Desde el 1 de enero del 2010, que Agustín Carstens Carstens fue designado como gobernador del Banco de México (Banxico) han sucedido momentos clave en la economía mexicana. Muchos de sus partidarios han dicho que su periodo como gobernador ha dado estabilidad y confianza a la inversión e incluso a la inflación en momentos de crisis, uno de los objetivos de la política monetaria en México en la actualidad.

Sus detractores, le han señalado la creación de impuestos como el Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU), el Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE). Así como las propuestas de aumento a los impuestos Sobre la Renta (ISR) y al de Valor Agregado (IVA), cuando fue Secretario de Hacienda entre 2007 y 2009.


Carstens deja hoy la Junta de Gobierno de Banxico para incorporarse como Gerente del Banco de Pagos Internacionales (BIS) en Basilea, Suiza. Su renuncia, fue presentada al presidente Enrique Peña Nieto desde diciembre del 2016; aunque, en un primer momento, su periodo como gobernador debió terminar en diciembre de 2015.

El ‘catarrito’

Sin duda, uno de los momentos clave fue cuando el tipo de cambio se disparó a más de 14 pesos por dólar en el año 2007, a causa del efecto financiero que colapsó luego del estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos que tuvo una repercusión a nivel mundial.

Agustín Carstens, todavía como Secretario de Hacienda, en el gobierno de Felipe Calderón, dijo en febrero de 2008 que el contagio de la crisis financiera de Estados Unidos hacia México sería un ‘catarrito’.

No obstante, ese ‘catarrito’ derivó en una devaluación de la moneda y ocasionó que bancos centrales alrededor del mundo modificaran su política monetaria.

Caída de los precios del petróleo

Ya en el sexenio de Peña Nieto, la caída internacional de los precios del petróleo tuvo un efecto negativo en el peso mexicano, el cual perdió más valor frente al dólar en 2014.

Banxico tomó la decisión de subastar más de 30 mil millones de dólares como una medida para dar liquidez al peso y equilibrar el tipo de cambio. Al ver que la subasta no era suficiente, incrementó el objetivo de la tasa de interés interbancaria a 28 días. Con ello, logró ganar terreno frente al dólar, que pasó de 19 a 17 pesos.

Por las subastas, Banxico fue criticado por economistas y legisladores de izquierda, quienes señalaban que se estaban rematando las reservas internacionales del país y que su efecto fue nulo ante la escalada de precio del dólar frente al peso.

Influencia en el recorte al gasto

Ante la caída de los precios del petróleo –en el periodo 2015-2016- y en la producción de Petróleos Mexicanos (Pemex), Carstens indicó que era necesario que la empresa productiva del Estado hiciera ajustes en su gasto.

El petróleo cayó hasta su nivel más bajo en 12 años en enero de 2016, cuando se vendía a 28 dólares por barril, siendo este producto la base del 30 por ciento del presupuesto federal.

La recomendación del gobernador de Banxico no fue ignorada y Pemex tuvo que hacer recorte de personal y reducir su presupuesto, lo que derivó en un ajuste por 100 mil millones de pesos.

No solo en Pemex tuvo una influencia para los recortes en el gasto. Cuando Luis Videgaray Caso era secretario de Hacienda, Carstens insistió en que era necesario hacer recortes al presupuesto, debido a que en solo un año, el tipo de cambio pasó de los 14 a los casi 17 pesos por dólar.

El argumento de Carstens fue que el Banco de México no podía con todo, luego de intentar con las subastas y la elevación de la tasa de interés. Al final, Videgaray tomó la palabra del gobernador del Banco e hizo su parte para que se recortaran 70 mil millones de pesos al presupuesto para el 2017.

El efecto Trump

El triunfo inesperado de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos, surtieron un efecto inmediato en los mercados. En minutos, el precio del dólar se disparó a niveles de más de 20 pesos.

En semanas posteriores, el precio del dólar fue disminuyendo y Carstens, quien había calificado este efecto como “la tormenta Trump”, dijo que esperaba que no se convirtiera en un huracán, pues una vez que asumiera el cargo, muchas de las cosas que dijo podían no llevarse a cabo.

‘Gasolinazo’ e inflación

El anuncio del gobierno federal al final del 2016, del incremento de las gasolinas en hasta un 20 por ciento, generó protestas y desconfianza en la sociedad mexicana, que esperaba con este aumento una escalada en los precios de diversos productos y servicios debido a la inflación.

A mediados de enero, Carstens determinó que Banxico no iba a combatir las desviaciones esperadas en la inflación con medidas como el incremento a las tasas de interés de referencia.

Reconoció que la inflación se elevaría, pero que Banxico tenía el objetivo permanente de inflación de 3 por ciento con un margen de variación de hasta 4 por ciento.

En contraste con las declaraciones de Carstens, el Banco de México no pudo hacer nada, pues en la primera quincena de enero, la inflación se ubicó con el mayor incremento en cuatro años, que fue de 4.78 por ciento, impulsada principalmente por el ‘gasolinazo’.

De ahí, hubo récords en inflación, como en el mes de septiembre, en donde la inflación llegó a un 6.6 por ciento, la más alta en 16 años.

Carstens, deja el cargo este 30 de noviembre, luego de que el día de ayer, la Secretaría de Hacienda y la Comisión Reguladora de Energía dieran a conocer la noticia de que se liberarían los precios de las gasolinas en todo el país. Aunque argumentan que no significa un nuevo ‘gasolinazo’ la incertidumbre y desconfianza vuelven a rondar los bolsillos de los mexicanos.

Alejandro Díaz de León, miembro de la Juntas de Gobierno del Banxico tomará su lugar, luego de ser designado por el presidente Enrique Peña Nieto.