Ser niño en México es sinónimo de discriminación y segregación. Con la pandemia de COVID-19 la niñofobia —tendencia a no querer compartir el espacio público con niños— se incrementó y fue alentada por la industria y las autoridades.

Cindy es madre de familia de una niña de seis años y desde que comenzó la crisis sanitaria hace más de un año, se le dificulta hacer cosas básicas como pagar servicios o surtir la despensa, ya que no cuenta con apoyo para que cuiden a su hija mientras realiza este tipo de labores.

“He vivido una absoluta discriminación con mi hija para hacer cosas básicas. Habemos madres que vivimos solas, sin el apoyo de nadie y andamos con los hijos para todos lados. He tenido que dejarla solita para ir al banco que, aunque está cerca, hay filas enormes. Los bares están abiertos, parques, la gente sale a comer, pero a los niños y a nosotras las madres nos va del nabo”, comenta.

Según Cindy, además debe de tolerar en los espacio público los señalamientos de otras madres que sí cuentan con una red de apoyo y que la juzgan de “inconsciente” por dejar que su hija la acompañe.

“La vida no me permite ‘organizarme’ ya que soy una madre sola, por lo que me veo obligada a dejar a mi niña en casa y sin compañía. Eso no incomoda a nadie, pero si le pasa un accidente, cosa que le ruego a Dios no suceda, seguro seré acusada de irresponsable”, menciona.

Con las nuevas reglas de sanidad y distanciamiento social para el regreso a la “nueva normalidad”, los niños fueron prácticamente borrados del mapa y del espacio público.

Incluso, en lugares gestionados por las mismas autoridades tanto locales como federales, se prohíbe el ingreso a los niños, como en el Museo de Historia Natural de la Ciudad de México, que no permite la entrada a niños menores de 4 años o las oficinas gubernamentales y las instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).


Fui a la CFE a realizar una aclaración y el personal me prohibió la entrada con mis dos niños, me dijo que no podían pasar, que los dejara afuera. Obviamente le dije que no, que prefería no hacerla

Gabriela Dueñas

Madre de familia

La ley los protege en derechos y espacio público

La Constitución establece que en todas las decisiones y actuaciones de Estado se velará y cumplirá con el principio del interés superior de la niñez, garantizando de manera plena sus derechos.

“Los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral. Este principio deberá guiar el diseño, ejecución, seguimiento y evaluación de las políticas públicas dirigidas a la niñez”, señala el Artículo 4 de la Carta Magna.

Además, el Artículo 3 de la Convención sobre los Derechos del Niño, firmada por México, establece que en todas las medidas que tomen las instituciones públicas o privadas se debe de tener una consideración primordial para atender el interés superior de la niñez.

Al respecto, Juan Martín Pérez García, director Ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), explica que la niñofobia tiene el mismo origen que el machismo, clasismo y racismo: una sociedad profundamente patriarcal que ha sido alimentada durante años por la industria.

“Mucha gente se llena la boca diciendo que los niños son el futuro del país, que son lo más importante, pero eso no es cierto, los datos nos dicen lo contrario, hay un tema de maltrato y discriminación. Los discursos de odio contra niñas y niños van en aumento.

“Esto se ha dejado crecer y está motivado desde el ámbito comercial cuando la industria de servicios de manera perversa te cobra más por espacios libres de niños, como la industria de los restaurantes, hoteles y el sector inmobiliario con las rentas. Esto es discriminatorio porque se trata de una manera desigual a una persona por su condición de edad”, señala el especialista.

El director de REDIM agrega que cualquier niño que esté sano necesita desarrollarse a través del movimiento, el grito y el juego, por lo que no se les debe prohibir el ingreso a ningún lugar por su edad.

“La prioridad de la Constitución son los niños y está por encima de cualquier ley y de cualquier política administrativa, incluso de las empresas, por lo que si se violenta este precepto se está violando la ley y se debe de anular

“El desafío está en atender el cumplimiento de la ley, que no quede en papel, y cambiar nuestro enfoque cultural que va en contra de los niños”, agrega.


La Constitución establece que en todas las decisiones y actuaciones de Estado se velará y cumplirá con el principio del interés superior de la niñez, garantizando de manera plena sus derechos

Respecto a la estrategia de reapertura del espacio público durante la pandemia, Pérez García acusa que se realizó con una visión completamente adultocéntrica, es decir, sin pensar en las necesidades y derechos de los niños.

“El discurso de protección se desmonta y se pierde cuando se abren centros comerciales, cines y no se aperturan los juegos infantiles en parques públicos. Esa es una visión completamente adultocéntrica.

“Es un acto de discriminación contra niñas y niños porque dan por sentado que serían incapaces de atender las indicaciones. No hay ningún sustento o evidencia que nos diga que los niños no entiendan. Son cosas que iniciaron como medidas de protección y que ahora están dejando en evidencia una visión adultocéntrica y de rechazo a niñas y niños”, acusa el director de REDIM.

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