Reporte Indigo

Mexicanos cansados de ayudar, afirman organizaciones

Activistas y líderes de organizaciones sociales revelan que la población ya se “acostumbró” a la contingencia sanitaria y se cansó de ayudar

Activistas y líderes de organizaciones sociales revelan que la población ya se “acostumbró” a la contingencia sanitaria y se cansó de ayudar

La sociedad mexicana se ha caracterizado históricamente por su solidaridad y ayuda a la población más desprotegida en los momentos más difíciles, desastres naturales, tragedias y accidentes. Un año y medio después de que la pandemia de COVID-19 llegó a México y en medio de una tercera ola de contagios, activistas y líderes de organizaciones sociales revelan que la población ya se “acostumbró” a la contingencia sanitaria y se cansó de ayudar.

Mientras el año pasado y después de los sismos de 2017 la ayuda monetaria y en especie desbordó bodegas y cuentas bancarias, durante estos últimos meses llega a cuentagotas pese a que el número de personas vulnerables aumenta y las necesidades siguen siendo las mismas.

Tejiendo Pueblos se fundó poco después de los sismos de 2017, un grupo de amigos en la Ciudad de México se reunieron para recaudar fondos para que la maquinaria que removía escombros nunca se quedara sin gasolina.

Después de “juntar una lanita”, comenta uno de sus fundadores, Raúl Velázquez, se dieron cuenta de que les sobraba dinero por lo que decidieron fundar Tejiendo Pueblos y trasladar su actividad a Juchitán.

“En Oaxaca nos dedicamos a reconstruir oficios, compramos herramientas para las personas que la habían perdido, construimos hornos de pan. Ese es el ADN de Tejiendo Pueblos, actuamos con las problemáticas que se van viviendo con el día”.

Durante la pandemia de COVID-19, los miembros del grupo cívico  y otras organizaciones se percataron que uno de los sectores más golpeados por los embates económicos era el de las trabajadoras sexuales.

Con las trabajadoras sexuales, agrega Raúl, fue un doble reto, porque primero tuvimos que aprender el lenguaje correcto para hablar con ellas y para ellas, entender la problemática que tenían y luchar con los estereotipos y estigmas que padecen las personas que ejercen dicha actividad.

“Primero nos conectamos en campañas para humanizar a la población respecto a las trabajadoras sexuales, teníamos que decir que sí existe”, aclara.

El siguiente paso de su estrategia fue conseguir dinero para comprar despensas y donarlas a trabajadoras sexuales a través de otras organizaciones como Brigada Callejera y Miss Meche.

Lamentablemente, con el paso del tiempo el número de mujeres afectadas por la pandemia aumentó y la ayuda disminuyó.


“En México no tenemos una cultura de donaciones. Si bien muchas personas nos donaron al principio, ahora ya no, porque para ellos ya fue suficiente. Si uno conoce los números de trabajadoras sexuales se puede dar cuenta que se duplicó”

Raúl Velázquez

Fundador de Tejiendo Pueblos

“Durante el Encuentro Nacional de Trabajadoras Sexuales, Brigada Callejera documentó que en 25 de los 27 estados en los que trabaja se duplicó el numero. Si la gente ve eso y entiende que hay mujeres que deben de entrar al trabajo sexual, las donaciones tendrían que seguir cayendo de forma orgánica porque es una crisis humanitaria. Son pocas las personas que tienen esta continuidad y compromiso de seguir apoyando”, revela el entrevistado.

Debido a esto es que mientras Brigada Callejera entregó el año pasado más de 10 mil despensas, durante este 2021 no lleva ni tres mil.

Cambio cultural

El entrevistado señala que el altruismo se debería de inculcar desde las casas y desde las escuelas a tal grado que, igual que en Estados Unidos, la actividad en organizaciones y el altruismo sea tan importante para aparecer en un currículo.

“En Estados Unidos meter en tu CV que tienes una actividad altruista se vuelve fundamental, es una cultura que tienen muy arraigada involucrarse lo que ocurre en tu cuadra y en tu sociedad.

“En México hace falta esa cultura de voluntariado, de estar apoyando estas causas. No sé si es un tema que se deba de tratar en las clases de civismo o qué, pero debe de ser desde las escuelas. Por ejemplo en verano los padres pueden meter a sus hijos a involucrarse en cuestiones sociales para que esa cultura de la donación y de ser voluntario en México crezca”.

Además de la falta de la cultura de las donaciones, el especialista comenta que debido a los varios meses de confinamiento comenzaron a cambiar las dinámicas en los hogares mexicanos y por ende se dejaron de visibilizar muchos problemas que ocurren en la calle.

“Para muchas personas la cuestión económica ha sido complicada y pedirles apoyo tampoco es fácil por eso, al final del día quiero invitar a los mexicanos a que nos sigamos uniendo, aunque no lo digan (las autoridades) sí estamos en una catástrofe, necesitamos que los que podamos, me queda claro que no tenemos los bolsillos como antes pero estoy seguro que muchos pueden, ayuden mes con mes. Aunque sea con una cantidad chiquita se puede hacer mucha diferencia”, concluye el entrevistado.

Cambio de dinámicas para organizaciones

Desde hace más de 40 años Cecilia González Russek dirige el Instituto José David, en Chihuahua, una fundación y escuela especializada en lenguaje y en ayudar a niños sordos, con paladar hendido y autismo.

Por la pandemia, además de cambiar las dinámicas de terapia se redujeron los fondos y donativos.


“Ha sido muy complejo, todos hemos sufrido. Tuvimos que cerrar el centro por la pandemia, pero tenemos un equipo que ayudó a implementar la terapia en línea. Se realizó un programa muy detallado y exitoso porque tomamos a una persona de la casa para que fueran los coterapeutas, fue un modelo innovador y los resultados fueron muy buenos”

Cecilia González Russek

Fundadora del Instituto José David

“Los ingresos han disminuido mucho en casi todos los programas, muchos tuvieron que cerrar. Nuestro salvavidas para podernos mantener es nuestro consejo, lamentablemente los convenios con los gobiernos se cortaron, ni hablar con el Gobierno federal, todo se terminó. Estamos en una crisis y nos falta mucho compromiso”, revela la fundadora.

Aunque padecen los efectos de la crisis, González Russek confía en que saldrán adelante por el apoyo de su comunidad y por el compromiso tan grande que tienen.

“La gente que más apoya es la que tiene el problema en casa, porque saben lo importante que es. Queremos que mucha gente ayude aunque sea con poquito, con 100 pesos al mes, que den poco pero constante. Vamos a sobrevivir porque estamos determinados por la responsabilidad que tenemos”, finaliza.

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