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Pandemia sin tacos y taquerías, la nueva realidad

Nayeli Meza Orozco

Las taquerías padecen los estragos de la crisis sanitaria por la disminución de clientes y el aumento en los precios de sus insumos, a lo cual se suma la adaptación de los locales para cumplir con las normas de salud, lo que implica elevados gastos para los propietarios que también deben garantizar el pago a sus trabajadores


Ago 21, 2020

Los taqueros ajustan su cubrebocas para enfrentar una nueva realidad. En medio de letreros con recomendaciones sanitarias y mesas que guardan una importante distancia entre ellas, los trabajadores de las taquerías esperan pacientes a que los comensales lleguen a degustar uno de los platillos más emblemáticos de la comida mexicana.

Sin embargo, en estos momentos, en un buen día se cobran entre cinco y siete comandas con un ticket por debajo de lo habitual.

Hasta antes de la pandemia, los propietarios de taquerías cubrían sin problema el salario de sus trabajadores, el pago a los proveedores y lograban ganancias para mantener a sus familias.

Hoy, el panorama es desolador, pues sus ventas cayeron en promedio entre 80 y, en el peor de los casos, 95 por ciento. Un duro golpe para un sector conformado por 139 mil 150 unidades económicas, de acuerdo con el Directorio Estadístico Nacional del Inegi.

Los tacos son fáciles de encontrar en cualquier esquina de este país a precios muy accesibles y de distintos tipos.

Tan es así que existe una taquería por cada mil 039 habitantes y al año la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) estima que se preparan más de 22 millones de toneladas de este manjar.

Además, de los gastos fijos, los propietarios deben absorber el costo adicional de sanitizantes y la remodelación de sus negocios, con el objetivo de cumplir con los requisitos de las autoridades.

También viven una complicada situación por el incremento de los precios de insumos, que cada vez son más difíciles de comprar como la cebolla, el limón, la carne de cerdo y las tortillas, por el contrario, ellos no pueden realizar ajustes tan drásticos a los comensales por temor a perderlos.

Rafael Lara Canales es hijo del propietario de la Taquería El Parral y asegura que nunca había enfrentado una crisis de esta magnitud en los casi 49 años de historia del negocio familiar.

Mientras despacha una orden de tres tacos de suadero y dos de campechano con todo, el encargado comparte que el pequeño establecimiento es la fuente de ingresos de seis personas y la ausencia de clientes afectó su economía.

Estamos batallando mucho porque no ha habido gente, en el día estamos solos y a veces en la noche llega uno que otro cliente, pero no como antes. Aunque no estamos teniendo ganancias hay que seguir trabajando para sacar poquito para no quedarnos sin comer

- Rafael Lara Canales

Hijo del propietario de la Taquería El Parral

Su padre, Rafael Lara Treviño, es originario de El Parral, Chihuahua, y creció en Jalisco al igual que toda su familia.

Durante casi cinco décadas ha acudido al negocio para preparar todo lo que vende su hijo, esto garantiza que la sazón sea la misma.

Sabor amargo para las taquerías

A pesar de que a las taquerías, como a toda la industria restaurantera, se les autorizó un aforo máximo del 40 por ciento (30 por sin ciento en comedor y 10 por ciento en terraza o vía pública), los clientes no están llegando como se esperaba y esto se refleja en una ocupación diaria de apenas el 25 por ciento.

Marco Buendía González, propietario de El Huequito, comparte que esto se relaciona con dos factores que tienen que ver con el tema económico y las restricciones de movilidad.

“El poder adquisitivo de los mexicanos se vio afectado a causa del desempleo o la reducción de sueldos, y un gran porcentaje de la población aún está en sus casas porque el semáforo sigue en amarillo”, agrega.

Al momento de hacer cuentas el saldo es negativo. La mayoría de los establecimientos perciben un 25 por ciento de sus ingresos, mientras que sus gastos son del 100 por ciento. “No hay negocio que lo aguante”, sentencia Buendía González.

Este difícil escenario orilló a algunos propietarios de taquerías a recurrir a préstamos bancarios u otro tipo de ayuda para solventar sus gastos, empezando por el sueldo de sus trabajadores.

Por tradición, los tacos son el platillo favorito del 28.3 por ciento de los mexicanos, revela un análisis elaborado por el Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), superando a las quesadillas, con 14.3, y los sopes que suman un 12.6 por ciento.

Al momento de hablar solo de tacos los de pastor ostentan la corona con una popularidad de 21.2 por ciento y 60 por ciento de los clientes los prefieren con piña.

Dentro de la categoría se encuentra más abajo con un 13.4 por ciento los de bistec y en tercer lugar los de carne asada que acumulan un 11.2 por ciento, la frecuencia de estos últimos es resultado de un alto consumo en el norte del país.

Muy cerca de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) trabaja Humberto Flores Valente, dirige la Taquería La Palmera.

A lo largo de 11 años el negocio atendió a cientos de comensales provenientes de las oficinas ubicadas en Paseo de la Reforma, el corazón financiero de la Ciudad de México.

Antes de la pandemia los vendedores de tacos cubrían sin problema el salario de sus empleados, el pago a proveedores y obtenían ganancias

Hasta hace unos meses las personas hacían fila para degustar uno de los famosos tacos al pastor del lugar, sin embargo, las circunstancias actuales son muy distintas.

La falta de clientes obligó a cientos de negocios a liquidar a varios de sus trabajadores, pero Flores Valente descartó esta idea desde el inicio, pues asegura que sus 10 empleados necesitan, hoy más que nunca, una fuente de ingresos para salir adelante.

“Cuando cerramos apoyé a mis muchachos con mil o mil 500 pesos a la semana, recursos que salieron de mis ahorros. No despedí a ninguno, porque ellos dependían de mí y no les iba a fallar. Es muy difícil la situación porque los negocios no se pueden levantar, ya que los clientes no han regresado a sus trabajos y no se ve ni para cuándo”.

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Más que tacos, el corazón y la materia del negocio


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