"Veo un México con hambre y con sed de justicia (...) De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades...”

Luis Donaldo Colosio

ex candidato del PRI a la Presidencia de la República en 1994


Conforme la tradición dentro del PRI, era el presidente de la República quien nombraba a su sucesor; Salinas eligió a Colosio

La noticia del asesinato de Luis Donaldo Colosio retumbó como una bomba en las oficinas del PRI nacional, aquel fatídico 23 de marzo de 1994.

Los priistas trabajaban a toda marcha en la campaña presidencial de ese año. Colosio, su candidato, se encontraba en la esquina norte del país cuando fue asesinado en un acto de campaña.

Con una visión atrevida para los priistas de ese entonces, Colosio intentó darle un nuevo matiz a la política en el PRI.

Alejado del discurso oficial de que todo en el país estaba bien, mientras gobernaba Carlos Salinas de Gortari, Colosio se ganó la simpatía dentro y fuera de su partido por visibilizar la realidad que muchos mexicanos vivían.

Años después de ese asesinato, el PRI conoció la derrota en las elecciones presidenciales y tocó fondo con varios escándalos de corrupción, pero después de llegar a ser la tercera fuerza política en el Congreso, el tricolor comenzó su ascenso hasta conquistar nuevamente la Presidencia de la República.

La carrera política de Luis Donaldo Colosio Murrieta no se entiende fuera del PRI.

Originario de Magdalena de Kino, punto de entrada a la zona montañosa de Sonora, Colosio nació el 10 de febrero de 1950 y destacó desde muy joven en la oratoria, habilidad que explotaría años después, ya en su carrera como político.

Estudió la carrera de Economía en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM); hizo una maestría en Desarrollo Rural y Economía Urbana en la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos; y realizó una estancia de investigación en el Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) en Austria; era entonces el año 1979.

Seis años más tarde, en 1985, Colosio fue electo diputado federal. En 1988, senador; en ese cargo duró solo tres meses, pues en diciembre de ese año fue nombrado presidente nacional del PRI.

En 1992, el presidente Salinas de Gortari lo nombró secretario de Desarrollo Social… y ahí comenzó su carrera por la candidatura presidencial.

Los otros dos aspirantes eran Pedro Aspe Armella, entonces secretario de Hacienda; y Manuel Camacho Solís, quien era jefe del Departamento del Distrito Federal.

Conforme la tradición dentro del PRI, era el presidente de la República quien nombraba a su sucesor; Salinas eligió a Colosio.

La nominación de Colosio provocó que el PRI se sacudiera. Desde el momento que fue nombrado candidato, Camacho Solís no se alineó con la decisión y expresó su descontento.

Ya como abanderado del PRI, Colosio comenzó a viajar por todo el país y su discurso se iba endureciendo cada vez más.

El 6 de marzo de 1994, en el acto conmemorativo del 65 aniversario del PRI, Luis Donaldo pronunciaría un discurso en el Monumento a la Revolución que sería considerado el de su rompimiento con el Gobierno Federal.

“Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales

“Como partido de la estabilidad y la justicia social, nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros.

“Tenemos que asumir esta autocrítica y tenemos que romper con las prácticas que nos hicieron una organización rígida. Tenemos que superar las actitudes que debilitan nuestra capacidad de innovación y de cambio (…) Empecemos por afirmar nuestra identidad, nuestro orgullo militante y afirmemos nuestra independencia del gobierno”, sentenció Colosio.

17 días después, en su último discurso pronunciado en la colonia Lomas Taurinas, en Tijuana, Colosio prometió que llevaría el poder popular a Los Pinos.

“Quiero decirles que en esta contienda política, en esta contienda democrática, mi propósito es encabezar un gobierno que esté cerca de la gente, donde la iniciativa popular sea el eje fundamental para el avance y el progreso social”, arengó.

Minutos después, dos balas cegarían su vida.

La noticia del asesinato de Luis Donaldo Colosio retumbó como una bomba en las oficinas del PRI nacional, aquel fatídico 23 de marzo de 1994.

Los priistas trabajaban a toda marcha en la campaña presidencial de ese año. Colosio, su candidato, se encontraba en la esquina norte del país cuando fue asesinado en un acto de campaña.

Con una visión atrevida para los priistas de ese entonces, Colosio intentó darle un nuevo matiz a la política en el PRI.

Alejado del discurso oficial de que todo en el país estaba bien, mientras gobernaba Carlos Salinas de Gortari, Colosio se ganó la simpatía dentro y fuera de su partido por visibilizar la realidad que muchos mexicanos vivían.

Años después de ese asesinato, el PRI conoció la derrota en las elecciones presidenciales y tocó fondo con varios escándalos de corrupción, pero después de llegar a ser la tercera fuerza política en el Congreso, el tricolor comenzó su ascenso hasta conquistar nuevamente la Presidencia de la República.

La carrera política de Luis Donaldo Colosio Murrieta no se entiende fuera del PRI.

Originario de Magdalena de Kino, punto de entrada a la zona montañosa de Sonora, Colosio nació el 10 de febrero de 1950 y destacó desde muy joven en la oratoria, habilidad que explotaría años después, ya en su carrera como político.

Estudió la carrera de Economía en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM); hizo una maestría en Desarrollo Rural y Economía Urbana en la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos; y realizó una estancia de investigación en el Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) en Austria; era entonces el año 1979.

Seis años más tarde, en 1985, Colosio fue electo diputado federal. En 1988, senador; en ese cargo duró solo tres meses, pues en diciembre de ese año fue nombrado presidente nacional del PRI.

