Apenas concluyó la elección de 2021 y el debate nacional ya apunta hacia la sucesión presidencial de 2024.

En parte, por la insistencia del presidente Andrés Manuel López Obrador de posicionar el tema con todo y nombres incluidos, pero también porque la oposición ha entrado en el juego, siendo que algunos aspirantes no solo se han destapado, sino que ya hasta están en campaña.

Apenas una semana después de los últimos comicios, el primer mandatario dio el pistolazo de salida de la carrera presidencial al nombrar a los que, a su consideración, eran los principales perfiles para lograr la candidatura de Morena en 2024. Encabezando la lista el canciller Marcelo Ebrard y la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, quien en el tercer aniversario del triunfo de Morena fue victoreada como “¡Presidenta!” por la militancia.

Además de Sheinbaum y Ebrard, también incluyó en la lista a Tatiana Clouthier, coordinadora de su campaña presidencial en 2018 y actual secretaria de Economía. Completó con Esteban Moctezuma y Juan Ramón de la Fuente, embajadores de México ante Estados Unidos y Naciones Unidas, respectivamente, quienes también fueron secretarios de Estado de Ernesto Zedillo. El 5 de julio, reeditó la lista para incluir a Rocío Nahle, secretaria de Energía.

Para analizar esta estrategia de dar inicio anticipado a la carrera presidencial, Reporte Índigo entrevistó a Gabriela Nava, consultora política y analista de inteligencia por el Centro de Estudios en Defensa Hemisférica William J. Perry, quien comenta que esto va acorde con el estilo personal de López Obrador, puesto que, aun siendo oposición, siempre ha marcado la agenda pública.

“Está muy alineado con el estilo de gobernar del Presidente en cuanto a definir actores y cómo se tienen que comportar esos actores entre ellos. Está estableciendo él mismo el tablero de juego, está tomando el control de la situación.


“De alguna manera es una respuesta a las bases de Morena en cuanto a la expectativa que tienen de quién va a seguir el proyecto. Por bases me refiero no a los militantes, sino a la gente que votó por ellos y todavía cree en el proyecto.”

Gabriela Nava

Consultora política y analista de inteligencia por el Centro de Estudios en Defensa Hemisférica William J. Perry

Si bien considera que es “una buena jugada de López Obrador”, también destaca el riesgo que corre al enlistar estos nombres de alto perfil con tres años de antelación. Puesto que, en el intervalo hasta las elecciones de 2024, bien podrían ocurrir otros casos como el de la Línea 12 del Metro, que resulten ser la “tumba política” de alguno de sus presidenciables.

En el mes posterior a las elecciones, López Obrador dedicó dos mañaneras a hablar sobre su sucesor en la máxima magistratura del país. En ambas ocasiones omitió los nombres de dos legisladores que ya se apuntaron para la contienda: Ricardo Monreal, coordinador de Morena en el Senado de la República, y Gerardo Fernández Noroña, quien se destapó para “La Grande” apenas fue reelecto para otro trienio en la Cámara de Diputados con el Partido del Trabajo (PT).

Monreal, quien amenazó con dejar Morena en 2018 cuando perdió la candidatura capitalina ante Sheinbaum, manifestó disgusto por esta omisión. En su columna del diario Milenio, publicada un día después de que López Obrador aseguró que ya no hay “tapados”, pidió al partido garantizar el piso parejo en la contienda interna de 2024, y advirtió del posible uso de recursos públicos.

Al respecto, José Manuel Urquijo, estratega político por la Universidad George Washington, apunta a que este es precisamente el gran reto que enfrentará Morena. Puesto que, si bien la decisión de la sucesión presidencial la tomará López Obrador como líder moral, el partido corre el riesgo de dividirse en tribus aún más marcadas al momento de definiciones entres los aspirantes.

“Al no haber este factor de unidad y empezar esta competencia interna desde ahora, pueden existir algún tipo de fracturas de aquí al 2024. Las fracturas que puedan generarse en estos tres años pueden ser determinantes para mover la balanza interna de Morena, por una parte, pero también podría ser la fortaleza de la oposición. Muy difícil, pero podría existir el caso”, dice, recordando la amenaza de Monreal en 2018 como un antecedente directo.

Urquijo también destaca que estos destapes van en línea con el estilo de López Obrador para hacer política. Explica que, al colocar tanto el tablero como a los jugadores, tendrá tres años para estudiar sus acciones. Adelanta que, para su decisión final, influirá tanto lo que hayan hecho como los extremos a los que hayan llegado para lograr su candidatura.


Las fuerzas de oposición han entrado en el juego de AMLO una vez que nombró a los posibles sucesores en Palacio Nacional

El ‘Gallo’ de enfrente en la carrera presidencial

Fiel a su estilo, López Obrador también ha especulado sobre el abanderado opositor. El 16 de junio nombró a “la esposa de Felipe Calderón”, Margarita Zavala, y a Gabriel Quadri, ambos diputados electos del PAN; Miguel Ángel Osorio Chong, actual líder de los senadores priistas; el panista Diego Fernández de Cevallos y al empresario Claudio X. González, artífice del bloque Va Por México.

Ricardo Anaya, cuyo nombre también omitió López Obrador, inició desde este año un recorrido por todo el país con miras a volver a ser candidato presidencial del PAN en 2024. Por esta razón, sorprende que, un mes después de las elecciones, el dirigente nacional del partido sumara a Mauricio Vila, gobernador de Yucatán, a la lista de prospectos.

Otro que no se destapó, sino que lo destaparon, fue Alejandro Moreno. El dirigente nacional del PRI y diputado plurinominal electo, recibió el apoyo de Cynthia López, también integrante de la bancada tricolor en San Lázaro, el 17 de mayo, por medio de un video en el que se declaró parte de la “Generación AMC (Alejandro Moreno Cárdenas)”.

Al respecto, Gabriela Nava destaca que López Obrador “está leyendo un escenario en el que, coincidimos, no hay un candidato realmente fuerte y viable en la oposición. Él está destapando a esa gente a forma de sarcasmo, como una forma de ataque a la oposición. Ciertamente también es un mecanismo de presión al PAN y al PRI porque eso generalmente despierta disputas”.

José Manuel Urquijo agrega que también combate el discurso de la oposición porque:


“Una de las principales etiquetas que han querido imponerle a López Obrador es el ser un dictador que quiere aferrarse al poder. Este mensaje particular lo que hace es desarticular ese discurso en torno al autoritarismo, al que quiera eternizarse. Mata ese fantasma de la dictadura”.

José Manuel Urquijo

Estratega político por la Universidad George Washington

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