parte del Gobierno Federal, la Ciudad de México debe incentivar programas para la generación de electricidad limpia que no sea proveniente de la quema de combustibles fósiles, como lo ha hecho en ocasiones anteriores.

“Tienen que dar entrada a proveedores de energía renovable, sin depender de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que se ha mostrado renuente al tema de energías limpias, solo respetando lo que indiquen las autoridades y normas federales”, explica.

Un ejemplo de que la capital puede implementar de manera independiente acciones energéticas, refiere Alvarado, es el programa de Ciudad Solar, que inició en 2019 y que consta de promover en la iniciativa privada la energía solar y los paneles fotovoltaicos como un método para que las empresas puedan contar con electricidad.

Si se realiza un programa similar con el STE, establece el experto en movilidad, no solo ayudará a abastecer con energía limpia al Trolebús y el Tren Ligero, también puede contribuir a la transición de otros medios de transporte como el particular.

“La electromovilidad no debe ser trunca y solo quedarse en los servicios de transporte masivo sino también en los de mediana, baja, y microcapacidad”, añade.

De bajas a cero emisiones

Los avances en la movilidad mediante transporte eléctrico contribuyen a reducir de manera importante las emisiones contaminantes en la capital del país, señala Gustavo Jiménez, fundador de la empresa Emobility.


Es muy positivo que se siga incentivando la electromovilidad, es mil veces mejor tener un bus eléctrico que uno de bajas emisiones

Gustavo Jiménez

Fundador de la empresa Emobility

Según el Inventario de Emisiones 2016 de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema), una unidad del Metrobús con tecnología Euro IV, V o VI genera 12.3 gramos de dióxido de carbono por pasajero, mientras que un automóvil produce 261 gramos de la misma sustancia por usuario.

No obstante, menciona Jiménez, un Trolebús no genera emisiones de ningún tipo de gas contaminante. Por otra parte, indica, las nuevas unidades de Trolebús tienen una eficiencia energética de 0.1 watt por kilómetro recorrido. Dicho consumo es inferior al que usa un foco led, que asciende a 40 watts.

“Es un consumo de energía muy bajo, son más eficientes energéticamente que los mismos automóviles”, comenta.

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