3 de cada 10

mujeres sentenciadas por secuestro ha liderado una banda delictiva


"En un 90 por ciento de las mujeres recluidas, la familia las abandona. Ellas enfrentan esa triste historia, no tienen el apoyo de la familia y se van perdiendo"

Fabiola García Álvarez

Académica UdeG

https://www.youtube.com/watch?v=v7GyR-cKC6Q

Las mujeres que están recluidas en el penal estatal de Puente Grande por delitos como robo y homicidio viven una discriminación por su condición de presas.

Nueve de cada 10 son olvidadas por sus familias, y poco más de la mitad trae encima una historia de violencia intrafamiliar y drogas.

Un estudio elaborado por la Universidad de Guadalajara (UdeG) revela la situación de aquellas mujeres que han recibido una condena por haber robado o cometido un asesinato.

“Son historias tremendas, todas muy tristes, porque la mujer está recluida y tiene una doble sentencia. 

Independientemente de su sentencia por robo u homicidio está la otra sentencia, la más fuerte y dura: el abandono, casi total, de la familia”, dice Martha Fabiola García Álvarez, académica del Centro Universitario de Los Altos (CUAltos) de la UdeG.

En diversos periodos entre los años 2008 y 2011, García Álvarez entrevistó a casi un 30 por ciento de la población de mujeres de entre 18 y 38 años de edad, recluidas por robo u homicidio en el Centro Preventivo y de Readaptación Femenil de Puente Grande.

De las historias de vida que la especialista en conducta delictiva reunió para la investigación, se aprecia que en el 90 por ciento de las presas hay un abandono de sus familias y que éstas no quieren volver a saber de ellas.

“En un 90 por ciento de las mujeres recluidas, la familia las abandona. Son abandonadas por sus familiares: esposos, hijos. Ellas enfrentan esa triste historia, no tienen el apoyo de la familia y se van perdiendo”, detalla la académica.

García Álvarez describe que muchas de las reclusas tienen sentencias de hasta 15 años de prisión. Al inicio de la condena la familia apoya a la mujer, pero al paso del tiempo la deja a su suerte.

La afectación es más emocional y psicológica en varias de las presas, al grado que el suicidio está latente en las celdas en las que viven.

Todo lo contrario pasa con la población varonil, a la que la docente ha investigado en otras ocasiones, pues nueve de cada 10 presos por robo y homicidio son visitados por los familiares.

“Si hacemos una comparación entre hombres y mujeres, existe una discriminación, porque los hombres son visitados por sus familias en un 90 por ciento. 

“Prácticamente están chiqueados ellos, pueden comer de todo en la cárcel, tener de todo, comparado con las mujeres, a las que abandonan, les prohíben a veces alimentos y ellas se encuentran en un estado deprimente y de discriminación”, añade.

Y más: en 7 de cada 10 casos, las mujeres que llegaron a la cárcel con un hijo pequeño o dieron a luz adentro del penal, dejan de verlo por años; muchas de ellas tienen contacto con el hijo o la hija hasta la adolescencia. Otras, ni siquiera vuelven a saber de sus vástagos.

“Muchas mujeres que llegan embarazadas tienen a sus bebés ahí y les permiten tenerlos hasta los tres años. Si hay algún familiar que acceda, se lleva al hijo, pero si no, se va a un albergue. 

“No lo ven hasta los 18 años, pero la madre tiene una sentencia de 25 años, entonces es otro gran problema, la destrucción total de la familia”, explica la investigadora.

Contexto y delitos

El estudio de la especialista arroja que en el 90 por ciento de los casos se percibe peligrosidad. Ello se debe al contexto en el que ha vivido la mujer reclusa en Puente Grande por robo u homicidio, marcado por enfermedades mentales, violencia intrafamiliar y uso de drogas.

En el 57 por ciento de las presas por robo hubo una historia de violencia intrafamiliar; y en el caso de las que están recluidas por homicidio, es en el 38 por ciento, según el estudio. 

En una de cada 10 mujeres sentenciadas por asesinato se aprecia la presencia de una enfermedad mental, como la esquizofrenia.

“Hay en muchos casos abuso sexual: hermanos contra hermana, padre con hija, y otros familiares. Y en un 70 por ciento de los casos, la madre de esta mujer lo sabe y lo permite. 

“Dentro de la violencia intrafamiliar, no solo física, está la psicológica y emocional contra la mujer, lamentablemente, como en el caso del abuso sexual, la madre lo permite, es la principal que violenta a sus hijos (…) 

“El machismo no está presente solo en los hombres, sino en mujeres, madres contra hijas, otras mujeres contra ellas”, añade la investigadora.

Sobre el uso de drogas, la investigación arroja que está presente en el 75 por ciento de las mujeres que cometió un robo, y en un 39 por ciento de las que llevaron a cabo un homicidio. 

Las mujeres que han robado consumen todo tipo de drogas, mientras que las que asesinaron se han enfocado en el alcohol.

“Hay en cuanto al robo una especie de igualdad de género, que conlleva a la igualdad de conducta delictivas, ellas quieren parecerse más a la personalidad del hombre (…) y también las lleva el robo a otras cosas, como el consumo de drogas y prostituirse”, dice la especialista.

Líderes que delinquen

La académica de la UdeG trabaja ya en el perfil de las mujeres presas por secuestro en Puente Grande. Lo que hasta ahora ha percibido es que muchas de ellas se han convertido en líderes de bandas que se dedican a este delito, compuestas en ocasiones por sus mismos familiares.

“En un 30 por ciento de los casos que he visto, hay familias enteras recluidas: la mamá, el papá, el hermano, por el delito de secuestro. La mujer ya no es sólo copartícipe, sino que se vuelve líder, en este delito y en otros que están relacionados con la salud, como venta de droga”, añade.

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SIN), la especialista resalta que los trabajos de prevención y readaptación social no son eficaces porque no están basados en la realidad social.

“Para poder legislar mejor en este sentido, se debe ver la realidad social, debe haber un puente entre la realidad social y la legislación. No hay además una buena política de reinserción social, lo cual provoca la reincidencia”, concluye.

Sobrepoblación y hacinamiento

El “Informe Especial sobre el estado que guardan los derechos humanos de las mujeres internas en centros de reclusión en México”, elaborado en el 2013 por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), reveló la sobrepoblación y el hacinamiento en el reclusorio femenil de Puente Grande.

En dicho penal “al día de la visita contaban con una población de 505 internas, lo que representa un 97 por ciento de sobrepoblación, dado que tiene una capacidad para alojar a 256 mujeres, aunado a que las internas del dormitorio ‘B’ duermen en el piso, derivado del hacinamiento”, según la CNDH.

Derechos Humanos documentó que las internas tenían que recolectar agua en tambos y botes, debido a la carencia de la misma, y que el penal no contaba con espacios suficientes, lo que ha ocasionado que las reclusas tengan que dormir en el piso.