En 1992, el presidente Salinas de Gortari lo nombró secretario de Desarrollo Social… y ahí comenzó su carrera por la candidatura presidencial.

Los otros dos aspirantes eran Pedro Aspe Armella, entonces secretario de Hacienda; y Manuel Camacho Solís, quien era jefe del Departamento del Distrito Federal.

Conforme la tradición dentro del PRI, era el presidente de la República quien nombraba a su sucesor; Salinas eligió a Colosio.

La nominación de Colosio provocó que el PRI se sacudiera. Desde el momento que fue nombrado candidato, Camacho Solís no se alineó con la decisión y expresó su descontento.

Ya como abanderado del PRI, Colosio comenzó a viajar por todo el país y su discurso se iba endureciendo cada vez más.

El 6 de marzo de 1994, en el acto conmemorativo del 65 aniversario del PRI, Luis Donaldo pronunciaría un discurso en el Monumento a la Revolución que sería considerado el de su rompimiento con el Gobierno federal.

“Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.

“Como partido de la estabilidad y la justicia social, nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros.

“Tenemos que asumir esta autocrítica y tenemos que romper con las prácticas que nos hicieron una organización rígida. Tenemos que superar las actitudes que debilitan nuestra capacidad de innovación y de cambio (…) Empecemos por afirmar nuestra identidad, nuestro orgullo militante y afirmemos nuestra independencia del gobierno”, sentenció Colosio.

17 días después, en su último discurso pronunciado en la colonia Lomas Taurinas, en Tijuana, Colosio prometió que llevaría el poder popular a Los Pinos.

“Quiero decirles que en esta contienda política, en esta contienda democrática, mi propósito es encabezar un gobierno que esté cerca de la gente, donde la iniciativa popular sea el eje fundamental para el avance y el progreso social”, arengó.

Minutos después, dos balas cegarían su vida. 

La crisis tricolor

Una vez que Colosio fue asesinado, en el PRI sobrevino una crisis interna de proporciones mayores.

Primero, fueron segregados todos los colaboradores cercanos de Colosio; a pesar de que Ernesto Zedillo, su jefe de campaña, fue nombrado candidato presidencial, quienes estuvieron cerca del extinto candidato recibieron el mote de “los viudos de Colosio”, como una forma despectiva de marginarlos políticamente.

El PRI comenzó entonces a caer en una debacle que le costaría la Presidencia de la República en el año 2000.

Tan pronto como nueve meses después del asesinato de Colosio, México caería en una de sus crisis económicas más profundas, conocida como “el error de diciembre”.

Una de las medidas ideadas por el entonces presidente Ernesto Zedillo fue que el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), convirtiera la deuda de los banqueros en deuda pública.

En 1997, el PRI sufre su primer gran derrota política: pierde la mayoría en la Cámara de Diputados.

Florecieron entonces las otras dos principales fuerzas opositoras: el PAN y el PRD.

En los estados, durante el gobierno de Zedillo, se dio la alternancia como nunca antes.

En Jalisco, Querétaro, el Distrito Federal, Nuevo León, Aguascalientes, Zacatecas, Baja California Sur, Nayarit, Tlaxcala, Chiapas y Morelos tuvieron un gobierno diferente del PRI.

En el año 2000, el PRI perdió la Presidencia de la República y por primera vez un panista –Vicente Fox- se convertiría en primer mandatario.

El PRI continuó su descenso político.

En el 2006 el PRI llegó al punto más álgido de su crisis, cuando Roberto Madrazo era presidente nacional del PRI, decidió que sería candidato a la Presidencia del país.

Las acusaciones de corrupción en su contra, además del rompimiento con Elba Esther Gordillo, entonces secretaria general del partido, le acarreó la pérdida de apoyo de los maestros, que decidieron acompañar al panista Felipe Calderón.

En ese año, el PRI perdió 17 gubernaturas que tenía en su poder.

Sin embargo, el desgaste del gobierno de Calderón por el recrudecimiento de la violencia, provocó que el PRI volviera a ganar adeptos.

Paradójicamente, el PRI se posicionó como el partido del cambio de rumbo.

Bajo la batuta de Beatriz Paredes, el tricolor volvió a ganar espacios en el Congreso y recuperó algunas gubernaturas.

Para la elección de diputados federales del 2009, el PRI había recuperado casi la mayoría de los espacios en San Lázaro, que alcanzó con sus aliados del PVEM -264 de 500 diputaciones-.

El ascenso definitivo comenzó en el año 2010, cuando se pusieron en juego 12 gubernaturas y el PRI ganó nueve. Para ese entonces, el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, ya se perfilaba como el presidenciable más claro.

Sobrevino antes de la elección del 2012 el escándalo de Humberto Moreira, entonces líder del tricolor, por el endeudamiento de Coahuila.

En el año 2012, el PRI recuperó no solo la Presidencia de la República, sino la mayor parte de las gubernaturas del país.

Hoy día, el PRI gobierna en 19 entidades y cuenta con 208 diputados federales y 55 senadores.

Los escándalos siguen. Javier Duarte, gobernador de Veracruz, ha sido advertido por sus propios compañeros de que tendrá que rendir cuentas.

La historia del PRI, después de la debacle por el asesinato de Colosio, ha sido de caída y ascenso.

No obstante, esto ha ocurrido en medio de escándalos de corrupción y de una lucha constante de los priistas por asegurar que el PRI de Colosio, social y de transformación, sigue vivo en alguna parte de los genes del tricolor.